Viernes 25 de junio, 2021

CULTURA | 01-12-2020 09:56

¿Por qué son tan exitosos los libros políticos?

Ocupan los primeros puestos en el ranking de bestsellers y sus revelaciones influyen en la agenda del poder. Los setenta y el atractivo del pasado reciente. Opinan Maria O'Donnell, Santiago O'Donnell, Marcelo Larraquy y Martín Redrado.

Vienen trepando a lo alto del ranking de ventas. Como si la crisis profunda y la incertidumbre actual potenciaran la necesidad de respuestas. Desde grandes investigaciones históricas hasta la declaración extendida en cientos de páginas de los propios protagonistas; desde análisis coyunturales profundos económicos y políticos hasta compilados de columnas periodísticas. Entre los cincuenta libros más vendidos en la última semana por una de las principales cadenas de librerías del país, casi un veinticinco por ciento tiene a la cuestión política en el centro de la escena.

Con toneladas de información disponible en un clik, el bombardeo apabullante de datos y contra datos en redes sociales y la realidad que exaspera, ¿por qué la política y la economía actual (e histórica) tienen cada vez más lectores?

Tendencia. Para Juan Boido, Director Editorial de Penguin Random House, los libros sintonizan las épocas y cada presidencia o periodo político va generando los bestsellers de su época. “Son libros que conectan con los temas que se discuten y atraviesan a la sociedad durante esos años”, afirma y hace un repaso por las distintas presidencias: bajo el alfonsinismo, dice, el “”Nunca más” y libros como “La Argentina del siglo XXI”, de Rodolfo Terragno, permitían debatir sobre qué país se podía lograr a partir de la democracia. El menemismo trajo los bestsellers de la corrupción, como “Robo para la corona”, de Horacio Verbistky, y de la frivolidad, como “Pizza con champagne”, de Silvina Walger. “Con el kirchnerismo, la revisión del pasado y particularmente de la violencia política de los ’70 ocupó un lugar central, con José Pablo Feinmann, O’Donnell, Yofre, Reato. El macrismo, aunque hubo menos tiempo para que se desarrollara ese clima propio, está marcado por dos libros: en su comienzo, por “M”, el bestseller de Laura Di Marco sobre la llegada al poder de 'una nueva elite'; y hacia el final, por ese suceso que fue 'Sinceramente' de Cristina Fernández de Kirchner”, repasa.

 

Santiago O'Donnell

 

Para Santiago O´Donnell, autor de “Hermano” (Sudamericana), más que razones externas, se trata de un tema de oferta. “A veces hay buenos libros políticos entonces la gente se vuelca a leerlos, como otras veces hay buenas novelas y lee novelas”, dice. Algo similar piensa Marcelo Larraquy, con doce títulos en su haber: “Creo que si tienen profundidad de análisis de información, son originales y están bien escritos, los libros políticos y económicos siempre tienen lectores”. María O´Donnell, quien este año presentó “Aramburu: El crimen político que dividió al país. El origen de Montoneros” (Planeta), señala el plus que representan las historias reales: “Fijate que las series y documentales basados en hechos reales y las historias que no están cerradas, como pasó con el documental de Nisman o García Belsunce, generan mucho interés. Es como si uno fuera a buscar en un hueco. Hay algo de lo real que hoy sigue teniendo mucho atractivo y me parece muy interesante, sobre todo para nosotros los periodistas, nos da la esperanza de que es un tipo de narrativa que siempre tiene su público”.

 

María O'Donnell

 

Martín Redrado, al frente de las ventas con “Argentina Primero” (Sudamericana), opina que Argentina escapa de la típica clasificación de libro político-económico. “Se trata de una mirada hacia un futuro posible, combinando experiencias personales y mi visión de las nuevas mega tendencias internacionales y su impacto sobre nuestro país. La respuesta del público la veo en una necesidad de hablar del futuro y enterrar un pasado frustrante para todos”, explica.

 

Martín Redrado

 

Nacho Iraola es director editorial de Planeta desde hace quince años y no cree que haya un boom de los libros políticos. “Lo que hay es, de tanto en tanto, algún trincherismo político entonces ahí te puede jugar el libro de Iglesias (Fernando, con el “El medioevo peronista y la llegada de la Peste”, Libros Del Zorzal), o el de Santiago O´Donnell y también de alguna manera el del Topo Devoto (“Néstor, el hombre que cambió todo”, Planeta)”.

Otro escenario. Iraola dice que el verdadero auge de los libros políticos fue en los ´90, con la invención de la colección Espejo de Argentina por parte de Juan Forn y Alejandro Horowicz. Y marca la diferencia respecto a los autores y sus condiciones: “Había una generación brillante de periodistas que no tenían todos estos adelantos tecnológicos, no tuiteaban ni ponían nada en sus IG y se guardaban información del diario para sacar un libro. En esa época, el libro era prestigio. Ahora a cualquier periodista le cuesta un huevo escribir un libro porque gana más yendo a los programas de televisión como panelista y resigna el prestigio que da el libro”. Es evidente que el alcance, la penetración y la monetización de estar en el prime time televisivo es habitualmente más contundente que el que dan las góndolas de las librerías. Pero no solo eso es lo que se pone en la balanza a la hora de cranear una investigación. “El libro te construye, para mí es clave. Yo no mido nunca lo que me representa en términos del tiempo que le dedico y lo que reditúa económicamente. El libro es mucho más que eso”, asegura María O´Donnell que invirtió cinco años en “Aramburu” y que piensa que una de las razones por las que la década de los setenta sigue siendo materia prima para la escritura y la investigación tiene que ver con el interés de las nuevas generaciones que no vivieron esa época. Como O´Donnell, Larraquy no elige los temas de sus libros por saber mucho de ellos de antemano sino por lo atractivo que les resultan a él mismo. “Es fundamental que te despierte mucho interés porque si no es imposible llevar adelante un trabajo de tantos meses”, opina. “La guerra invisible”, por ejemplo, surgió de forma fortuita pero a su vez casi detectivesca: Larraquy estaba en Londres buscando algún dato revelador sobre la guerra de Malvinas y después de hablar con distintas personas y hurgar en las librerías, terminó gritando Eureka en una de cuatro pisos en la que se topó con un libro que contaba del aterrizaje de un comando británico en el continente. Fue el puntapié de una investigación que duró un año y medio. “Creo que los buenos periodistas se siguen guardando información para sus libros. 'La raíz', de Hugo Alconada Mon, que escribe permanentemente en La Nación, por ejemplo, te pela la nuca porque decís: '¡Mirá esto! ¡Mirá aquello!'. No todo es mandar un tuit o ir a vedetear a un programa de tele supuestamente político”, descarga Iraola.

 

Marcelo Larraquy

 

En medio de una industria del libro que viene en picada, ¿cómo se entrelazan los tiempos editoriales con la proyección económica de los autores? “La verdad es que la salida de series y de los derechos de película empiezan a darle a los libros una mayor proyección respecto a su potencial económico pero también es cierto que a medida que te vas generando tus lectores, eso es un capital importante”, dice María O´Donnell. Para que un libro de investigación periodística salga a la calle se necesita consensuar antes con la editorial un adelanto digno que le permita al autor dejar algunos otros trabajos para dedicar horas al tema en cuestión. Aun así, en general eso no se equipara con las horas de investigación a destajo. Distinto es el caso de las compilaciones, porque ahí a la apuesta editorial le basta con la alta convocatoria de quien firme. Y otra cuestión es cuando alguien protagonista de la escena política lanza sus memorias. Dentro de ese subgénero, el “Sinceramente” de Cristina Fernández de Kirchner fue una pieza clave en la campaña política de 2019 y rompió el techo de las proyecciones de venta más optimistas.

Qué querés leer. A diferencia de lo que ocurría a fines del siglo pasado, donde abrir un libro de investigación periodística era sumergirse en una red analógica de datos desconocidos, en tiempos de redes sociales y posverdad, ¿se compran libros para confirmar lo que se sabe (o cree)? “Yo pienso que está el tipo que va a confirmar lo que presupone y el que cree en el libro y cree que ahí hay algo que él no sabe. Cuando son libros más de trinchera, el lector va a buscar la confirmación o va a buscar un poco más de odio para odiar más. En vez en casos como las investigaciones de Alconada Mon o de María O´Donnell, van a buscar cosas que no saben”, opina Iraola. Santiago O´Donnell cuenta que hizo un gran esfuerzo por tratar de que “Hermano” no cayera en la grieta y por eso cuidó desde la tapa a cómo repartir las entrevistas en los distintos medios. “Pero sé que el tema atrae mucho más a un lado de la grieta que a otro y eso no es algo positivo porque es casi como que partís con la mitad de tu público, entonces soy un militante anti grieta”, dice.

 

Montoneros

 

Con su sexto libro en la calle, Redrado piensa que los lectores de 2020 tienen una mayor necesidad de encontrar un camino para el futuro personal y colectivo que lo que tenían en 1995, cuando lanzó su primer libro. Para María O´Donnell, la intimidad que permite el libro, da la posibilidad de salirse de la grieta porque implica un diálogo extendido con el lector y con el tema en cuestión. Y a eso apuesta.

El fenómeno no es local. El libro más vendido en México, por ejemplo, es una investigación de Olga Wornat sobre los años de Felipe Calderón. En España, ya se anuncian varios títulos con el análisis político de la gestión de la pandemia. “La corrupción de los políticos es algo mundial y cada vez va a ser peor, pasa acá y allá. Es muy similar el mercado en todos lados y después te aparece un ovni que vende todo como 'Sinceramente', 'El dueño' o 'Robo para la corona', pero a los ovnis editoriales nunca los ves venir”, dice Iraola. “Los bestsellers de su época lo son porque canalizan las discusiones o las tensiones políticas de la sociedad en esos años”, afirma Boido.

 

Mauricio Macri

 

Parafraseando a Enrique Pinti, pasan los años, pasan los gobiernos, queda el empecinamiento por comprender qué y cómo ocurre lo que nos rodea. En el fondo, sigue viva la ilusión de que, como pregona NOTICIAS desde hace treinta años, entender, cambie de una buena vez la vida.

También te puede interesar

Galería de imágenes

Valeria García Testa

Valeria García Testa

Periodista.

Comentarios