Domingo 22 de mayo, 2022

COSTUMBRES | 04-06-2020 10:04

“La gente cree que si deseás curarte de cáncer, lo lográs”

La periodista Giselle Rumeau cuenta su lucha contra la enfermedad en el libro “Una mujer en pedazos” y cómo el entorno puede jugar en contra de quien padece.

Hay algo curioso que sucede con las personas cada vez que se menciona la palabra cáncer. Están quienes al escucharla fruncen toda la cara, o arquean levemente las cejas hacia arriba con los ojos bien abiertos. Otros se ponen muy serios, se incomodan o, mejor dicho, se enojan, como si hablar de la enfermedad les arruinara el día o fuera algo contagioso.

Pero eso no es lo peor. Nadie puede en estos casos quedarse sin decir nada. Cada vez que contaba que me habían diagnosticado cáncer de mama, las palabras comenzaban a brotar de mis interlocutores porque sí, tan solo para llenar el vacío, como si el silencio resultara intolerable. Era como si se quedaran desnudos frente a mí, expuestos con sus contradicciones, solos con su propio espanto.

Lo más extraño, y no por eso menos doloroso, era comprobar día a día como el cáncer estaba atado al pensamiento mágico, a esa ideología dudosa que postula a la cura –y por lo tanto a la enfermedad- como algo que se puede manejar por propia voluntad. Que vos sos fuerte; que si pensás en curarte lo vas a lograr; que sólo hay que desearlo con ganas para que se cumpla; que seguramente sufriste mucho o tu alimentación no fue la adecuada, me decían.

En fin, si me había enfermado era porque algo había hecho mal y si me moriría sería porque no había luchado –o no me había concentrado- lo suficiente. Con la ayuda de Luis, mi psicólogo, entendí enseguida que ese rollo no era otra cosa que un mecanismo de defensa inconsciente más viejo que el mundo. Nadie sabe aún a ciencia cierta por qué una célula enloquece, crece de manera silenciosa y se niega a morir. De ahí, el miedo a lo desconocido y la necesidad de culpar al enfermo para estar a salvo.

A mí eso no me ayudaba para nada ni me libraba de la angustia. Había momentos en los que esas miradas temerosas y acusatorias lograban derribarme por completo. No sólo estaba lidiando con la enfermedad y su feroz tratamiento sino con el discurso de los demás, aunque fuera bien intencionado. Se había convertido en una suerte insoportable. ¿Cómo sentirme viva en medio de una situación que para los otros era sólo muerte y espanto? ¿Cómo seguir adelante si para mis pares el cáncer era algo que yo misma me había buscado?

No encontré entonces otra idea mejor que relatar lo que me estaba pasando. Ricardo Piglia solía decir que siempre se escribe contra algo. Yo lo hacía para conjurar el pánico de los otros, los que estaban sanos.

En mi libro “Una mujer en pedazos” busqué retratar la dimensión social que tiene el cáncer con una mirada caleidoscópica, que pasa del dolor a la ironía y el humor sin pausa. Al transformar en literatura gran parte de los momentos vividos, pude crear, jugar con la realidad, adueñarme de los personajes, y mostrar ese estigma furiosamente actual que aún tiene la enfermedad.

 

Giselle Rumeau es periodista y paciente recuperada de cáncer de mama. Autora de “Una mujer en pedazos” (Galerna).

 

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por Giselle Rumeau

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