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Sociedad / 5 de septiembre de 2019

Cuando la marginalidad genera buen rating

“El Tigre Verón”, “El Marginal 3” y “Apache” muestran pobreza en Tevé. ¿Por qué vende esta temática? Debate por los estereotipos.

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La fórmula está probada y da los mejores resultados. Las series que buscan acercar el mundo de la marginalidad a la audiencia son furor y, en las últimas semanas, robaron toda la atención del público. “El Marginal 3” llegó a su fin el martes 27 y se volvió tópico de comentarios en redes, habiéndole aportado a la TV pública niveles inauditos de rating. “El Tigre Verón” se consagró como la serie nacional más vista del año en Flow —la plataforma en la que se emite— con casi dos millones y medio de visualizaciones. Y “Apache”, la biopic de Carlos Tévez, es la serie estrella de Netflix por estas semanas. Pero como en todos los éxitos, la polémica estaba al pie del cañón esperando para ser encendida. Este tipo de producciones abren debates sobre el sentido que construyen a nivel social. ¿Refuerzan estereotipos o sirven para mostrar un mundo que suele estar invisibilizado?

Sin ir más lejos, el sindicalista Hugo Moyano denunció a Pol-ka por “El Tigre Verón” y Julio Chávez, quien la protagoniza, pidió disculpas si “hería la susceptibilidad de cualquier sindicalista”.

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“A la hora de retratar a los de abajo los nombres de las producciones varían pero determinados tópicos se reiteran una y otra vez. Este mecanismo estrictamente ideológico suele pasar desapercibido. O se finge ingenuidad”, escribió César González, director de cine y escritor. Habla con conocimiento de causa. Antes de su vida como cineasta, tuvo otra totalmente distinta. Nacido en una familia muy pobre, con un padre alcohólico y violento y una madre adolescente, a los 14 años entró en el camino del delito y pasó cinco años en prisión. “Ojalá algún día se pueda vencer el morbo, el fetichismo y los mecanismos de lo bizarro a la hora de representar la marginalidad. Ojalá algún día se den cuenta que estos temas son demasiado serios y chorrean litros de dolor para traducirlos siempre con la lengua del show”, sentenció.

La clave del éxito. Una certeza que se traduce en números de rating y visualizaciones: este tipo de series funciona y cautiva al público. Adriana Amado, analista de medios, explica el por qué: “Se ocupan de un tema que no solía estar en la televisión. En un momento en donde no queda nada sin tocar, y donde cada vez es más difícil competir por la atención, empiezan a desarrollar aquello que no es conocido. Creo que por eso mismo, y porque nosotros entendemos bastante poco la marginalidad, nos atrapa mucho”. Sin embargo, surgen debates acerca de cómo muestran esa marginalidad. El periodista Jorge Rial fue uno de los que planteó la polémica en Twitter: “¿Cuándo van a hacer una ficción sobre un empresario garca, mujeriego, que se la pasa de joda, le paga a las modelos para hacer de novias y negrea a los trabajadores?”, escribió.

Luis Esteban Cicalese, sociólogo y profesor de la UBA, entiende que justamente estas series triunfan porque le dan a su público —que tienen muy bien identificado: es, en su mayoría, de clase media— los estereotipos que buscan. Según explica, al tratarse de una mercancía, no intenta ser disruptiva con respecto a las concepciones que ese sector tiene del preso y la pobreza. “Hay que pensar cómo se construyen las identidades para entender por qué los sectores medios consumen con tanta actividad estos productos. Los grupos sociales construyen sus identidades por oposición. La clase media en la Argentina se reconoce por adherir a ciertos valores culturales. De alguna forma estas series lo que hacen es alimentar esa creencia, porque muestran lo opuesto. Yo miro “El Marginal”, y me siento todavía más clase media porque veo ese otro que tiene valores muy distintos. Que vive del delito, que vive vendiendo droga, que vive robando por la calle, que se dedica a vivir en y de los márgenes de la sociedad, que no le interesa ser aceptado, que tiene una sexualidad que no está regulada por la normativa vigente”, explica Cicalese.

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Negocio. A pesar de las críticas y debates que puede generar a nivel social, cumplen con su función: el entretenimiento. “Son productos muy bien hechos. Desde el punto de vista del espectáculo es fantástico. Ahora desde el punto de vista social es cuestionable”, señala Cicalese. Amado, por el contrario, concluye: “Los productos con criterios comercial de gran llegada son mucho más efectivos a la hora de plantear una discusión que el tratamiento de las series de culto que ya daban a la marginalidad con una mirada hasta paternalista o maternalista. Ahora, las productoras encontraron una veta ahí. No es que de pronto les agarró conciencia social. Entendieron que había audiencia ahí y empezaron a producir”.