Lunes 25 de mayo, 2020

CULTURA | 02-03-2020 16:58

La increíble saga familiar de Luis Frontera

El escritor y periodista ofrece en su novela, "Sagrada familia", el testimonio de un pasado difícil, surcado por la violencia, el abandono y la locura.

Cuando entró a la colimba,  Luis Frontera llevaba ya varios años sin brújula.

-¿Así que su padre era militar?, arrancó el interrogatorio de bienvenida.

- Si señor.

-¿Y usted es un cagón?

-Y, si usted lo dice, sí señor.

-¿Sabe manejar un auto?

- No señor.

-¿Está estudiando?

-No mi sargento.

- ¿Tiene un diploma o algo que diga que terminó la escuela primaria?

- No, no.

- ¿Sabe leer, sabe escribir?

-Sí, eso sí.

Entonces el militar agarró su libreta de enrolamiento y escribió: “lee y escribe”. Frontera dice que ese instante le reorientó la vida. En la literalidad tosca del sargento había encontrado su vocación.

Luis Frontera es periodista, investigador, crítico de radio en NOTICIAS, pero sobre todo es un hombre en permanente reinvención. A los 12 escribía mucho, iba a peñas y leía poesía, un perfil atípico para alguien que, como él se define, fue “un chico de la calle antes de que existieran los chicos de la calle”. Es que detestaba la escuela aunque la abandonó por otra cosa: la palabra “cociente” le provocaba pesadillas. Pero no como a otros chicos. “Me decían ‘cociente’  -dice- y yo sentía que me quemaba vivo”. Además se convenció precozmente de que “en materia de lenguaje ninguna escuela podía tener la última palabra”.

Sin aulas, a los 16 escribió el primero de varios libros. El último es “Sagrada familia”, que acaba de lanzar Editorial Planeta: una intensa novela autobiográfica o, como dice Jorge Fernández Díaz en la solapa “una historia familiar que atraviesa los grandes dramas colectivos de la Argentina”.

Vivir para contarlo. Todo buen libro tiene un gran comienzo. Ese puñado de palabras siempre anticipa, a suerte y verdad, lo que vendrá. Y el quinto libro de Luis Frontera lo confirma. “Mi padre fue un traidor a la patria. Un día metió su uniforme de capitán del Ejército Argentino en una bolsa de arpillera y lo dejó en la mesa de entradas del Ministerio de Defensa, ante la boca abierta de un suboficial. Me voy a la guerra, dijo. Y se fue”.

La decisión del capitán Frontera, que en 1936 dejó a su mujer con siete hijos para combatir en la Guerra Civil Española, marcó el destino del que sería su hijo menor, el número diez, concebido en una cárcel cuando –repatriado con psicosis de guerra- purgaba su aventura comunista en tiempos de Perón.

Hay pobreza, un entorno disfuncional que la madre del clan llamaba “la corte de los milagros” (entre los hijos del capitán hay vidente, cantante lírica, bailarina, boxeador) y una búsqueda del padre ausente, idolatrado y odiado a la vez. Pero el niño escritor crece, sale al mundo, golpea la puerta de Neruda en Isla Negra y lo cobijan para hablar de literatura mientras toman sopa. Se embarca en su propia militancia de izquierda. Cree que pudo haber matado a un hombre y se espanta. Empieza a alejarse también él de la cordura. Empieza a lastimarse metódicamente. Cortes en todo el cuerpo para que se empareje con el dolor de la mente. Lo internan varias veces en psiquiátricos.

Aquel “psiconauta” –como se definía Frontera- se había tragado las palabras. Y eso que toda la vida se había protegido detrás de un libro cada vez que alguien lo hacía sentir inferior por su falta de educación formal.

NOTICIAS: ¿Cómo fue educarse sin escolarización?

Frontera: En mi familia todos recitaban mucho, corría el arte. Y me fui haciendo solo, en la calle, leyendo. Yo siempre estuve enamorado de la palabra. Pero lo que quería escribir no lo podía decir en la escuela.

NOTICIAS: ¿Dónde leía?

Frontera: Iba a la Biblioteca Nacional. De dos de la tarde a diez de la noche. Ocho horas todos los días.  A mis 16, 17 años. Me acuerdo de haber leído libros larguísimos que de otra forma no hubiera terminado jamás. Buscaba en los ficheros algo que me llamara la atención. Era habitual que anduviera por ahí Borges.

NOTICIAS: ¿Qué recuerda de Neruda?

Frontera: Me acuerdo de que me leía poesías con su manera tan especial de alargar las oraciones. Y me dedicó un libro (N de la R: dice: “Al joven poeta, agradeciendo su visita. Diciembre 1968). Estuve bastante en su casa. Los jóvenes de izquierda lo odiaban. Me decían “vas a ver a ese gordo burgués”.

NOTICIAS: ¿Es cierto que Ernesto Sábato lo rescató del Borda?

Frontera: Sí. Me rescató él. Yo estaba en el hospital pasándola muy mal. No entendía nada, me cortaba. Un día me llama el psiquiatra que me atendía y me dice que me había llamado Sábato. Le respondí que no lo conocía. Pero el médico insistió en que  me quería conocer. Me dijo: quiere hablar con vos, que te demos el alta, porque un tipo que escribe así no tiene que estar internado. Yo ya estaba para salir y con eso me largaron. Lo llamé por teléfono y nos encontramos.

NOTICIAS: ¿Cómo supo Sábato de usted?

Frontera: Un amigo mío le había llevado mis poemas a Ben Molar, que se los pasó a él. Tuvimos varios encuentros y él hizo publicar mi libro “Las alucinaciones y el destierro”. Lo atraía el tema de la locura. Creo que consideraba a los enfermos mentales como héroes de la cultura.

NOTICIAS: ¿Siguieron relacionados?

Frontera: Después de la presentación del libro me dijo que no lo llame porque no quería verme nunca más. Le pregunté si había hecho algo malo y me contestó que no. Pero que no quería amigos nuevos ni más afectos de los que ya tenía.

NOTICIAS: ¿Qué cree que lo salvó a usted?

Frontera: ¿Tengo que decirlo de verdad? (suspira, mira a su  compañera de los últimos 35 años que vigila la escena  de cerca con apacible ternura y al fin responde). El amor de Ofelia.

No todos los escritores son tan previsibles como para contestar que los salvó la literatura.

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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