Lunes 14 de junio, 2021

CULTURA | 17-05-2021 17:07

¿Por qué sigue tan vigente el pensamiento de Pierre Bourdieu?

A 90 años de su nacimiento, un repaso por la obra del gran sociólogo francés. El papel de Beatriz Sarlo en su “lectura” argentina.

A la sociología puede acusársela y con razón de diversos y sostenidos agravios, empero, una condición que no suele serle habitual es la de despertar pasiones. Por ello, escribir el nombre de Pierre Félix Bourdieu (1930-2002) es abrir la puerta a un legado conflictivo, insobornable y combatiente, que a casi veinte años de su muerte sigue articulando debates y nutriendo discusiones políticas e intelectuales de toda laya; pero, sobre todo, sigue conjurando el nombre de una pasión renovada y permanente, como lo demuestra la publicación del libro “Bourdieu hoy” a cargo de la editorial Aurelia Rivera, editado por varios especialistas.

Además de ser uno de los personajes señeros de la segunda mitad del siglo XX último momento de esplendor de lo que supo ser Francia como faro intelectual de occidente Bourdieu es una figura difícil de asir por varias cuestiones. La primera de ellas y acaso la más importante es por su condición de sociólogo, es decir, por ejercer la profesión de aguafiestas profesional dentro de las ciencias sociales, una gimnasia que en su caso además del rigor, la originalidad, la potencia y la vastedad de sus análisis, refrendó junto con una práctica crítica. “Si la sociología es una ciencia crítica, es quizás porque ella misma se encuentra en una posición crítica. La sociología crea problemas…Ella revela, por ejemplo, la correlación entre el éxito escolar, que se identifica con la inteligencia, y el origen social o, más aún, con el capital cultural heredado de la familia”, dijo.

En la Argentina

No es difícil de comprender la pregnancia y el rechazo que han tenido sus sofisticados análisis en sociedades coloniales tan folclóricas como las que componen toda América Latina, asimétricas y conflictivas, a veces zozobrantes, rutinariamente mediocres. Bourdieu, sin proponérselo, ha sido uno de los mejores viviseccionadores de nuestros complejos y aspiraciones, con el ethos y pathos de la escuela en el centro de sus preocupaciones. Luego del advenimiento de Bourdieu, nadie puede mirar un título académico sin profiláctica suspicacia.

Aunado a ello, sus múltiples competencias e intereses le permitieron ensanchar los límites de la disciplina hacia campos y zonas de la experiencia que aún nos siguen interpelando, acaso más que antes. Bourdieu no sólo fue un titán metodológico, también fue una inteligencia lúcida enfrascada en varios campos la filosofía, la antropología, la crítica de la cultura (con atención especial en la crítica literaria y la apreciación artística), la epistemología, el arte y la docencia, por mencionar los principales por ello no es casual que los empeños de su trabajo resulten tan atractivos desde lugares tan diversos, aunque sin duda su foco de irradiación quintaesenciado sea desde una sociología tan severa como estimulante.

Pierre Bourdieu

Uno de los rasgos para agradecer del libro preparado por Lucas Rubinich, María Belén Riveiro y José María Casco es que, si bien se trata de un artefacto pergeñado por y para sociólogos, los textos permiten que lectores profanos transitemos lo mismo por su pensamiento que por los vericuetos de la sociología en el presente: el libro funciona también como una sucinta actualización para diletantes profesionales. Así, el texto de Ana Teresa Martínez es claro al recortar los frutos que la obra de Bourdieu, puesto que ofrece “principios epistemológicos, herramientas metodológicas y un plexo de esquemas conceptuales, contenidos en una vasta producción de investigación empírica sobre temas tan claves como el Estado, la economía, la producción y reproducción cultural o la dominación masculina, a través de estudios minuciosos e inquisitivos sobre las sociedades del norte de África y sobre su propio país”.

Por su parte, el sugestivo artículo de Mariana Cerviño es preciso al rastrear la negativa recepción crítica de Bourdieu en la Argentina, conjeturando además que el escaso interés por la problemática de la producción cultural en la sociología local fue debido a una recepción infecunda cuyos responsables tienen nombre y apellido: Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo, autores del clásico “Literatura/Sociedad”, para quienes la noción de “campo” del francés presentaba dificultades de adaptación a los casos latinoamericanos, concretamente al argentino, “dependiente y periférico” y quienes, de acuerdo con Cerviño, en lo relativo a la teoría literaria de Bourdieu respecto de Flaubert, son más bien seguidores de Sartre: “no falta acá un componente afectivo de afinidad con la interpretación de Sartre, más cercana al deseo de los autores de preservar una zona del acto creador, de la explicación racional”. El texto de Cerviño es luminoso en varios sentidos, puesto que no sólo ilustra el histórico conservadurismo del campo intelectual argentino, sino porque también, comentando un artículo de María Teresa Gramuglio que desacreditaba a Bourdieu siguiendo los planteamientos de Sarlo y Altamirano, permite ver los vicios propios del pensamiento académico justo lo que Bourdieau criticaba y de paso enarbola una crítica necesaria: “(Gramuglio) aborda el texto de Bourdieu desde el punto de vista de la crítica literaria, olvidando que el abordaje bourdieusiano pertenece a la tradición sociológica y tiene las marcas de los supuestos que definen esa disciplina, entre otras, la cientificidad de los enunciados, evaluando sus características todas ellas negativas en tanto estilo narrativo. Su disposición a rechazar el texto exhibe, por otro lado, las marcas de una lucha por la interpretación legítima de un objeto en disputa”. El de Uber no es un caso aislado: no es fácil que lo nuevo se haga espacio en la Argentina.

Entre el arte y la literatura

Nadie ignora que para los sociólogos de línea dura ha sido casi sacrílego que otros campos del conocimiento hayan intentado tomar de Bourdieu herramientas para analizar sus prácticas, sobre todo las que competen a la crítica literaria y la sociología de la cultura y, dentro de ella, a un campo muy específico: la conformación social del gusto, tópico convulso jamás estudiado con el nivel de profundidad sociopsicológica en una de sus obras cumbres: “La distinción”. Por ello, en tanto crítico cultural, echo en falta dentro de los ensayos de “Bourdieu hoy” una visión anclada desde la crítica literaria (o desde la sociocrítica, si precisar es necesario), y es que aunque él fue, es y será sobre todo un sociólogo, fue gracias a un libro como “Las reglas del arte” que nació una nueva manera de mirar el fenómeno literario con amor y con verdad. Allí analiza con bisturí cierta actitud enarbolada por sujetos “protegidos por la veneración de todos aquellos que han sido dirigidos, a menudo desde su más tierna juventud, a cumplir los ritos sacramentales de la devoción cultural (y el sociólogo no constituye ninguna excepción), los campos de la literatura, el arte y la filosofía oponen obstáculos enormes, objetivos y subjetivos, a la objetivación científica”, olvidando o queriendo negar que, en realidad, “el análisis científico de las condiciones sociales de la producción y de la recepción de la obra de arte, lejos de reducirla o destruirla, intensifica la experiencia literaria”. Así como el comentario del mundo escrito es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de literatos, Bourdieu es demasiado valioso para dejarlo en manos de los sociólogos.

Pierre Bourdieu

Protagonista a su pesar de una cofradía de pensadores donde destacan sensibilidades como la de Karl Krauss, George Simmel, Vilém Flusser o Lévi Strauss, conviene tener presentes las palabras de Casco y Rivero en la introducción al libro: “Bourdieu se convirtió en un clásico no sólo debido a su circulación, que ya es mundial, sino también debido a que operó en su trayectoria como los clásicos. Aunó teorías, conceptos y filosofías para buscar síntesis, tuvo marchas y contramarchas. Su práctica científica fue por eso mismo un verdadero 'work in progress'. Todo ello redundó en un eclecticismo que buscaba en la práctica científica la misma realización incansable del conocimiento”.

Pierre Bourdieu es el nombre del rigor en la mirada que ilumina el desencanto.

Rafael Toriz

 

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