CULTURA | 01-05-2021 09:49

Hilda Sábato: "Urquiza se asemeja mucho a los políticos de hoy"

La historiadora opina sobre la polémica figura del entrerriano. "Es quien más acusaciones de traición cosechó, pero admiro como usó su poder para lograr la Constitución"

Se cumplen 170 años de uno de los hechos más trascendentales de la historia argentina: el Pronunciamiento de Urquiza, la proclama del caudillo entrerriano que, luego de gobernar su provincia por más de una década, se rebeló contra Rosas, poniéndole fin a 20 años de hegemonía. Primer presidente de la Confederación Argentina y figura central del proceso de organización nacional, pocos personajes han cosechado tantas acusaciones de traición por parte de distintos y variados sectores.

De esto habla la historiadora Hilda Sábato, que acaba de publicar "Repúblicas del Nuevo Mundo, el experimento político latinoamericano del siglo XIX", y sostiene una mirada distinta, “alejada de estereotipos”, y que advierte que “hay un montón de historiadores que están tratando de ver qué pasó, más allá de lo que nos cuenta el folclore”.

Noticias: ¿Fue Urquiza un traidor? ¿Cuál fue su rol en el armado de la organización nacional y cuál es su legado que continúa vigente hasta hoy?

Hilda Sábato: Entre los grandes personajes de la historia argentina, Urquiza es el que más acusaciones de traición ha cosechado. Tanto del lado federal como del lado unitario, el caudillo de Entre Ríos por antonomasia tiene críticos tanto en Buenos Aires, como en el interior, e inclusive en la Banda Oriental y el Paraguay, con motivo de su rol en la guerra la triple alianza. Lo que sí, me parece que no hay una buena biografía de Urquiza todavía, y es una pena porque es un personaje complejísimo.

Noticias: ¿Por qué cree que es tan complejo?

Sábato: Es un hombre que está entre dos mundos. Como historiadora yo nunca me había fijado mucho en él. Había trabajado más sobre otros temas, pero cuando escribí Historia de la Argentina (Siglo XXI, 2012), tuve que revisar un montón de bibliografía, vieja y nueva, y  ahí descubrí un tipo realmente interesante. Fue un hombre a caballo entre dos mundos. Por una parte, fue un caudillo típico de la primera mitad del siglo XIX: un hombre enraizado en una provincia, que combinaba poder económico y poder político, con una base económica muy fuerte y a la vez moderna. De alguna manera intentó un desarrollo productivo de su provincia pero que, a la vez, era un desarrollo productivo de sus propias empresas. Urquiza era un hombre de fortuna. Al mismo tiempo, como típico caudillo, como lo fue Rosas, o un poco antes Quiroga, o tantos otros, fue un hombre que desarrolló todos los mecanismos de construcción de poder político a partir de una combinación. No era solamente porque tenía propiedades y tenía fortuna: él armó su basamento político a partir de algo que fue importantísimo en la primera mitad del siglo XIX como capital político, y que tenía que ver con construir una red de relaciones con personajes de diferente nivel. Redes de poder que se basaron en relaciones verticales, donde él era la punta del ovillo, pero que hacía adentro implicaba negociaciones de un lado y del otro, incluso transacciones. Eso lo asemeja muchísimo a los políticos de hoy.

Noticias: ¿Un adelantado del clientelismo?

Sábato: Se usa mucho el termino clientelar, pero a mí no me gusta porque siempre se piensa en la clientela como una relación de arriba hacia abajo y nada más. Yo creo que, en la relación de los supuestos caudillos, porque tampoco me gusta mucho el termino caudillo, estos dirigentes políticos prefiero decir, construían poder a partir de relacionarse con distintos niveles en la cadena de la acción política. Y la acción política requería gente y requería bases. Principalmente, en la medida en que el elemento armado era un elemento fundamental de la vida política. El manejo, control y disponibilidad de fuerzas militares. Militar en el sentido del siglo XIX, que no eran militares de carrera, sino que eran hombres que se hacían en la disputa, en la pelea y en la lucha.

Noticias: Da la sensación de que Urquiza es acusado muchas veces de traidor porque es alguien que no hace lo que se espera que haga.

Sábato: Es cierto, aunque en realidad no hace lo que algunos esperan. Por ejemplo con el tema de Rosas. Urquiza jamás fue un hombre de Rosas. Entre Ríos era una provincia poderosa. Tenía recursos económicos, él tenía recursos políticos y era una provincia clave. Él tenía con qué negociar, no era de los que Rosas podía manejar fácilmente. Entonces ahí hubo una relación muy importante que no era de subordinación. Siempre fue de tensión, de toma y daca, de apoyos mutuos, una relación de dos figuras fuertes. Urquiza tenía una base fuerte, no necesitaba de Buenos Aires como otras provincias. Por eso, en ese sentido, su “traición” a Rosas tiene más que ver con la lógica del poder.

Visto desde hoy, es fácil decir que Rosas cumplió su ciclo. Era un momento en el cual la centralización del poder en Buenos Aires no daba para más. Y eso es lo que Rosas realmente hacía y quería y sostenía: un federalismo centralista. No unitario, pero sí centralista. Porque no hay que olvidar que Rosas construyó su poder desde una provincia y eso es muy federal. Lo que pasa es que desde esa provincia subordinó al resto. Entonces llegó un momento en que cada vez se hacía más grande la brecha entre Buenos Aires y los demás y, además, hay una cosa que es fundamental, y que también explica mucho de lo que pasó con Urquiza después: eran varios los dirigentes de la época del rosismo que venían presionando por la organización nacional. Y esto no era solamente un problema de ideales del tipo ‘queremos tener una nación unida’, sino un problema práctico. Porque, en la medida en que Rosas se negaba y resistía un congreso constituyente, eso le permitía seguir manteniendo su hegemonía. Rosas se negaba a cualquier tipo de organización nacional, porque eso podía llegar a crear un poder por fuera de las provincias, un poder nacional, y yo creo que Urquiza estaba absolutamente convencido de que había que terminar con eso. Pero no sólo él. Era él junto con otros personajes, de distintas provincias, que presionaban. Y me parece que eso es lo que llevó a Urquiza a apurar la solución armada después de tantos años de hegemonía rosista.

Noticias: Y ahí nace Urquiza, el triunfador para algunos y el traidor para otros.

Sábato: Eso es interesante también. Porque, cuando cae Rosas no pasó nada. Un tipo que tuvo veinte años el poder y en un rato lo perdió. No hubo rebelión, no hubo reacción popular, tampoco militar, no hubo nada. El resto de los gobernadores enseguida se dieron vuelta. Entonces yo creo que ahí, en ese momento, Urquiza, que ya estaba convencido de que había que hacer un Congreso, una Constitución y una Nación, se juega. Había que construir una estructura por encima de la Confederación. Porque hasta ese momento, lo que había era un rejunte de provincias, cada una de las cuales tenía sus aduanas, sus ejércitos, sus leyes y no había nada que englobara eso. Y ahí es donde Urquiza se juega, sin dudas. Yo lo admiro a Urquiza en ese punto. No soy de admirar a ningún personaje histórico, pero hay una cosa que me encanta de Urquiza, y es cómo uso su poder político para lograr la constituyente.

Noticias: Usted acaba de decir que Urquiza se juega, ¿de qué manera?

Sábato: Hay dos cosas. Urquiza apuesta, y apuesta todo su poder político. Y cuando Urquiza empieza a querer armar el aparato de la administración nacional en Paraná, primero se juega para que salga la Constitución porque, si no era por su poder político, anda a saber para donde disparaba cada provincia, y él los dominó a todos, salvo a Buenos Aires, que no pudo. Pero la Constitución está ahí, todavía la tenemos. Eso es la voluntad política de Urquiza, no hay que olvidarse, esa es su criatura. Y al mismo tiempo, se juega porque se da cuenta de algo: con Buenos Aires en contra no puede armar un Estado nacional. Urquiza se da cuenta de que sin Buenos Aires no se puede. Y es ahí cuando él, a pesar de que resiste hasta el final, finalmente creo que dice ‘bueno, esto es imposible’. Y es en ese momento que comienza a tener una correspondencia muy fluida con Mitre.

Noticias: ¿Cómo fue esa relación?

Sábato: Creo que ahí hubo un acercamiento de propósitos. Una especie de idea futura, de que la única manera de salvar esto era, no doblegando a Buenos Aires, pero al menos controlándola. Y al mismo tiempo negociando, cediendo, como en la famosa batalla de Pavón. Es cierto que Urquiza podría haber seguido, pero yo creo que la cortó porque sabía que no podía gobernar sin Buenos Aires. Insisto, Urquiza era muy pragmático. Además, en el frente interno estaba peleado con Derqui (ndr: su sucesor como presidente de la Confederación), había muchas cosas que hacían inviable seguir. Y fijate lo que pasa después: Urquiza negocia. Negocia para su provincia. Negocia que lo dejen en paz. Cuando el mitrisimo y todo el liberalismo toma el poder en el interior, a él ni lo tocan. Entre Ríos queda en sus manos hasta que lo matan. Y nunca la tocaron. Eso a él le importaba mucho. Además, durante todo ese tiempo, él tiene una relación muy personal con Mitre. Por eso cuando llega la Guerra del Paraguay, para Mitre es fundamental tener el apoyo de Urquiza. Lo consulta, lo tiene muy en cuenta, y hay mucha correspondencia entre ellos en el período previo a la guerra. Porque Mitre sabía que lo necesitaba a Urquiza y a la vez, hay que entender que el federalismo no era un partido, era un conglomerado de grupos. Los federales del interior no eran urquicistas. Urquiza era el creador del Estado Nacional que les estaba restando poder a las provincias.

Noticias: Nombró la Guerra del Paraguay. Hace unos años usted participó de una conferencia junto a otros historiadores y dijo que esa guerra “fue un momento clave en la definición de la geografía política de la región”. A Urquiza también se lo tilda de traidor por no haberse puesto del lado “lógico”, es decir del lado de Paraguay.

Sábato: La Guerra del Paraguay es un momento bisagra. Tanto para el Uruguay, como para Paraguay, Brasil y la Argentina, fue un momento en el que los problemas regionales comenzaron a ser disputas entre naciones. La nacionalidad estaba muy tenue hasta ese momento. Pero llegó un momento en el cual todo eso empezó a reconfigurarse en torno a las lealtades nacionales. La guerra hace eso. Es terrible, pero lo hace. Por eso digo que fue un momento clave en la definición de la geopolítica regional. En cuanto a la participación, o mejor dicho no participación de Urquiza en la contienda, me da la sensación de que quedó atrapado y decide ser una especie de consultor aparentemente neutro. Mitre lo consulta, pero también lo consulta Solano López. Urquiza está en el medio, pero nadie lo toca, y eso es parte de lo que venimos hablando: negocia, lo consultan, juega en otra liga.

Urquiza no se compromete militarmente con la guerra. Intenta comprometerse y cuando le va mal con sus propias bases, se retira. Y Mitre tampoco lo presiona con eso. Ahí hay como un entendimiento del tipo ‘yo sé que vos no te queres meter directamente y está bien’.  Porque fíjate que cuando después son las rebeliones de Varela y demás en el interior, tampoco Urquiza los apoya. Porque está en contra, porque le parece un disparate. Atenta contra la idea de la unificación nacional. Y él ya sabe que hay fuerzas que van más allá. Que si querés tener una Nación, tenes que negociar y ceder. Y yo veo que la experiencia de gobierno de Urquiza fue fundamental para eso. Él no podía armar la Argentina sin Buenos Aires. No pudo, se fundía, no tenía con qué. Trató por ocho años y no se podía.  Desde 1852 hasta 1861 probó.

Esa guerra fue el principio de su fin. Su poder político comenzó a agotarse. Fijate que después de la guerra, él sigue. Él quiere ser presidente, se presenta como candidato después de Mitre y le va mal. Y ahí él quiere negociar con Alsina y ya está jugando en otra liga. Pero en Entre Ríos, si bien el sistema político se había modernizado; había constitución, no se podía reelegir al gobernador; pero, de todas maneras, él seguía teniendo el control. Y eso llevó a lo que pasa cuando alguien tiene el poder mucho tiempo. Como le pasó a Rosas también. Las acusaciones de haber negociado con Buenos Aires, los desgastes, las internas acumuladas. Todo deriva en lo que sucedió el 11 de abril de 1870 en el Palacio de San José. A mí me parece que es un gran personaje para hacer una buena biografía. Aunque no la voy a hacer yo, claro.

*Por Nicolás González, alumno de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

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