Lunes 14 de junio, 2021

CULTURA | 10-05-2021 19:35

Qué es el feminismo islámico

Una entrevista con Abdennur Prado, el ateo que se hizo musulmán y hoy conmueve el islamismo ortodoxo con sus ideas sobre el rol de la mujer.

Abdennur Prado es poeta, ensayista, catedrático, fundador de la Junta Islámica Catalana, colaborador del Informe Raxen sobre el racismo y la islamofobia en España, pero sobre todas las cosas, Prado es un agitador. Agitó las aguas de familia y amigos cuando anunció, décadas atrás que dejaba de ser ateo y se hacía musulmán. Y luego agitó una y otra vez el polvo del pensamiento islámico ortodoxo con cada escrito –cientos de artículos en portales, más de un centenar de ponencias en congresos-, y cada libro. Desde “El islam como anarquismo místico” (2010), un libro de culto donde conecta la búsqueda liberadora de los místicos con la libertad explosiva de los anarcos, hasta “Genealogía del monoteísmo. La religión como dispositivo colonial” (2018) donde Prado da cuenta de cómo la palabrita ‘religión’, traslada a Oriente, es un concepto tóxico y aplastante.

Y ahora acaba de editar una obra que, dentro del islam, se vive con expectativa y algo también de vivificante alarma. “El rostro materno de Allah. Aportes al feminismo islámico” no es un texto oportunista. Es fruto de más de 15 años de estudios y ponencias, y el resultado de uno de sus tantos golpes de conciencia: la organización en el 2005, del primer Congreso Internacional de Feminismo Islámico de la historia. Va por cinco ediciones y de 200 participantes en el año inaugural, pasó a 450 al cuarto, con conferenciantes de todo el mundo –“ninguna me dijo que no”, recuerda Prado, “lo sentían como una necesidad”- y su cobertura llegó hasta la CNN y la cadena BBC. Por entonces, Prado, director de WebIslam, primer portal de noticias islámicas en español, recibía novedades de naciones musulmanes que le ponían los pelos de punta: lapidaciones aquí, mutilaciones allá, atropellos a mujeres en nombre, supuestamente, de su misma religión. “’Ostras’, me dije. Algo no va bien aquí. Si el mensaje del Corán que yo recibo, habla de la búsqueda de justicia como algo central, y si allí dice que Dios nos ha hecho sus representantes en la tierra, más allá de todo género, ¿cómo es posible que se produzcan estas injusticias, vejatorias y de desprecio? Algo no cerraba aquí”.

Abdennur Prado

El rostro materno de Allah

Y así como conoció la sombra, conoció también un movimiento de resistencia que lo entusiasmó: desde Amina Wadud , la activista que en Norteamérica alentó por el derecho de las mujeres a liderar la oración en las mezquitas –sus libros hoy están prohibidos en varios países islámicos-, hasta una líder sufí que en México, dirige su propio grupo y alienta a una visión igualitaria de la espiritualidad: la sheika Amina Teslima.

“El feminismo es muy diverso: tienes feminismo chicano, negro, afro caribeño, del tercer mundo. El feminismo islámico tiene una diferencia muy clara, con el feminismo occidental hegemónico, pues se enraiza en una tradición revelada por Dios. No es fruto de la modernidad. Por otro lado, el feminismo islámico nace como una respuesta a las pretensiones de supremacía de los discursos modernizadores occidentales, que pretenden instalar que, para liberarse, una mujer musulmana debe quitarse el velo, occidentalizarse y perder sus raíces. El feminismo hegemónico se convierte así en Caballo de Troya de la globalización y el desarraigo. En cambio, el feminismo islámico tiene una dimensión de lucha social y una dimensión espiritual. Yo lo llamo el rostro materno de Allah porque es parte de la rahma, la misericorida creadora de Dios.”.

El rostro materno de Allah

Más buscaba Prado en las raíces de su religión, más encontraba un camino inclusivo, integrador de géneros y asombrosamente avanzado para sus tiempos. Que otorgó, siglos antes que en Occidente, el derecho a la mujer a divorciarse, tener su patrimonio e incluso hasta el derecho a contar con ayuda doméstica a expensas del marido. Pero entonces metió las barbas el patriarcado y lo que era equilibrio, acabó en eclipse y desigualdad. Prado dedica una de las cuatro partes de “El rostro materno de Allah” a este punto. “El patriarcado ha ido minando los principios igualitarios del Corán en todas las áreas. El profeta Muhammad lavaba y remendaba su propia ropa, limpiaba su casa y ayudaba en la cocina. Pero también fue un jefe de estado y un guerrero. El islam patriarcal sepultó una dimensión y la sustituyó por otra y la volvió hegemónica. Los valores de la ética coránica como solidaridad, justicia, humildad, amor, en verdad, no tienen género. Todo esto sustituido por una ética de la hombría. El honor del varón. La lucha en las naciones islámicas contra el colonialismo generó aún más el valor por el espíritu guerrero. El feminismo islámico es la recuperación del equilibrio perdido, entre lo masculino y femenino. Y ambos son rasgos que se asocian a la divinidad. Y cuando me refiero a masculino y femenino, no quiero decir hombre y mujer, sino atributos que están dentro de cada uno. No te olvides que, a diferencia del cristianismo, el Corán no habla de que el pecado original viene de la mujer. Ni tampoco habla de un Dios padre. Si no, de Dios unificador de opuestos. Decir que Dios es el padre es la base del patriarcardo religioso”.

Desde la igualdad

Una visión masculinizada de un camino integrador, sumado a un visión sesgada y malintencionada en Occidente, transformó al islam de este lado del mundo, en una incógnita insalvable. Todo esto sin contar, pésimas traducciones del Corán que, incluso sugieren la posibilidad de que el hombre tiene permitido a la mujer. “La palabra ‘daraba’ que algunos traducen como pegar, incluye tres acepciones. Y la más aceptada, nada tiene que ver con el uso de la violencia. El feminismo islámico denuncia que la mirada patriarcal se basa en lecturas de ciertos versículos del Corán, que pueden interpretarse en clave patriarcal, y las exponen como el centro del mensaje del Corán, y el ideal de la familia y relación hombre y mujer. Y esto distorsiona el corazón de un mensaje integrador y lleno de misericordia. El feminismo islámico busca una lectura holística completa del Corán, que establece la igualdad completa de géneros, y la autonomía moral y de decisión de la mujer”.

Congreso internacional de feminismo islámico

El equilibrio de miradas echa luz sobre un legado, hasta entonces, oculto de mujeres que, a lo largo de la historia del islam, han sido referentes decisivas en todas las áreas de gobierno y la espiritualidad. Santas, juezas, legisladoras. Veinte años atrás, un académico en Egipto se propuso hacer una enciclopedia de las juristas islámicas. Imaginó que, la obra le llevaría un tomo. Al fnal, resultó en 13. “Es impactante la cantidad de nombres de mujeres en roles importantes que han ido desaparecido de los registros. Te digo más, hasta existió en el siglo XI en Al Andalus, una discusión sobre si María, madre de Jesús, era o no profeta. Ibn Arabi, uno de los grandes teólogos del islam, creía que sí lo era. Y además, defendía el rol de la mujer para dirigir la oración. Es alucinante es cómo este hombre en el siglo XIII, ya tenía conciencia de género. Y él mismo cómo al inicio degradaba a las mujeres hasta que comprendió que ellas tienen todos los rangos igual al hombre incluso, pueden ser profetas”.

Desde Cordoba, España, con la primera oleada de primavera avanzando por la ventana, Abdenur agita la cabeza. Se entusiasma. El intercambio de ideas, los hallazgos a contrapelo, descubrir la perla al fondo del cajón, lo pone de buen ánimo. “Vamos tío, en el islam siempre se alentó la diversidad. No es una ideología que lave el cerebro de la gente y le imponga un chip sobre cómo pensar. Es un movimiento del corazón y la conciencia que se ha enriquecido en diversos contextos. ¿Y por qué hago lo que hago?”, se pregunta. “Mira, siempre de joven fui una persona tímida. Pero tengo mucha inquietud intelectual. Y, sobre todo, hago lo que hago porque amo el islam. Y a mí, que me he críado como ateo, el encuentro con este camino ha sido un regalo infinito. Es un milagro que alguien que como yo no creía en nada, se someta a Dios. Pero bueno, me chirrían algunas cosas, ciertas injusticias y, qué quieres, lo siento como una misión: no puedo dejar de escribir”.

 

Cicco es escritor, autor de “Rock and Roll Islam” (Tusquets).

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