Después de 26 años, la Filarmónica de Berlín regresó con un programa que reunió dos obras: el "Primer Concierto para
Piano de Johannes Brahms y "Así habló Zaratustra", el poema sinfónico de Richard Strauss, en los que la orquesta desplegó potencia sin sacrificar transparencia.
Brahms trabajó durante años en una partitura que desconcertó al público de 1859 por su densidad. En ella, el piano dialoga con un conjunto de peso dramático, desde los redobles iniciales hasta la energía rítmica del rondó final. Petrenko construyó una introducción imponente, con timbales amenazantes y cuerdas profundas. Ólafsson, en su debut en el Colón, emergió con toque cristalino y claridad, incluso en los pasajes más densos.
En el movimiento Maestoso, la relación entre ambos no siempre resultó coincidente porque el tempo pausado del pianista contrastó con el arco del director. En el Adagio se impuso la sutil intimidad. Sin sentimentalismo, el músico islandés moldeó las frases con delicadeza, mientras clarinete y fagot aportaron calidez. Así, el movimiento adquirió un aire contemplativo y sutil.
Al final, solista y orquesta alcanzaron plena sintonía ya que el virtuosismo se combinó con vigor rítmico y claridad contrapuntística. Como bis, Ólafsson ofreció el Largo del "Concierto para teclado en fa menor" de Bach, acompañado por el pizzicato de un grupo de cuerdas que fue un remanso tras tanta intensidad.
La pieza de Strauss, asociada a la apertura de "2001: Una odisea del espacio", la película de Stanley Kubrick, excede aquella célebre fanfarria. Inspirada libremente en Nietzsche, evoca conflictos humanos mediante contrastes
tímbricos, episodios de danza y una escritura monumental. El compositor negó que buscara traducir filosóficamente el libro, aunque los títulos de varias secciones sugieren un recorrido desde el amanecer hasta la búsqueda de sentido.
Con inteligencia, el director evitó que las escenas se fragmentaran. El comienzo, con trompetas encendidas y timbales sobre el grave de los contrabajos, impactó sin ser un efecto aislado. La fuga dedicada a la ciencia dejó oír la complejidad de las voces, antes de un clímax de energía volcánica.
En la Danza, el concertino Daishin Kashimoto dio al violín una delicada elegancia.
La Filarmónica exhibió maderas precisas, metales rotundos y una cuerda baja que sostuvo el conjunto sin imponer brillo excesivo. El logro mayor llegó al cierre con un pianissimo casi imperceptible, opuesto al resplandor inicial. La coda con la Danza Húngara N° 5, de Brahms, confirmó la excelencia de la orquesta y el talento musical de su director en una visita memorable,
CLáSICA | Hoy 04:17
De Brahms a Strauss, notable viaje sinfónico
Berliner Philharmoniker. Director: Kirill Petrenko. Piano: Víkingur Ólafsson. Concierto para piano y orquesta n.º 1 en re menor de Johannes Brahms y "Así habló Zaratustra", op. 30 de Richard Strauss. Viernes 23/10. Teatro Colón, Libertad 621.














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