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Opinión / 26 de mayo de 2019

Qué vuelva Néstor

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El 25 de mayo del 2003 Eduardo Duhalde le entrega el poder a Néstor Kirchner, quien gobernará el país hasta el 10 de diciembre del 2007.

Mucho han escrito filósofos y psicoanalistas sobre la repetición, la diferencia y el recuerdo. La operación mental para procesar la extraña lógica del devenir temporal es complejísima, mucho más si se trata de la memoria colectiva. Cualquier político con aspiraciones de eternidad, o al menos de longevidad, tiene que saber manejar ese delicado mecanismo al límite de la manipulación, no sólo de la conciencia histórica de los demás, sino de la propia: allí reside su ventaja sobre el resto, pero también la trampa que lo pone ante un abismo personal delirante.

El peronismo se viene aferrando a ese ritornello identitario desde su nacimiento. Cada vez que toma impulso para la (re)conquista del poder, lo hace invocando su pasado de gloria, pero con un resto “autocrítico” que le sirve para hacer pie en el presente, decretando su propia amnistía inapelable en las narices de sus oponentes de turno. El debate sobre la sinceridad (recordar el título del best seller de Cristina Kirchner) del aggiornamiento que cada peronista anuncia antes de regresar no lo desgasta: al contrario, ese ruido le da impulso mientras aturde al resto.

Por eso el retorno de Perón, la renovación peronista, el plan de la re-re menemista, la alternancia del matrimonio Kirchner, el “vamos a volver” neocamporista, y ahora los guiños de Cristina a un doble pasado económico: el pacto productivo del ministro Gelbard y los superávits gemelos de Néstor Kirchner, supuestamente garantizados por el negociador Alberto Fernández. Los De Vido quedarán como un mero detritus histórico que pisarán los sobrevivientes en su camino al poder.

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Esa misma operación la intentó Menem en 2003, cuando gana en primera vuelta al resto del peronismo atomizado. Con una mano alimentaba la nostalgia por el “uno a uno” y con la otra acariciaba la heterodoxia de emergencia instaurada por el presidente provisional Duhalde. La corrupción -prometían sus operadores- sería cosa del pasado: Carlos era otro y el mismo. Casi le sale, pero no se le ocurrió, o no se animó, a ir como vice.

*Editor Ejecutivo de NOTICIAS.