Jueves 6 de mayo, 2021

CULTURA | 27-04-2021 11:34

¿Argentina sin Buenos Aires? Cómo fue la experiencia de un país sin porteños

Las peleas entre federales y porteños aparecen en toda la historia, pero tuvieron un clímax entre 1853 y 1861. Estados autónomos y batallas cruzadas.

La Capital Federal en Paraná. El Congreso en Santa Fe. Los puertos en Rosario y en el Litoral. Un proyecto federal pero insolvente. Dos ejércitos en guardia. La experiencia de la Confederación Argentina a mediados del siglo XIX, separada de su provincia más importante en términos económicos y políticos, es el recuerdo de un periodo muy complejo y también un ejemplo extremo que muestra cómo los desacuerdos entre gobiernos federales y porteños lejos de ser una novedad aparecen desde la gestación misma del país.

La historia de la Confederación Argentina sin Buenos Aires ocurrió entre 1853 y 1860, pero su desencadenante puede ubicarse un par de años antes. El 1° de mayo de 1851, unas palabras desataron la pelea entre los dos líderes más importantes de la época: el pronunciamiento de Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, que desafió la autoridad del todopoderoso Juan Manuel de Rosas, hegemónico mandatario de Buenos Aires. Aquel suceso, del que se cumplen 170 años, terminó con el fin del rosismo en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852 y dio vuelta una página en la historia del país.

El escenario post-rosista encontró nada menos que a un caudillo del interior como nuevo líder. Urquiza, dueño de una inmensa fortuna y formación política y militar al mismo nivel que los principales referentes de las elites porteñas, fue quien más cerca estuvo de desplegar un proyecto de país basado en los deseos de los caudillos federales que renegaban del centralismo porteño dominante.

“Fue una experiencia muy importante desde el punto de vista de mantener el espíritu federal, el único intento de desarmar el centralismo porteño que se llevó a cabo y que demostró que era posible una vida organizada de las provincias unidas sin la capital de Buenos Aires”, recuerda Roberto Romani, historiador entrerriano y actual asesor cultural de su provincia.

Urquiza intentó conformar un gobierno federal que ordene políticamente a todos los distritos y que los asista económicamente, arrogándose la facultad de administrar el próspero puerto de Buenos Aires, embudo que aglutinaba recursos más importantes para la época. Pero las élites porteñas, liberadas del yugo rosista, tenían otros planes. Coincidían en la necesidad de organizar la Nación, pero el eje, desde su perspectiva, no podía ser otro que Buenos Aires.

El quiebre inevitable de esa tensión se produjo cuando representantes de todo el país -a excepción de la dirigencia porteña- avanzaron en la sanción de la primera Constitución Nacional, en el Congreso General Constituyente celebrado el 1 de mayo de 1853 en la ciudad de Santa Fe. Ahí establecieron la existencia de una república cuya conducción recaería en Urquiza.

Tras el desplante porteño, Urquiza impulsó la creación y el nacimiento de instituciones republicanas con la provincia de Entre Ríos como centro. “Hubo que crear todas las instituciones y todas las obras que se hacían con el aporte de la provincia de Entre Ríos, mantener toda esa gente que venía del interior, los representantes de distintas provincias, sin un fondo como el que tenía Buenos Aires a través del puerto. Económicamente era un problema muy serio”, repasa Romani.

Sin intención de formar parte de aquel proyecto, Buenos Aires sancionó su propia constitución en 1854, en la que se autodenominó un Estado soberano aunque sin cortar los lazos de modo definitivo con la Confederación. Como marca la historiadora Hilda Sábato, sus líderes negociaban mediante intermediarios, y también intentaban operar sobre el adversario, tomando medidas para presionarse y ahogarse económicamente, apoyando a los rivales del otro y finalmente se terminaron enfrentando militarmente. Valentín Alsina, Bartolomé Mitre, Dalmacio Velez Sarfield, aparecen entre las figuras destacadas del porteñismo en aquella época.

El inverosímil cuadro de una Argentina sin Buenos Aires fue desgastándose con el paso del tiempo por las dificultades de gobernar provincias con instituciones extremadamente precarias y bajísimos recursos. La secesión porteña, en tanto, se mantuvo formalmente durante los siguientes seis años y sólo encontró una salida militar en 1859, con el triunfo del ejército liderado por Urquiza en la batalla de Cepeda y el ulterior pacto de San José de Flores. Sin embargo, la reincorporación de la provincia de Buenos Aires a la Confederación Argentina estuvo rodeada de condicionamientos impuestos por los líderes de la sociedad porteña. La tensión nuevamente se resolvió en un conflicto armado.

El epílogo de este inédito período del país llegó en la batalla de Pavón, el 17 de septiembre de 1861. Allí la emergente figura de Bartolomé Mitre terminaría imponiéndose sobre las intenciones de federalismo que ensayó durante toda la década el entrerriano Justo José de Urquiza, terminando con la impensada experiencia de una Argentina separada de su provincia más rica.

*Por Luciano Cáceres, alumno de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

por Luis Cáceres

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