Martes 4 de octubre, 2022

DANZA | 16-09-2022 16:31

Onegin: Ballet en tres actos, basado en la novela de Alexander Pushkin

Dirección: Mario Galizzi. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dirección: Tara Simoncic. En el Teatro Colón, hasta el 11 de septiembre.

★★★★ La fille mal gardée’ de Frederic Ashton fue bajada de la temporada de este año del Ballet del Colón para reemplazarla por una obra de muy distinta factura: ‘Onegin’ (se pronuncia ‘Onieguin’, como debería trasliterarse). Al margen de la muy común costumbre de cambiar programaciones que ya han sido anunciadas al público, que compró su abono conforme a esos anuncios, hubiera sido interesante para la compañía abordar un título que falta en el repertorio desde hace más de dos décadas, y que figura en grandes elencos como el Royal Ballet de Londres. No es nada fácil abordar adecuadamente la comedia, género mal considerado ‘menor’, y este hubiera sido un buen desafío para una generación que necesita imperiosamente desarrollar destrezas en materia de actuación.

Así las cosas, subió a escena ‘Onegin’, creado por John Cranko en 1965. Desde su estreno en el Teatro Colón en 1979 por el Ballet de Stuttgart, con los legendarios Marcia Haydée y Richard Cragun a la cabeza, el ballet ha sido y es favorito de intérpretes y público. El sentido teatral de Cranko se revela aquí de forma magistral: su manejo de los tiempos se une a una dificultad técnica notable, sobre todo en los dúos de los protagonistas. A la vez, el trabajo grupal es detallista e impactante. El coreógrafo otorga un papel importante a los símbolos, por ejemplo las cartas y los espejos. En el primer acto, Madame Larina y sus hijas encuentran distintas emociones ante el azogue; y Onegin surge en los sueños de Tatiana desde un espejo. La carta que Tatiana le escribe a Onegin termina rota por las manos de él, y viceversa en el último acto como, una vez más, un espejado juego de emociones. La novela en verso que Pushkin escribió en el siglo XIX es renovada por Cranko, pero manteniendo fielmente las características de los personajes y la pintura social de la época.

Los primeros bailarines de Stuttgart Elisa Badenes y Martí Paixà asumieron los protagónicos con brillantes recursos técnicos y dramáticos, producto de la asimilación de la tradición de su compañía de origen. A su lado, los jóvenes Rocío Agüero y Jiva Velázquez dotaron de frescura e intensidad a Olga y Lenski respectivamente. Todos los comprimarios imaginados por Cranko para describir a la sociedad burguesa de la Rusia imperial fueron magníficamente encarnados por los bailarines más experimentados del Ballet Estable.

La Orquesta Filarmónica realizó un muy buen trabajo guiada por Tara Simoncic.

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Patricia Casañas

Patricia Casañas

Periodista crítica de danza.

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