Lunes 14 de junio, 2021

CULTURA | 05-05-2021 17:31

El nuevo rostro del fascismo

Para el filósofo "Bifo" Berardi, el racismo actual y la misoginia cambian el contenido del pensamiento reaccionario. Clase alta vs. blancos pobres.

No pienso que el fascismo esté de vuelta. Al menos no el fascismo en su modelo original. Lo que experimentamos hoy es un retorno de la mitología supremacista, pero la sustancia antropológica ha cambiado profundamente. En el período futurista, de hecho, el fascismo fue la manifestación agresiva de la potencia de varones jóvenes que se sentían marginalizados por la burguesía: su estilo era animado, eufórico y su brutalidad llevaba la marca de una visionaria fe en el futuro. La ola contemporánea de nacionalismo y racismo está alimentada por un sentimiento de desesperación y humillación, por la rabia impotente de gente mayor blanca en la era de la globalización.

Hasta donde sé, el concepto de humillación no ha sido tematizado o analizado nunca en el ámbito del pensamiento político. ¿Qué es la humillación, al fin y al cabo?

Diría que “humillación” es lo que sienten las personas cuando son forzadas a tomar conciencia de su incapacidad para realizar la imagen que tienen de sí mismas. Humillación significa este quiebre de la relación entre imagen de sí, expectativas, realidad percibida y reconocimiento. Los trabajadores occidentales blancos han sido humillados por la gobernanza neoliberal y por los gobiernos de centroizquierda que fueron los ejecutores de dicha gobernanza. Los trabajadores occidentales han sido tan humillados que han decidido identificarse ya no como trabajadores, sino de una manera diferente: como raza blanca. Es la raza blanca la que está de vuelta: la raza “superior”, la raza de depredadores.

El sentimiento de superioridad, innombrable pero profundamente arraigado en el inconsciente y la cultura occidentales, ha sido refutado y humillado por la realidad del capitalismo financiero, por la experiencia diaria de impotencia que destruyó la autoestima de las personas y su confianza en el futuro.

El “Manifesto futurista” de 1909 fue una exaltación de la potencia sexual y la agresividad política, y el fascismo sacó su fuerza de la mitológica virilidad de Mussolini. Es más, el fascismo histórico fue la expresión de un verdadero sentimiento de pertenencia: el sentimiento de comunidad se basaba en la mitología de la sangre y la nación, pero la comunidad en aquellos tiempos era algo real, algo experimentado a diario y que moldeaba profundamente el comportamiento social.

Franco

El nuevo fascismo

El retorno posmoderno del fascismo se basa en una antropología completamente diferente. La comunidad es solo la memoria nostálgica de una pertenencia pasada que ya no existe. Es lamento, no experiencia viva. La vida social ha sido pulverizada en el espacio metropolitano pospolítico, desterritorializado, y la potencia no es más que un mito, un contrapunto de la presente impotencia. La potencia sexual está en declive, ya que la población blanca envejece, y el estrés, la depresión y la angustia perturban la esfera erótica. La autonomía de las mujeres fue la amenaza definitiva al poder masculino y alimentó un sentimiento reprimido de venganza machista que hace erupción cada vez más a menudo en actos de violencia. La demografía ha transformado el paisaje antropológico y social de nuestro tiempo: la senilidad, la soledad y la adicción a los psicofármacos están empujando a los hombres blancos del mundo Occidental al caos mental, el autodesprecio y la agresividad. El nuevo modelo de fascismo no surge de una euforia futurista juvenil, sino de un sentimiento extendido de depresión y de un impotente deseo de venganza.

Esta tendencia es especialmente visible en los Estados Unidos: la multitud deprimida de hombres blancos echa raíces en la era del individualismo campante: creyeron en las promesas del egoísmo neoliberal, adoptaron la filosofía del ganar, y luego se descubrieron perdedores. Se engañaron a sí mismos al creer en las promesas neoliberales del éxito individual. Ahora es demasiado tarde para abrazar una nueva esperanza, una nueva imaginación: lo único que pueden compartir es su odio, su deseo de venganza.

Este fue el trasfondo antropológico del trumpismo. “Make America Great Again” (“Que los Estados Unidos vuelva a ser grande”) es una súplica patética al Dios Supremacista: devuélveme mi juventud, mi fuerza, mi energía sexual, devuélveme la fe en algo. Pero el Dios Supremacista no está escuchando.

El racismo de nuestro tiempo no es una continuación de la ideología racista de la era colonial. Ese viejo racismo era una expresión de la superioridad de la raza dominante que poseía la tecnología para explotar y las armas para someter a los pueblos de color del Sur global primitivo o subdesarrollado. Ahora las armas están a disposición de cualquiera, sin distinciones de raza.

Ahora los blancos pobres se ven obligados a tolerar la superpoblación de sus espacios vitales a medida que los inmigrantes se agolpan en los suburbios pobres de las metrópolis. El nuevo racismo es el racismo de los perdedores.

El viejo racismo era compartido por la clase alta y los proletarios; era la marca de la superioridad de los colonizadores blancos sobre los colonizados globales.

Ahora el racismo es dejado a los desposeídos e ignorantes, mientras que la clase alta se indigna ante el racismo de los pobres y, desde las zonas residenciales ricas y bien protegidas de la ciudad, mira con desdén los barrios bajos donde viven los inmigrantes, mezclándose con los marginalizados y empobrecidos.

El antirracismo oficial de la clase alta europea está lleno de hipocresía y desprecio hacia aquellos que están obligados a compartir los espacios de sus zonas desfavorecidas con los inmigrantes, que no paran nunca de llegar y provocan la sensación de estar siendo invadidos.

La supremacía blanca

No obstante la diferencia antropológica entre el fascismo histórico y su reaparición contemporánea, existe un rasgo común que vincula el trumpismo con el viejo fascismo: el culto racista de la supremacía. La raza es el elemento definitorio de la autoidentificación de las personas.

Toma del Capitolio

El racismo emergió en la cultura de los colonizadores europeos durante la construcción de su imperio, como una justifcación ideológica de sus actos de pillaje. En su “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas” (1853-1855), Arthur de Gobineau no solo afirmó la superioridad de la raza blanca, sino que también predijo una tendencia hacia la contaminación racial y una consiguiente degradación de la raza superior. A pesar de la falta de fundamentos científicos de su teoría y de su concepto mismo de raza, los análisis racistas de Gobineau trajeron a la superfcie una vertiente muy profunda del inconsciente occidental: un torrente de miedo que se origina en la conciencia del declive inminente de la cultura occidental. Aun careciendo de sentido científico, el concepto de raza actúa como una autoidentificación fantasmática. Esta identifcación jugó un papel crucial en la historia del colonialismo moderno y está jugando un nuevo papel en la actual catástrofe del capitalismo.

El ascenso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos ha revelado exactamente esto: empobrecida por la globalización del mercado de trabajo, aturdida por la cerveza y las drogas, furiosa por la derrota estratégica provocada por George W. Bush y su consejero maldito Dick Cheney, la raza blanca reclama su primacía tambaleante. “Make America Great Again” significa: que la raza blanca vuelva a ser la raza superior, al viejo estilo del Ku Klux Klan, enfurecido por el hecho de que un presidente negro (culto, urbano y bello, en contraste con los idiotas de sus integrantes) haya osado ocupar la Casa Blanca.

La segunda venida

 

Franco "Bifo" Berardi es un filósofo y activista italiano, nacido en Bolonia en 1949, de gran influencia en el pensamiento actual. Vivió en París y Nueva York y creó medios alternativos como la radio pirata Alice y TV Orfeo, la primera televisión comunitaria de su país. Escribió ensayos sobre la realidad social del capitalismo posindustrial.

El título completo de este artículo es “Impotencia, supremacismo y el nuevo rostro del fascismo". El artículo que aquí publicamos es un adelanto de su último libro “La segunda venida. Neorreaccionarios, guerra civil global y el día después del Apocalipsis” (Caja Negra).

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por Franco “Bifo” Berardi

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