Martes 30 de noviembre, 2021

CULTURA | 01-05-2021 09:52

Cómo fue el trágico asesinato de Urquiza y de sus hijos

Al gobernador, que había traicionado a Rosas, lo traicionaron y mataron. También a dos de sus hijos. La historia oculta.

Han pasado 151 años y cuando se piensa en Urquiza viene rápidamente a la memoria la palabra: caudillo, además de ser el más recordado gobernador de la Provincia de Entre Ríos en aquellas épocas turbulentas. Y fue también el primer Presidente de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860, luego de la batalla de Caseros en la que traicionó y aplastó a Rosas.

Pero la vida de Urquiza tendría un fin trágico. El  11 de abril de 1870, aún siendo gobernador, murió asesinado por un grupo de hombres en el Palacio San José. La turba entró gritando a su gigantesca estancia: “¡Abajo el tirano Urquiza!”. Incluso todavía se conserva el pañuelo con el que su esposa Dolores Costa Brizuela secó la sangre, aún ya muerto. La viuda tenía 36 años cuando pierde a su esposo, con quien tenía 11 hijos.  La escritora Graciela Gliemmo sugiere que otra hubiera sido la historia del país, incluso, si Dolores no hubiera entrado en la vida del General. Gliemmo manifiesta: “Era un hombre maduro que tenía fama de mujeriego, pero cae rendido ante los encantos de una jovencita de pueblo, sin rango social, quien se convertirá en la dueña de su corazón”. Luego de la muerte de su esposo, ella se radicó en Buenos Aires para terminar de criar a sus hijos, administrar los bienes y cuidar la memoria del General. Fallece allí el 8 de noviembre de 1896.

Pero antes de eso Urquiza sufriría un complot. En esta escena sangrienta entra López Jordán, otro potentado entrerriano que había estado bajo su ala pero que para esos años ya no quería mantener su lealtad. El caudillo iba en contra de sus planes, ya que él también buscaba ser la mayor autoridad de la provincia. Así que aquel dia estalló en Entre Ríos una revolución liderada por López Jordán contra el predominio de Urquiza:

“A las armas, compañeros,

nos llama otra vez Jordán.

No más comer ese pan

amargo del extranjero.”

 

Un grupo de jordanistas, al mando de Simón Luengo, ingresó al Palacio San José y dio muerte a Urquiza. A pesar de que los amigos de Urquiza culpan a López Jordán, los jefes que apoyaban al rebelde aseguraron en aquel entonces que no hubo orden de ajusticiarlo y que esa decisión la tomó por cuenta propia Luengo. La Legislatura entrerriana se reunió luego para designar al nuevo gobernador, y López Jordán, como no podía ser de otra manera, ganó por unanimidad. De hecho, apenas asumió condenó el hecho, pero no logró frenar la intervención federal del Presidente Sarmiento.

Mucho se habla de aquel día del asesinato, con la recordada escena de su esposa cerrando los ojos del difunto,  pero muy poco de los hijos de Urquiza que corrieron la misma suerte que su padre. Ellos se encontraban en Concordia, a 170 kilómetros del lugar de los hechos.

Waldino de Urquiza fue un joven inquieto pero brillante. Su padre lo había enviado a la ciudad de Buenos Aires a cursar sus estudios. Cuando los completó regresó a Concepción del Uruguay, y en 1843 fue incorporado como distinguido al Ejército de Reserva. Su más importante actuación militar fue en la Batalla de Caseros el 3 de Febrero de 1852, como joven mayor de la 1ª División “Victoria” del Ejército de Entre Ríos, donde se batió con gran coraje con la caballería enemiga de Rosas, y se destacó luego sableando en la persecución del enemigo en fuga.

El profesor e historiador Paulo Tissoco narra hechos desconocidos ante NOTICIAS. Cuenta para el momento de su asesinato Waldino ya se había convertido en comandante militar de Concordia, donde su medio hermano, el coronel Justo Carmelo, era jefe político –lo que hoy sería un intendente-. Justo Urquiza, asegura el especialista, era un hombre de buen carácter y con una reputación de ser muy honrado.

Tissoco recorre la noche trágica de abril de 1870. A Waldino lo emboscaron en su residencia, donde hoy es el “Gran hotel Colon”. Fue envestido y torturado, para luego ser arrojado sobre un caballo. Horas después sería ultimado en el cementerio viejo (ahora la calle Humberto Primo). Ahí quedaría su cadáver, colgado sobre uno de sus muros. Días después sería sepultado en completo silencio y sin ningun tipo de ceremonia.

El historiador Horacio Salduna aporta datos sobre el fin cruento del hermano de Waldino. Justo Carmelo es traicionado por sus más cercanos amigos,  como Federico Averasturi, el propietario del hotel “La provincia”, donde lo emboscan, y por Mariano Queréncio, director de aduana nombrado por el general Urquiza, entre otros. Justo estaba acostado en la cama de su pieza, hablando con sus supuestos amigos, cuando es tomado desde atrás y asesinado sin piedad con varias puñaladas al corazón. Su cuerpo fue colocado sobre un carretón de pasto, sacado de la ciudad y arrojado al arroyo Yuquerí. Al cadáver lo encontrarían recién meses después.

Los autores materiales del asesinato de Waldino y Justo Carmelo han sido oportunamente identificados, pero los autores intelectuales permanecen en la penumbra. Existen inculpaciones, que apuntan a López Jordan, pero faltan pruebas.

Al  momento de la tragedia Justo José de Urquiza era una figura nacional, que dejó para la historia la sanción de la Constitución de 1853. Aquella noche junto con él murieron dos de sus hijos.

*Miguel Navarro es alumno de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

por Miguel Navarro

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