CULTURA | 10-12-2020 11:07

Jorge Fernández Diaz: “Ya no sé quién es Alberto y creo que ni él lo sabe”

En su nueva novela, "La traición", el escritor se afirma en un proyecto literario único entre nosotros: un policial argentino, oscuro y vertiginoso.

Un helicóptero que transportaba al banquero más importante del país, alguien que venía de protagonizar una gran trifulca pública contra el Gobierno, cae de manera sospechosa y el hombre muere. Un espectacular funeral, con el tufillo que deja la clase política cuando se quiere colgar de un ídolo muerto, sale pésimo y se producen desbordes. Es la historia muy fresca de Argentina, pero podría ser perfectamente una diablura más de Remil. “Es que la realidad argentina trabaja mucho para él”, explica Jorge Fernández Díaz, que acaba de publicar “La Traición”(Planeta), la tercera novela sobre el espía más atorrante, peligroso y querido de la literatura argentina.

 

La traición

 

En esta ocasión el agente de inteligencia tiene que lograr que la sotana blanca no se manche. En el libro de Editorial Planeta, que ya está primero en todos los rankings de venta, la misión es frenar una delirante operación guerrillera pergeñada por un trasnochado setentista, que es amigo del Papa y que, de fallar Remil, podría impactar de lleno en la fama mundial de Francisco. La novela, que se escribió durante la pandemia, va y viene en ese fino límite entre la ficción y la realidad en la que el periodista y escritor se siente muy cómodo, aunque es la primera vez que su espía se mete tan de lleno en la actualidad. “Uso mucho de lo que sé de la política, de una parte de ella que es bestial, que es muy difícil explicar desde el periodismo pero que desde la ficción se puede comprender mejor”, dice el conductor de Radio Mitre, acuarentenado desde el otro lado de un zoom.

“Estaba en Francia, a punto de tomarme un avión, cuando me surge la pregunta: ¿qué pasaría si uno de los ex guerrilleros y actuales referentes sociales que alienta y recibe el Papa y que juega a la revolución, se toma en serio el asunto, como una especie de Gorriarán Merlo pero con un escándalo mundial? ¿Qué pasa si Remil trabaja en tiempo real, en la actualidad periodística, algo que no se había hecho nunca en la literatura argentina?”, explica sobre la trama de su nuevo libro.

Noticias: ¿No le dio vértigo escribir sobre la actualidad?

Jorge Fernández Díaz: Mucho. Hice un guión y lo cambié cuatro o cinco veces, incluso también cambié completamente el destino de tres personajes. Me daba cuenta de que esta novela no podía ser espectacular como una película, tenían que pasar cosas creíbles. El verosímil era más exigente que otras novelas. Tenía que bajarle la graduación a las cosas que ocurrían pero a la vez mantener la espectacularidad de la emoción. También quería una novela más corta y definida. Pero lo importante es que este formato es posible, meterse en la actualidad caliente con una novela política. Fue el libro que más me hizo sufrir. Me tiraba de la cama a las dos de la mañana y decía “esto no es creíble, tengo que hacerlo de otra manera”, le decía a mi mujer “esta novela es un error, naufraga, hice mal las cosas”. Es muy inquietante subir a Remil a la franja en que se mueve Revista NOTICIAS, Mitre, Perfil, Clarín. Hacerlo creíble en ese territorio.

Noticias: En varios pasajes de la novela Remil se asusta con la idea de que lo descubran y que salga en NOTICIAS.

Fernández Díaz: Siempre la nombra Remil a NOTICIAS, en las tres novelas. Porque Cálgaris (el jefe de Remil) fue tapa de NOTICIAS, “El hombre que arregla los problemas”. Esa es una gran vergüenza para Cálgaris, para alguien que es capo del espionaje aparecer en la tapa de NOTICIAS. Es un título que además podría haber puesto yo (N. de R.: el periodista fue director de Revista NOTICIAS).

 

Papa Francisco

 

Noticias: Remil tiene la particularidad de que, a pesar de ser un espía muy peligroso y complicado, de alguna manera se hace querer. ¿Por qué?

Fernández Díaz: Como dice Hugo Alconada: es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta, resumiendo un poco esta operación literaria que yo hago de mostrar a un tipo malo, pero con la idea de que el lector adopte un poco su punto de vista, porque los otros son igual de malos o peores. En la primera novela le metí la desesperación amorosa; en la segunda, el hecho doloroso de que tu padre te da por perdido (dos cosas que viví en carne propia) y en esta le meto la pelea desalmada entre mamá y papá, algo que también viví en la cocina de casa. Es muy perturbador ponerle estos sentimientos míos, yo que no puedo matar a una mosca, a un espía huérfano y terrible. Además, creo que Remil es la respuesta que tengo a una vieja idea de que no puede haber un gran policial argentino creíble y a gran escala, algo que decía Borges en el '30, que el lector argentino no confiaba en la policía y por lo tanto no se podía hacer. Pero Remil viene a romper con esa tradición, es un criminal de Estado y, modestamente, por lo que recibo de los lectores que ya compraron en las primeras dos novelas 200 mil ejemplares, es creíble.

Noticias: Remil hereda algo de su visión de la política, pero usted tiene un farolito de ilusión mientras que el espía parece que se quedó sin esperanzas con Argentina.

Fernández Díaz: Sí, yo no soy como Remil, no soy un cínico, no vi tantas cosas. Yo llegué a tener la enfermedad de no creer en nada, fue un momento que, después de algunas ilusiones, me llegó una gran desilusión por la política, y me duró un tiempo y no la pasé bien, era un salitre de la vida. Hay muchos trucos para sobrevivir a la realidad política: estoy por afuera de todo, o por arriba de las grandes pasiones humanas. Es genial ser anarquista pacífico: todo está mal y yo no tengo nada que ver con nada. Otra es entender que hay que dar batallas por lo que uno cree, aunque la pregunta es en qué cree uno después de haber creído y haberse desilusionado. Ahora, en los últimos años de estudio, creo en algo: en que estamos para agitar el debate, no para conducir los relatos ni salvar a la Argentina ni mucho menos. Tengo consciencia plena de que mi novela es un aporte picante al debate, y que estamos como agitadores culturales, ideológicos.

Grieta. Desde que Alberto Fernández dejó intempestivamente el gobierno de CFK, hasta que volvió al redil, mantuvo un contacto muy fluido con Fernández Díaz. “Hablaba entre una y tres veces por semana durante ocho años”, precisa el escritor. En una de esas charlas –“discutíamos peronismo, kirchnerismo, economía, setentismo, todo”- el autor de “La Traición” jura que el actual Presidente le reveló un secreto polémico: “Yo nunca estuve de acuerdo con lo que hizo Néstor con los setenta”.

Fernández Díaz: Estoy revelando una conversación pero bueno, yo esto lo discutí varias veces con Alberto, le dije que la glorificación de los setenta me parecía muy grave. Pero ya no sé quién es Alberto Fernández, y creo que ni él sabe quién es. Es un gran problema: cuando hacés cotidianamente fingimientos y contorsiones en un punto ya no sabés quien sos. Cristina es una puerta cerrada y él una puerta giratoria, nunca sabes si estás adentro o afuera.

Para el escritor, que tiene un ensayo de mil páginas sobre el kirchnerismo cerca de ser publicado, los setenta y la lógica discursiva que sobrevivió de aquella década hasta hoy es un tema nodal. No sólo porque su última novela está atravesada por el tema –Garmendia es el ex guerrillero que ahora busca repetir la tragedia en forma de burla, y Remil es un veterano de Malvinas-, sino porque para él la “cárcel mental” en la que se encuentra atrapada la sociedad argentina es lo que “nos hace fracasar”. “Fracasan todos los gobiernos porque es un problema de la sociedad, y la dirigencia deriva de esa sociedad. Vivimos en una cárcel mental con un discurso que viene desde los 60, el discurso que tomó Perón y que crearon Hernández Arregui y Cook, que inventaron a un Perón socialista y una Evita revolucionaria. Ninguna de las dos cosas era así. El peronismo ha logrado crear una cultura y un modo de dictaminar lo que está bien y lo que está mal. Ese montón de supersticiones es lo que atrasa: tenemos una cárcel mental contra la que trato de luchar desde mis artículos, mis libros. Yo puedo escribir novelas policiales puras o novelas de amor que no tengan nada que ver con la historia, y no descarto volver a hacerlo, pero me parecía muy interesante este debate que nadie da”, opina.

 

Fuera Macri

 

Noticias: ¿En este Fernández Díaz que discute al peronismo hay un diálogo o una discusión con el Fernández Díaz de los setenta que leía y seguía a Abelardo Ramos?

Fernández Díaz: Sí, hay una ajuste de cuentas permanente, una pelea conmigo, con el que fui. Sigo pensando que Ramos es uno de los grandes prosistas argentinos, pero yo creí y dije muchas cosas que ahora las veo en el kirchnerismo, y que fui entendiendo que eran equivocadas de mí mismo. Ahí yo tengo una cuita muy importante con CFK, porque su historia me interpela mucho: su padre era hijo de asturianos, su abuela y abuelo eran de un pueblo cercanísimo a la familia de mi padre, y ellos le hablaban a Cristina del esfuerzo y del trabajo. Y Cristina, se sigue peleando con esa abuela materna. Ella toma partido en esa guerra de living por su madre gremialista y su abuelo que era conservador popular. Todavía hoy está ofendida con su abuela, que pensaba como mi padre. Si hubiera ido a terapia nos hubiéramos ahorrado bastantes problemas.


 

También te puede interesar

Galería de imágenes

Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

Comentarios