CULTURA | 01-05-2021 09:37

El “tormento” de Urquiza por la traición a Rosas: "Temo ser muerto con el mismo cuchillo"

Luego de derrotarlo en Caseros, el entrerriano se arrepintió de su accionar. Cartas con el Restaurador y asistencia económica.

“Toda mi vida me atormentará constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar a la caída del General Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara; y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que por mis esfuerzos, y gravísimos errores, he colocado en el poder” Carta de Urquiza a Rosas.

El primer arrepentido de la traición en Caseros fue el mismo Justo José de Urquiza. Luego de la batalla que acabaría con la vida política de Rosas y el pronunciamiento mediante el cual Urquiza impulsó su renuncia, Rosas se exilió en Inglaterra, despojado de sus bienes y  de su honor. El “restaurador” pasó el resto de su vida en Southampton, Inglaterra, hasta su fallecimiento en 1877.

En el exilio  y en ausencia Rosas fue acusado de rebelde y de traidor a la Patria, cargos por los que se le condenó a muerte. Inglaterra nunca aceptó su extradición, pero Rosas nunca más pudo regresar a su país. Por eso es que reclamó por la devolución de sus bienes a través de cartas enviadas a amigos como Josefa Gómez, Roxas y  Patrón y hasta al mismo Urquiza. Atendiendo al pedido, Urquiza encargó la resolución del caso a una comisión constituida con personalidades de la política y algunos antiguos ex aliados de Rosas; quienes luego de analizar el reclamo resolvieron su devolución. Urquiza entonces firmó  la orden para la restitución a favor del albacea de Rosas, su amigo Federico Terrero quien llegó a vender la Estancia San Martín, que pertenecía al otrora gobernador. Pero con lo recaudado Rosas sólo pudo llegar a establecerse  en Southampton y pagar sus deudas.

Para ese entonces Urquiza reconoce su error: dice haber sido víctima del vapuleo político por parte de las fuerzas con las que se alió en contra de Rosas. Meses después  de Caseros le confesaría al representante británico Gore, en ocasión del Acuerdo de San Nicolás: “Hay un solo hombre para gobernar la Nación Argentina, y es Don Juan Manuel de Rosas. Yo estoy preparado para rogarle que vuelva aquí”.

Pero antes de que esa promesa se haga realidad y que la devolución de los bienes se haga efectiva se produce la revolución de Buenos Aires del 11 de Septiembre  de 1852, y Valentín Alsina es elegido gobernador. Este vuelve atrás todas las decisiones tomadas por su antecesor Urquiza,  dejando sin efectos la restitución ordenada. El 29 de julio de 1857 Alsina declara a los bienes de Rosas de orden público. Algunas propiedades son subastadas y otras quedan para el Estado, como su estancia  Palermo (ubicada en el hoy parque 3 de Febrero, que irónicamente lleva la fecha de la batalla de Caseros).

La correspondencia entre Rosas y Urquiza se convierte en fluida.  En todas ellas el entreriano destaca la figura de su ex adversario, como en su carta del 24 de Agosto de 1858:

“Buenos sentimientos le guardan los mismos que contribuyeron a su caída, no olvidan la consideración que se debe al que ha hecho tan gran figura en el país y a los servicios muy altos que le debe y que soy el primero en reconocer”. Asimismo, en otras dos cartas enviadas entre el fin de aquel año y principios del siguiente, se queja de la situación de sus bienes por “las injustas y violentas medidas tomadas contra sus propiedades y las de sus hijos, por el Gobierno Irregular de Buenos Aires”. También lamenta que nada pueda hacer al respecto, y le dice que “debe confiarse en que cuando los sentimientos de verdadero nacionalismo prevalezcan sobre las pasiones de círculo que agitan hoy a los que gobiernan a Buenos Aires, los actos que han ofendido los derechos de usted serán corregidos como los demás errores de autoridades reaccionarias. Lamenta además  que “ese círculo perverso que se ha apoderado del gobierno de la provincia de Buenos Aires y que la ha hecho teatro de toda violencia, de todo desorden y de toda persecución”.

Urquiza se compromete a enviarle anualmente y mientras pueda 1.000 libras para su socorro. Si bien él mismo fue la razón de su caída, no olvida la consideración que “se le debe en razón del servicio que hizo en defensa de los derechos de soberanía e independencia nacional”. Rosas nunca deja de agradecer este reconocimiento, además de su ayuda económica. En los últimos años,  hasta se convierte en su consejero.

El 11 de mayo de 1870 Urquiza  es asesinado. Anoticiado de la tragedia, Rosas escribe a su amigo Federico Terrero:

Mi querido Federico

Ninguna persona que haya seguido estudiando en la práctica, la historia de las repúblicas del plata, ha debido extrañar el desgraciado fin de su Excelencia el señor capitán general Urquiza.

Por el contrario, lo admirable e inaudito es su permanencia en el poder, por grado siempre bajando, a virtud de sus hechos contrarios a su crédito, a sus amigos políticos, y favorables a sus enemigos.

Pocos años después de la altura de su poder, desde cuando ordenó la devolución de mis propiedades, y muy principalmente después de la batalla de Pavón, le he escrito varias veces dándole consejo en orden a la seguridad de su persona, su fortuna y a efecto de prevenir desgracias en su familia.

En mi larga carta, después de esa batalla le dije que habiendo él mismo cometido el gravísimo error, después del triunfo, de pasar todo su poder a sus enemigos, con funesto perjuicio a los que seguían de buena fe su política; su vida y su fortuna, no estaban seguras, si permanecía en la provincia entrerriana.

Que yo, en su caso, reduciría a dinero mis propiedades, y lo pondría en el Banco de Inglaterra para vivir de su renta en el posible sosiego, con mi familia.

Últimamente, poco antes de la triste noticia de su asesinato, le escribí, por complacerlo, dándole consejos implícitos en orden a su testamento, para prevenir después de su muerte, desgracias a su buena compañera y a sus hijos.

Que Dios ilumine la marcha pública de los primeros hombres de esas repúblicas y tenga piedad de todos son los votos de tu agradecido amigo.

Juan Manuel de Rosas.

Después de la muerte de Urquiza,  Dolores Costa, su viuda, asume la responsabilidad del envío de las 1000 libras esterlinas a Rosas. Son claves para que el ex gobernador se mantenga a flote, en años donde el dinero le falta y mucho. Siete años después del asesinato del entrerriano, Rosas muere en el exilio.

*Virginia Iceta es alumna de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

 

 

 

por Virginia Iceta

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