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Opinión / 24 de agosto de 2019

La biopic de Tévez: marginalidad pochoclera

Ahora la pobreza se mira desde la cama con todos los condimentos del espectáculo. Fuerte Apache on demand y el refuerzo de estereotipos sociales.

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Sofía Gala en "Apache"

Pochoclos, sillón y poné play. Esta vez, la propuesta de Netflix no es una serie producida afuera, hablada en un español tan cerrado que, a veces, resulta inentendible. Ahora vamos con una de argentinos y de acá a la vuelta: Fuerte Apache on demand, la vida de Carlitos Tévez, llevada a la pantalla chica.

Parece que meterse en los pasillos de la marginalidad y mostrar la cultura de los suburbios es una temática que rinde para las grandes productoras. La historias de Luis “El Gordo” Valor y del Robo del Siglo, “El Marginal” y ahora la biopic de Tévez, contadas para todo público por supuesto, así lo demuestran.

Como en el neorealismo italiano de la posguerra, los productores echaron mano a los vecinos de Fuerte Apache para que hicieran de extras y le dieran la dosis justa de conurbano que necesita la trama, ya que muchos de los que filmaron durante cinco meses en el Nudo 1 de esta mole de cemento, probablemente, jamás hayan salido de Palermo Soho.

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Gran idea la de ofrecer trabajo a la gente del lugar y de abrir una perspectiva de inclusión social. Pero la puesta en escena y los guiones fallaron, pese a las buenas intenciones que pudieron haber existido de mostrar una realidad dolorosa. Las crenchas exageradas de Sofía Gala, que hace de madre biológica de Carlitos, y la forma en la que habla, una especie de lunfardo cool impostado, no hacen más que abonar estereotipos sociales.

Me comentaron pibes de la villa con los que hablé para esta columna: “Nos ridiculizan. Usan palabras que no saben cómo se utilizan en nuestra jerga. La mayoría de los personajes son malos y sucios”.

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Es que debe ser difícil escapar a los algoritmos de Netflix. La marginalidad nacional es el equivalente a las series colombianas de narcos que tan adictivas resultaron para las audiencias globalizadas. Nada distinto a la fórmula del éxito que descubrió Hollywood, allá y entonces: sexo, violencia, drogas y un toque de emoción, en este caso, la historia de superación personal de Carlos Tévez. Porque, a diferencia del neorrealismo italiano al que inspiraba un ánimo de denuncia, hoy la pobreza es un espectáculo que se mira comiendo pochoclos desde la cama.