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Política / 17 de abril de 2019

Los negocios de la familia Samid

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Luego de la fuga en Belice, Alberto Samid llegó esposado el miércoles 10, a la mañana, a Comodoro Py.

Argentina siempre se vanaglorió de ser el mercado de carne del mundo entero. Alberto Samid, a su vez, saca pecho desde hace décadas de ser el más grande productor de ese producto que distingue a este país por sobre todo el resto. Y como buen cristiano y descendiente de inmigrantes árabes, el matarife, hoy detenido y contra las cuerdas en la Justicia, no construyó su imperio por sí sólo: tuvo un apoyo clave de toda su familia, que él correspondió con el amor de un padre atento que pagó una educación privilegiada, años de clases de equitación, viajes al exterior, y también una activa participación de sus hijos y de su esposa en sus diversas empresas, varias investigadas por la Justicia. Todo queda en familia.

Lazos. Los Samid siempre fueron muy cercanos. Alberto, el cacique, mamó esa cultura familiera desde bien pequeño, por herencia de su padre sirio, Khalil, y de Nélida, su mamá. Y cuando él conoció a Marisa Scarafia, en 1980, tomó dos decisiones: la primera, que ella iba a ser “su mujer durante toda la vida”, y la segunda, que la tradición de los Samid no se iba a perder con el tiempo.

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En ese sentido, el detenido empresario tuvo éxito. José Alberto, su homónimo hijo de 27 años, que prefiere que lo llamen “Junior”, es tan cercano a él que hasta viajó a Belice a ver a su padre preso. Fue él quien, ante las cámaras que se acercaron, tomó la palabra para cuidar a Marisa. “Estoy preocupado por la salud de papá”, contestó ante la prensa local. La relación entre el carnicero y “Junior” está marcada por la genética: Samid, como hizo su padre con él, y antes su abuelo, designó a su único descendiente varón como su sucesor en el negocio vacuno. En el 2014, cuando el varón tenía sólo 22 años, el hombre que se trenzó a trompadas con Mauro Viale lo puso ante un desafío clave: lo nombró al frente del local de La Lonja, la carnicería de Samid, en Cañuelas.

No es la única empresa en donde su padre le dio un cargo: es también el presidente de Plomer SA, El sol y la luna SA, Green Protein Argentina SA, y director suplente, junto a su madre, de Mirazul SA y de NEA SA, y hasta mitad del 2018 fue presidente de El Fuego y el Agua SA. Todas relacionadas al negocio bovino.

Por ahora “Junior” no tiene problemas con la Justicia, salvo el antecedente de Green Protein en el 2013, cuando la AFIP intimó a Samid a pagar una deuda de más de medio millón de pesos. En cambio, la causa por la que detuvieron al matarife, en la que también está procesada su hermana Alicia, es por una millonaria evasión de impuestos pero de 1998. Samid empezó a nombrar a sus hijos en el directorio recién diez años después.

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Ellas. “Junior” comparte varias cosas con sus tres hermanas. Todos estudiaron en el exclusivo colegio Ward, en Villa Sarmiento, Buenos Aires, bilingüe y cristiano. Todos, también, se criaron en una coqueta casa en Ramos Mejía, en la que su padre mandó a instalar una pequeña pileta, un quincho vidriado con fotos de Perón, Menem y él mismo. También toda la tropa, como manda la tradición, trabajó en La Lonja. No es lo único: con María Belén, de 31 años, recibida como despachante de aduana, comparten la pasión por la equitación. Su hermana mayor, directora suplente de otra sociedad de ganado bovino de su padre, Muu SA, es sin embargo la que más se destacó en ese deporte: entre el 2014 y el 2016 ganó varios premios en las competencias nacionales de salto. El 30 de agosto del 2015 tuvo su gran éxito: salió segunda en el rango de los 0.80 metros.

Las hermanas también tienen varias cosas en común. El nombre es una: todas se llaman María. La más grande, María del Sol, de 33 años, tiene también su propia vocación: se recibió de licenciada en “gestión e historia del arte” en la Universidad del Salvador, y trabajó de coordinadora en la prestigiosa galería de arte contemporáneo Wussmann. Ahí demostró el gen peronista que heredó: en el 2007 organizó una “subasta popular”, donde el 50% de lo recaudado se donó a los “sin techo”. Esa expertise la trasladó al negocio familiar: diseñó los locales de La Lonja de Belgrano y Las Cañitas, los más top de los 30 que llegó a tener Samid, y también ideó la decoración de un exclusivo centro de estética en Puerto Madero, “The Nails Bar”.

María Luz, la más pequeña, es la niña mimada de sus padres. No sólo es la única que no tiene ningún cargo en las empresas de su padre -algo que en el futuro podría ser muy beneficioso a nivel legal-, sino que es la que mantiene el perfil más bajo. Como todos los Samid, es muy familiera. El ADN se lleva en la sangre, y en la carne.