lunes, febrero 24, 2020

CULTURA | 31-01-2020 14:49

Canciones de amor. Por qué expresan sufrimiento y violencia

Muchos temas de amor expresan el costado más cruel del machismo. Carla Castelo, autora del libro "Manifiesto contra el amor romántico" analiza lo que cantamos.

¿Acaso el amor romántico no es la trampa fundamental que nos somete? ¿No
es la idea del amor en la que somos veneradas nuestra peor calamidad? ¿No somos de alguna manera maniatadas por el discurso afrodisíaco de
los poetas?
Porque en general las canciones de amor sangran. Multiplican el dolor
con frases que hemos aprendido de memoria de tanto ser derrotadas.
Porque las canciones de amor están llenas de clichés para sufrir. Porque cuando cantan los hombres, más que llorar una debería salir espantada.Ellos justifican hasta el crimen.
La encontró en el bulín y en otros brazos... / Sin embargo, canchero y sin cabrearse, /le dijo al gavilán: ‘Puede rajarse; /el hombre no es culpable en estos casos’. /Y al encontrarse solo con la mina, /pidió las zapatillas y ya listo, /le dijo cual si nada hubiera visto: / ‘Cebáme un par de mates, Catalina’. /La mina, jaboneada, le hizo caso /y el varón, saboreándose un buen faso, /la siguió chamuyando de pavadas... /Y luego, besuqueándole la frente, /con gran tranquilidad, amablemente, /le fajó treinta y cuatro puñaladas”. Amablemente”, el tango que hizo famoso Edmundo Rivero, escrito por IvánDíaz, no tiene piedad. Catalina fue infiel, es entonces culpable, y el hombre, en su derecho, le faja treinta y cuatro puñaladas.
El tango es dolorosamente machista. Pero no sólo es el tango. El bolero también. Y también el rock. Ni hablar del reggaeton o la cumbia. La música que escuchamos con pasión, o que bailamos exultantes suele contener un mensaje, que si nos ponemos a analizar, nos asusta. ¿Es esto lo que nos han cantado durante décadas? ¿Así somos vistas por los hombres? ¿Así somos queridas?
Va ser insoportablemente cruel... /Mírame, escucha esto: /Te voy a hacer creer que eres importante /por eso le escribo este tema a ti y a tus implantes. /No me vas a poder hablar ni siquiera en pantomima /con estas rimas voy a pudrirte el autoestima /tu única ideología va a ser la melancolía /hoy vas a llorar más que la virgen María. La canción de Andrés Calamaro, “Insoportablemente Cruel”, emblema del machismo sensible, en su versión con Residente, demuestra el odio visceral que le genera el amor cuando se termina. El desamor al palo y sin cobijo.

Calamaro, uno de los poetas del amor romántico, se tropieza varias veces con su propio machismo. Como Joaquín Sabina, el príncipe de las baladas. O el mismísimo Joan Manuel Serrat.

No llores porque no me voy a quedar /Me diste todo lo que tú sabes dar /La sombra que en la tarde da una pared /Y el vino que me ayuda a olvidar mi sed /Qué más puede ofrecer /Una mujer.
No hay quién se salve: en la mayoría de las canciones que cantamos a los gritos en los recitales, fanáticas de tal o cual, promueven la violencia de género, insultan y degradan a la mujer amada.
Son pocas las bandas que no menosprecian a las mujeres dentro del rock. Y ninguna banda dentro de la cumbia y el regaetton. Representan a los pibes del barrio profundo. Y en el barrio profundo las chicas usan pañuelos celestes.

Pero no son géneros que se escuchen exclusivamente en los barrios más humildes. En las fiestas de la clase alta suenan en los altoparlantes. Y los hombres de clase alta piensan lo mismo. Eso sí, se casarán con una rubia conveniente. Pero mientras viven solteros aúllan los temas de Damas Gratis.

“Me gusta como mueves la cola, /y como estás zarpada en trola, /me gusta porque eres tan bruta, /también me cabe q seas bien bruta. /Mueve la colita pa' delante y para atrás, /mueve mue' tu cinturita te quiero ver menear”.
Como vemos, nos prefieren muertas, o brutas y culonas y taradas, o simplemente sufriendo por toda nuestra eternidad. Todavía hay pocos refugios musicales. Y todavía lloramos con las desesperadas canciones de amor. Todavía nos auto flagelamos con la idea del amor romántico, que hasta puede matarnos. Y ahí volvemos a los clichés de los poetas desgraciados. Si es por amor es válido.
Es un poco penoso leer las canciones de amor y pensar que seguramente muchos femicidas las corearon. Es real, es cruel, y es triste. Por supuesto, no sólo femicidas gustan de estas canciones. Muchos de nosotros nos sentimos identificados con su discurso, sin pensar qué implica ese discurso. ¿Ser propiedad de un hombre es algo deseable?
Hay una inmensa cultura popular que defiende ese tipo de amor. Es muy difícil parase y decir basta. Pero cuando uno interpreta las canciones, aprende a ver, y ya nada es lo mismo. Podemos develar los hilos que nos aplastan suavemente como una tela de araña.

por Carla Castelo

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