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Showbiz / 8 de mayo de 2019

Featuring: cuando la colaboración se convierte en necesaria para hacer un hit

Las duplas se volvieron una norma dentro del mercado discográfico. La necesidad de sumar a los fans del otro y abrir nuevos mercados.

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Maluma con Madonna (en "Medellin").

Una mirada atenta lo revela y el análisis lo confirma: en los últimos años la música se ha vuelto quizás, más colaborativa que nunca. Y el fenómeno del feature parece ser la nueva norma de una industria que avanza cada vez más rápido, a la velocidad de los datos.

Para hacerlo sencillo: un feat es el resultado de dos –o más- músicos en mancomunión creativa, donde uno -el creador del track- invita a otro a colaborar en su canción. Lo hizo Queen con David Bowie en “Under Pressure”, lo hicieron Los Beatles con Eric Clapton.
Y si bien, evidentemente, no es un fenómeno nuevo, sí es una obsesión de estos tiempos: de las cien canciones más escuchadas de la historia de Spotify, 42 son colaboraciones. Y seis están dentro del top ten.

“En este momento, seguramente debido a la forma de consumo relacionada a las plataformas digitales, el consumo de colaboraciones se hizo más grande”, comenta Ángel Del Re, co-director de la empresa 432 Hertzios, especializada en marketing y comunicación musical.

Soledad Rodríguez Zubieta –una de las curadoras musicales más importantes del ambiente, destacada por su capacidad para encontrar lo nuevo- coincide: “Creo que tiene que ver básicamente con la tecnología. Hoy se hacen singles, los álbumes quedaron relegados como formato. Eso implica un montón de cosas: un artista que publica un single se juega mucho más que con un álbum, porque tiene que llamar más la atención.

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La colaboración es una forma sencilla de hacerlo sin tener que apelar a mucha creatividad artística”. Y en la discusión sobre tecnología y hábitos de consumo, siempre debe surgir la madre del gran cambio: “la cuestión de la colaboración es muy de las redes sociales: si colaboramos nos vamos a nutrir entre nuestros seguidores”.
Y allí Zubieta da en el clavo: en la obsesión digital, la cuestión del cruce de audiencias es el gran tema, la idea fija del que busca expandir su universo de representación. Así lo confirma Del Re: “El featuring claramente es una forma de trabajar en las plataformas. Es una buena manera de hacer girar tu música en Spotify porque el algoritmo te cruza con nuevos oyentes”.

Aunque Del Re aclara que “esto no significa que sea una receta mágica para el éxito”, al menos da una certeza: quizá no sea mágica pero sí es una receta. Y entonces, claro, la industria la aprovecha.
Desde sus oficinas en Santa Mónica, California, Bob Lefsetz, prodctor estrella, da respuestas escuetas pero conceptos claros. Porque de esto sabe: es considerado uno de los grandes gurúes del marketing musical en todo el mundo. Sobre el tema, dijo a NOTICIAS: “Los featurings son una cuestión de negocios, se trata sobre hacer dinero”.

Resultaba evidente, el fanático no quiere creer. Prefiere confiar su imaginación, más pura y libre. Prefiere pensar que se trata todo de una gran búsqueda musical, prefiere imaginar las charlas apasionadas de dos músicos en búsqueda de la perfección. Y aunque la realidad parece ser distinta, vale la pena preguntarlo: ¿las colaboraciones son una búsqueda artística o una necesidad comercial?

Sumar. “Ambas partes son importantes. A uno le puede servir artísticamente y al otro comercialmente. Nadie pierde cuando se hacen colaboraciones” dice Omar Varela.

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Y él conoce el tema desde adentro: con su producción en Mueva Records se ha transformado en uno de los grandes motores de las novedades musicales al llevar al trap made in Argentina al resto del mundo. “Se trata de experimentar, de variar, ver qué se le puede poner de original a un tema. Si bien los artistas pueden ser solistas, juntos pueden armar algo más copado”, comenta él, que recién superó los 20 años.

Nacido y crecido en la lógica de las redes sociales, la idea de que juntos es mejor reafirma el auge del featuring como un desprendimiento de la digitalidad. Y entonces, frente a la pregunta, recupera la búsqueda de los músicos jóvenes por sobre la intención de mercado: “generalmente los artistas hacen colaboraciones porque quieren trabajar con otros músicos o porque le gusta la música de ese artista”.

Y entonces, más allá de todo ranking, al margen de las playlist de las canciones más calientes y los feats más escuchados, sólo una cosa importa: “yo creo que para que una buena colaboración sea efectiva tiene que partir de una buena canción. El contenido es el rey, siempre” afirma. “Un artista famoso puede juntarse con otro que no lo es y hacer la colaboración porque va a salir algo copado, pero lo importante es que la canción esté buena sin importar quién la haga”, sigue.

En la lógica de Lefsetz, las cosas son distintas: porque en el mundo de los números, un buen solo de guitarra, una estrofa metida en el momento exacto o las rimas improbables pero necesarias que se cuelan por los parlantes son solamente un bien buscado si se pueden vender. Entonces, la música y las colaboraciones, en definitiva, son lo de menos: “las audiencias son lo más importante, los fans lo son todo. Ellos son los que pagan por la música”.

Del Re, sin embargo y aunque forme parte del negocio, entiende el panorama: “el grado especulativo existió siempre, desde que la industria es industria”, comenta.

Aunque abre una luz para la conciliación: “creo que tanto puede jugar el efecto especulativo como se puede aprovechar la parte creativa”.

Y en la búsqueda por ese equilibrio, la obsesión por el éxito suele inclinar la balanza. Los featurings, para los grandes artistas, a veces son el camino fácil para saciar ese deseo. “Me da un poco de pena cuando se privilegia el éxito, porque siento que así se empobrecen las búsquedas artísticas. Lo importante es tratar de hacer algo, aunque sea buscando el éxito comercial, pero con una búsqueda artística por detrás”, suma Rodríguez Zubieta sobre esos casos. Pero más tarde aclara: “todo lo que sea búsqueda es válido y está bueno”.
Escenario. En el último tiempo, una serie de eventos gratuitos han sacado del estudio la obsesión por la colaboración y la han llevado al centro del escenario.

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Movidas como el homenaje a Virus en el Estadio Único de La Plata, Soledad Pastorutti y los Socios del Rock o el homenaje a Luis Miguel de Ciudad Emergente aportaron una nueva forma interesante de concebir el featuring: como un evento único e irrepetible en el que músicos de escenas diversas se juntan con un fin común. Un fin artístico.

Ana Poluyan es manager de Los Pericos y organizadora de los eventos en cuestión. Al respecto, explica: “el año pasado con el festival Ciudad Emergente tratamos de hacer todos cierres de colaboraciones, llevando a artistas consagrados y sacarlos de su zona de confort”.

El contexto, como siempre, determina la búsqueda. Y, en este caso, lejos está de ser comercial: “Al ser escenarios públicos nuestra búsqueda es no salir a competirle al productor privado. No hacer eventos que puedan verse en otros lados”.

Y para recuperar algo de la fantasía, su testimonio aporta esperanza al romance perdido: “En esas situaciones los músicos se divierten un montón. Son artistas súper consagrados que tocan siempre las mismas canciones desde hace años, es como sacarlos de la rutina”.
Y sus palabras aportan un nuevo concepto, un punto más en la falsa dicotomía entre arte versus negocio: lo que pasa en las colaboraciones no es sólo un valor para el ahora sino un aporte a futuro: “cuando pasás tiempo con colegas y colaborás con ellos te nutrís un montón, porque aprendés otros modos de hacer las cosas, desde musicales hasta personales”.

Siempre la clave está en la coyuntura: el mercado le impone condiciones a la música desde hace ya mucho tiempo. La caída del disco, el crecimiento del simple, el auge del featuring: todos son fenómenos propios de un tiempo de cambios. “Lo importante para un artista es tener claro el marco de referencia en el que se juega y tomar decisiones a conciencia”, explica Del Re respecto a aquel momento clave: cuando el joven entusiasta deja de tocar la guitarrita para convertirse en músico, con todas las letras.
“Los músicos son cada vez más conscientes de eso. Solamente dedicarte a hacer música sin encargarte de todo lo demás está otro plano de la creación” cierra él. El por qué, como siempre, parece ser lo más importante. En la industria será por el negocio, en el arte será por el placer. Y aunque las modas siempre pasen, esta vez, un buen concepto podría perdurar: la idea de que juntos es mejor.

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