Martes 2 de junio, 2020

CIENCIA | 21-05-2020 15:17

El marketing de las vacunas contra la enfermedad Covid-19

Qué hay detrás de los anuncios espectaculares que alientan esperanzas. Intereses económicos y políticos y la necesidad de estar más alertas que nunca. Los tiempos de la ciencia.

Es difícil pasar una semana sin tener alguna novedad respecto de alguna potencial vacunas contra el coronavirus causante de la enfermedad Covid-19. Abril fue un caldero de noticias, en el que parecía que la vacuna ya estaba en nuestras manos: desde la empresa Moderna en los Estados Unidos, desde la universidad de Oxford (y su asociación con un laboratorio del país del norte), desde Israel. Difícil fue distinguir la paja del trigo y así llegamos a casi fines de mayo con una verdad un poco más manejable. Aunque sigue siendo difícil distinguir qué es real y qué, en el fondo, un gran movimiento de marketing y promoción para obtener fondos.

Es que los laboratorios farmacéuticos, los centros de investigación académica y las empresas de biotecnología están recibiendo dineros estatales (estadounidenses, sobre todo) y algunas ven crecer el valor de sus acciones en el mercado con cada anuncio promisorio que hacen. Hoy la novedad es que el laboratorio AstraZeneca recibió 1.200 millones de dólares de la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado de los Estados Unidos. Esto, en el marco del desarrollo, producción y entrega de una vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2 que el laboratorio está trabajando en asociación con la Universidad de Oxford y que, aseguran, estaría disponible a partir de setiembre con 400 millones de dosis. El desarrollo, según el laboratorio, incluye un ensayo clínico de fase 3 con 30.000 participantes. El Reino Unido ya aportó para este proyecto 79 millones de dólares. 

Pero, un detalle: todo esto se está hablando mientras no hay resultados a la vista. El mes pasado, AstraZeneca comenzó a probar su vacuna en un ensayo de Fase I / II que involucra a alrededor de mil voluntarios de entre 18 y 55 años en cinco lugares de Inglaterra. Los datos del estudio estarían para fines de mes y la empresa espera pasar a ensayos más avanzados a mediados de este año. 

La apuesta del gobierno de Donald Trump es acelerar la disponibilidad de 300 millones de dosis de vacunas para los Estados Unidos, en caso de que la hipotética vacuna demuestre ser segura y efectiva. La medida es parte de la "Operación Warp Speed" de Trump para expandir la producción de vacunas en los EE. UU., su gobierno ya está invirtiendo en la vacuna de la empresa Moderna, que hace una semana salió a asegurar, a través de una declaración de sus directivos, que los ensayos de fase 1 le habían dado buenos resultados. 

Moderna fue el primer laboratorio en comenzar ensayos clínicos de fase 1 para su vacuna basada en ARN, es decir, en tecnología que le da instrucciones genéticas al organismo para producir por sí mismo anticuerpos contra el virus. En el caso de Moderna, el gobierno estadounidense prometió 483 millones de dólares. Moderna asegura  que podría comenzar las pruebas clínicas de fase 2 en junio, y las de fase 3 ya entre julio y agosto. Sin embargo, los primeros aplausos se entibiaron rápidamente, y no porque la empresa no tenga aún ningún producto en el mercado ni sus acciones hayan subido un 35%, valiendo actualmente 29.000 millones de dólares. Sino por los resultados obtenidos que no habrían sido comentados por la empresa. 

Moderna informaba el lunes 18 de mayo que su vacuna había demostrado ser “segura y bien tolerada en general” por 45 personas sanas en una primera prueba con seres humanos. El prototipo de la vacuna de Moderna generó, de acuerdo con los informes dados a conocer por el mismo laboratorio, niveles de anticuerpos neutralizantes (defensas del organismo que bloquean el virus e impiden que infecte a las células) similares o mayores que los de la sangre de los pacientes que superaron la enfermedad. Además, ensayos hechos con ratones de laboratorio a los que se vacunó y luego infectó con el coronavirus SARS-CoV-2, mostraron que los animales habían recibido una “protección completa”. Con ambos resultados, la empresa recibió el aval por parte de las autoridades sanitarias de los Estados Unidos para avanzar con pruebas clínicas de fase II que, esta vez, se harán sobre una población mayor: 600 personas.

Sin embargo, al día siguiente ya había algunos peros. De acuerdo con expertos consultados por la respetada publicación especializada STAT, hay señales equívocas en cuanto al éxito. Por un lado, que el el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, de los Institutos Nacionales de Salud, NIH, de los EE.UU.), socio de Moderna en el desarrollo de la vacuna, no hayan dicho absolutamente nada respecto de los resultados. Una segunda crítica, o mejor dicho, motivo de suspicacia, es que el ensayo de fase 1 incluyó voluntarios sanos de entre 18 y 55 años, pero no se desconoce la edad exacta de las personas que produjeron anticuerpos contra la enfermedad. 

Finalmente, está el hecho de que el laboratorio informó resultados sobre solo 8 de los voluntarios que participaron del ensayo clínico, mientras que el total de los mismos fue de 45. ¿Qué sucedió con los otros 37? La sospecha es que “Moderna reveló los hallazgos de ocho sujetos porque eso es todo lo que tenía en ese momento”. 

Apuro. Marketing puro. 

En el caso de AstraZeneca, un artículo publicado en un sitio en el que se dan a conocer trabajos de preimpresión (es decir, sin revisión por parte de pares científicos) sugiere que los resultados de los ensayos en monos indicarían que la vacuna solo puede ofrecer "protección parcial", según William Haseltine, ex profesor de la Harvard Medical School y la Harvard School of Public Health.

Esto es apenas una demostración de la tremenda carrera que están corriendo los laboratorios, teniendo en cuenta que el desarrollo de vacunas suele llevar, en promedio, al menos siete años (de 10 y hasta 15) en tiempos normales. Pero una pandemia no es algo normal, y mucho menos la que nos aqueja en estos momentos. Detrás del desarrollo de las vacunas hay mucho más en juego que salvar la vida de personas. Hay mucho dinero, mucho marketing y el futuro del poderío político y económico de dos potencias: Estados Unidos y China.

Y es que en estos momentos hay 118 candidatas vacunales inscriptas en la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayoría de las cuales no llegarán a ningún puerto. Ocho son las que ya comenzaron ensayos en seres humanos. Además de la de AstraZeneca/Oxford y Moderna, cuatro de origen chino van a la vanguardia, aún cuando poco sepamos de ellas en Occidente.

En medio de una especie de guerra científico-diplomática-económica, el Ministerio de Relaciones Exteriores y expertos de China criticaron los rumores estadounidense de que piratas informáticos y espías chinos están tratando de robar sus materiales de investigación para el desarrollo de vacunas y medicamentos para la enfermedad Covid-19, diciendo que los dos países están desarrollando productos diferentes y que China está al frente, en lo que a vacunas se refiere. 

En China, tres son las vacunas inactivadas (utilizan la versión muerta del germen que causa una enfermedad) y una recombinante (emplean partes específicas del patógeno) que están en ensayos clínicos. Las primeras ya atraviesan la segunda fase, y una de ellas, desarrollada por Sinovac Biotech, una compañía con sede en Beijing (según declaraciones de su presidente, Yin Weidong) comenzará la producción piloto en julio. Las otras tres candidatas con ensayos en humanos son: una del ejército chino en colaboración con CanSino Biologics Inc., con sede en Tianjin, y dos del grupo estatal China National Biotec Group Co. 

Poco sabemos en Occidente de las vacunas de origen chino, a excepción de la OMS, que la tiene en su fixture oficial y avala la información dada por los científicos asiáticos. Sin embargo, China también está cooperando con socios extranjeros en el desarrollo de vacunas y medicamentos, incluidos el Reino Unido y Alemania.

Inovio Pharmaceuticals, una pequeña empresa de biotecnología, inició el ensayo clínico de fase 1 para una nueva vacuna de coronavirus basada en ADN a principios de mayo. Actualmente tiene un 255% de aumento en su rendimiento anual, cuando durante el año 2019 recibió sólo 4 millones de dólares de ingresos. 

Novavax, que se enfoca en vacunas para enfermedades infecciosas, tiene un candidato vacunal (de nombre NVX-CoV2373) que, aseguran, demostró efectividad contra el coronavirus en ensayos preclínicos. En estos momentos, anda por un 440% de rendimiento anual, aún cuando la empresa no tiene ningún otro producto en el mercado, además de una vacuna contra la gripe que se encuentra en las últimas etapas de desarrollo.

El gigante farmacéutico Johnson & Johnson anunció que estaría iniciando los ensayos de fase 1 para su vacuna contra el coronavirus en septiembre de 2020. A diferencia de las anteriores, no tuve grandes saltos en el precio de sus acciones y no ha hecho anuncios impactantes pero sí cuenta con experiencia y una capacidad de producción y distribución mucho más amplia. 

Sanofi, centro de peleas entre los Estados Unidos y Francia porque Donald Trump le ha pedido (a cambio de una financiación de 30 millones de dólares) que las primeras dosis de la potencial vacuna anti Covid-19 sean para la población de su país, unió fuerzas con GlaxoSmithKline. La empresa alemana BioNTech y la estadounidense Pfizer comenzaron el 23 de abril a probar otro candidato a vacuna similar en un muy pequeño grupo de personas en Alemania. 

En un contexto como el actual, hay que ser más precavidos que nunca antes. Ya es llamativa la velocidad con la que corren los hallazgos y desarrollos. A las ilusiones, hay que dejarlas aparte, y no caer en el juego del marketing y de las luchas económicas y políticas que hay detrás de una pandemia que ya se llevó la vida de  casi 330.000 personas en apenas cinco meses. 

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Andrea Gentil

Andrea Gentil

Editora de Ciencia, Medicina y Tecnología. Docente.

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