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Política / 13 de marzo de 2019

Seis años de Francisco: la Iglesia argentina le pide que visite el país

En el sexto aniversario del Pontífice, los obispos locales le mandaron su afecto y volvieron a pedirle que vuelva al lugar donde nació.

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El sexto aniversario del pontificado de Francisco coincidió con la 117ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina. Desde allí, todos los obispos le enviaron una carta al Papa, mandándole su saludo afectuoso y recordando un tema espinoso entre la relación de Bergoglio y Argentina: “En nuestro próximo encuentro le propondremos una vez más que no se prive de la alegría de visitarnos.

En el texto que envió la Conferencia que conduce el obispo de San Isidro, Oscar Ojea, le agradecen a Francisco su “ministerio de Buen Pastor” y piden que “Dios lo bendiga”. Además, sacan pecho de la localía de Francisco: “No podemos dejar de decir que todo esto se da en un Papa bien argentino, con su picardía, buen humor, chispa y salidas que lo identifican, inventando palabras o frases a cada rato”. “Rezamos por usted y le renovamos con afecto nuestra adhesión filial”, concluyen, en la carta que firmaron desde Pilar.

(Leer también: Con seis años de Vaticano, Francisco sigue exorcizando a Bergoglio)

Texto completo del mensaje

Hoy, 13 de marzo, celebramos el sexto aniversario de la elección del papa Francisco y es la ocasión para dar gracias a Dios por lo que nos ha regalado en él.

Hablar del Papa, después de Jesús y la Virgen, toca la médula de la Iglesia católica peregrina. Falta poco para que los obispos viajemos a Roma a la tradicional visita, y en nuestro Jorge Bergoglio iremos a ver a Pedro.

Nos admira reconocer en su persona una austeridad ejemplar, una laboriosidad incansable, disponibilidad constante, muchos detalles y delicadezas con tantas personas y situaciones que afloran en su memoria espontáneamente. Nos contagia su paz y fortaleza en medio de grandes desafíos, como el doloroso drama de los abusos. Posee una mirada que va más allá de lo inmediato y sabe decir una palabra iluminadora frente a muros que muchas veces nos detienen. Sabe innovar con audacia sin descuidar el respeto por las personas.

Sus enseñanzas se encarnaron en tantos gestos y palabras que no dejan de conmovernos, ya desde aquel primer viaje fuera de Roma a la isla de Lampedusa, cuando abrazó la humanidad “descartada” de los migrantes africanos, sobrevivientes del Mediterráneo. Esta opción por los más pobres se plasmó en diversas obras de misericordia como en los cordiales almuerzos con los indigentes de Roma; o acudiendo a las cárceles, hogares de rehabilitación y a tantas periferias existenciales, que son una prioridad en sus viajes misioneros.

Como referente mundial propuso un diálogo claro, manso, confiado y prudente, acercando a los interlocutores más diversos. Puso alegría en la Iglesia, la alegría del Evangelio, porque en definitiva nos invitó a volver la mirada a lo esencial: el Padre Dios que nos ama, el Cristo vivo que nos salva. Nos sumergió en el gran río de la misericordia y renovó el entusiasmo misionero del Espíritu Santo. No podemos dejar de decir que todo esto se da en un Papa bien argentino, con su picardía, buen humor, chispa y salidas que lo identifican, inventando palabras o frases a cada rato.

Frente a la audacia de sus sueños y deseos, muchas veces nos quedamos cortos, sencillamente, porque nos cuesta seguirle el paso.

Imaginamos el gozo que tuvo Francisco cuando decidió la canonización del Santo Cura Brochero, la beatificación de Mama Antula y la de los Mártires Riojanos. En nuestro próximo encuentro con él, le propondremos una vez más, que no se prive de la alegría de visitarnos.

¡No nos olvidemos de rezar por él!