Lunes 1 de junio, 2020

CULTURA | 06-03-2020 19:25

Cuatro pioneras del feminismo

Intelectuales de lectura imprescindible, que sentaron las bases de la reflexión sobre la mujer, recomendadas por una especialista.

Una de las grandes pioneras del feminismo es Mary Wollstonecraft (1759-1797), cuyo libro “Vindicación de los derechos de la mujer” (1792) es sin dudas un clásico. Ella parte de una pregunta fundamental: “¿Quién ha decretado que el hombre es el único juez cuando la mujer comparte con él la virtud de la razón?”. A partir de la premisa de la igualdad de capacidades intelectuales entre hombres y mujeres -algo que entonces no se daba por sentado-, les reprocha a los hombres ilustrados que llevaron a cabo la Revolución francesa el hecho de haberles negado a las mujeres, entre otros derechos fundamentales, el derecho a la educación.

Esta mujer que luego daría a luz a una hija que fue una famosa escritora (Mary Shelley) se atreve a polemizar con el filósofo más influyente de su época, Jean-Jacques Rousseau, quien en su obra “Emilio o De la educación” (1762) había brindado argumentos que contribuyeron a confinar a las mujeres al ámbito del hogar y a legitimar la idea de que debían ser educadas para servir y cuidar a sus maridos e hijos, y no para cultivarse intelectualmente ni para acceder a trabajos profesionales. Rousseau argumentaba que el sexo femenino es “por naturaleza” diferente al masculino, más pasivo, frívolo y sumiso, y que a cada sexo le correspondía un rol diferente en el mundo. La lucidez de Wollstonecraft radicó en revelar que eso que Rousseau consideraba una consecuencia del sexo biológico era, en realidad, una consecuencia de la manera en que educaban a las mujeres: “Con más frecuencia que Rousseau, he tenido ocasión de observar a las pequeñas y puedo acordarme de mis propios sentimientos (…) lejos de compartir su opinión relativa al carácter ‘natural´ del sexo femenino, me arriesgaría a afirmar que si su personalidad no ha sido ahogada por la inactividad ni su inocencia contaminada por el falso pudor, una niña será siempre traviesa y no prestará atención a su muñeca a menos que esté encerrada y no le ofrezcan otra alternativa. En realidad, los niños y las niñas jugarían juntos sin problemas si la distinción de los sexos no se les inculcara”. En este texto escrito hace doscientos treinta años, su mirada sobre la niñez y la forzada educación de género que les impuso a los varones hacer determinadas actividades y a las mujeres otras, es sumamente adelantada.

Entre las más irreverentes autoras de principios del siglo XX se encuentra Emma Goldman (1869-1940), nacida en un gueto judío en la Rusia zarista. Su padre la obligó a casarse a los 15 años. Pero Emma huyó del marido al año siguiente y emigró a los Estados Unidos, donde tuvo que trabajar como obrera, hasta que descubrió la filosofía anarquista y se convirtió en una famosa agitadora. Cada vez que iba a dar una conferencia llevaba un libro encima por si caía presa: “En los veinte años de mi actividad pública, hasta el último minuto nunca tuve la certidumbre de si podría hablar o no y de si dormiría en mi propia cama o en una estación de policía”. En 1905 fundó la revista “Mother Earth” (Madre Tierra), cuyos principales temas eran la libertad de expresión, el antimilitarismo y la emancipación de las mujeres. El 28 de marzo de 1915, frente a un auditorio con seiscientas personas, fue la primera mujer en el mundo en disertar públicamente sobre métodos anticonceptivos, explicando cómo usarlos y cuáles eran sus efectos. Ella propugnaba la educación sexual y el derecho al aborto: “Estoy de pie como una de las defensoras de un movimiento mundial, un movimiento que busca liberar a la mujer del terrible yugo y esclavitud del embarazo forzoso”. Entre sus libros se destacan su genial autobiografía, “Viviendo mi vida” (1931) y sus conferencias reunidas en “Anarquismo y otros ensayos” (1910).

Por supuesto, un clásico al que siempre vale la pena volver es “El segundo sexo” (1949) de Simone de Beauvoir (1908-1986). Publicada en dos tomos, esta obra filosófica conceptualiza, con una minuciosa documentación histórica, el problema de la subordinación femenina. Simone analiza los textos fundantes de la cultura occidental y muestra cómo la existencia del hombre se afirmó como un hecho ineluctable y un derecho y la de la mujer como un mero accidente. Empezando por el mito del génesis, donde Eva no es creada como un fin en sí mismo sino a partir de la costilla de Adán y para que sea su compañera. Dice De Beauvoir: “Estudié los mitos que los hombres han forjado de la mujer a través de las cosmologías, las religiones, las supersticiones, las ideologías, las literaturas. Trataba de poner en orden el cuadro que se me ofrecía: siempre el hombre se ponía como el Sujeto y consideraba a la mujer como un objeto, como la Otra”. Este libro demostró hasta qué punto la cultura había encasillado a las mujeres en un “deber ser” basado en arquetipos y representaciones construidos desde el punto de vista masculino: “la madre”, “la mujer casada”, “la prostituta”. Concluye que toda la cultura conspiraba para cerrarles a las mujeres “los caminos de la revuelta y la aventura” y las inducía a asumir, como si fuera su vocación, una resignación de la autonomía y de sus propios proyectos.

Adrienne Rich (1929-2012), autora de “Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia e institución” (1976), es una feminista que ha sido más conocida por su obra poética y por su pionero ensayo “La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana”. El principal aporte conceptual de este libro es la distinción entre dos significados superpuestos de la maternidad: por un lado, la maternidad como experiencia; y, por otro, la maternidad como institución patriarcal. Rich sostiene que hemos vivido en una cultura que inculca la idea de que lo más importante en la vida de una mujer es ser madre: “Expresiones como ‘estéril’ o ‘sin hijos’ se han utilizado para anular cualquier otra posible identidad”, y plantea que, en lugar de comprender la decisión de no ser madre como un deseo, se la ha pensado como un destino incompleto. Entonces sostiene que tanto la maternidad como la no-maternidad, en el patriarcado, han sido usadas en contra de las mujeres. La autora se remite a su propia experiencia y cuenta que, al nacer sus hijos (tres varones separados por pocos años), quedó “atrapada por el estereotipo de la madre cuyo amor es incondicional y por las imágenes visuales y literarias de la maternidad como una identidad unívoca”, y ante aquellos sentimientos que no concordaban con el estereotipo, se preguntaba si serían anormales. En este aspecto, sugiere que solo a través de la creación patriarcal de un ideal de la “buena madre” (inalcanzable) es posible generar un sentimiento de culpa mediante la falsa creencia de que es una “mala madre” toda aquella que no se avenga al ideal. Y propone reivindicar la verdad de nuestras propias experiencias, únicas y diversas.

Todos estos libros, al igual que muchos otros abordados en el libro “Biblioteca feminista” (Planeta), permiten ver el largo tiempo que llevan las luchas de las mujeres y cómo el pasado nos ayuda a entender el presente.

(La autora de este texto escribió "Biblioteca feminista. Vidas, Luchas y obras. Desde 1789 hasta hoy", Planeta).

 

por Florencia Abbate

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