Saturday 4 de July, 2026

ECONOMíA | Hoy 08:15

Industria vs. servicios: hacia una economía dual

A pesar del crecimiento del PBI, la actividad económica industrial general decae y con ello se estanca el empleo formal privado.

Usualmente se consideró al crecimiento de la industria como un síntoma de progreso económico y social, porque el hábitat que favorece su desarrollo también lo hace con el resto de las actividades productivas. Quizás porque se asoció a su evolución con la competitividad global del sistema ya que el trabajo coordinado en el sector requería de habilidades, conocimientos y una infraestructura que es común a todas las demás actividades. Sin embargo, los indicadores de la economía argentina de los dos últimos años parecen contradecir esta creencia: mientras el PBI crece a un ritmo moderado, recuperándose de la fuerte recesión del primer semestre de 2024, la actividad económica está “empatada”, con alzas y bajas casi mensuales pero la específicamente industrial muestra caídas alarmantes. Todo al mismo tiempo.

Radiografía. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de abril cayó 1,5% con respecto a marzo y durante este año se observa el mencionado “efecto serrucho”, con actividad planchada en enero (+0,3%), gran caída en febrero (-2,7%), gran recuperación en marzo (+3,1%) y ahora una caída significativa en abril (+1,5%).

“Aún con la volatilidad que se verifica, la actividad económica se ubica 5,5% por encima del nivel de noviembre de 2023, mes previo al inicio de la presidencia de Milei, aunque no registra grandes avances en el año” señala el economista de la Fundación Mediterránea Marcos Cohen Arazi. Así, en los primeros 30 meses de gestión se observa un crecimiento moderado (+2,3% anual, considerando noviembre 2023-abril 2026).

Por su parte, el profesor de Economía de la UCEMA, Federico Pablo Vacalebre, destaca que se evidencia una brecha entre la macro y la micro. “El consumo agregado mejora, pero el empleo de calidad no acompaña, los salarios se recuperan con lentitud desde un piso bajo, y el crédito permanece frenado por la mora”, agrega. A su juicio, los dos canales que podrían empujar la demanda doméstica hacia adelante, que son la recomposición de la masa salarial real y el repunte del crédito al sector privado, se mantienen débiles, pero podrían mejorar de manera gradual si la desinflación se consolida. Sin embargo, serían insuficiente para generar una reactivación tan vigorosa como para que la recuperación se traduzca con claridad en la vida cotidiana de la mayoría.

Marcelo Capello, vicepresidente del IERAL, se pregunta qué factores podrían estar contribuyendo a un hipotético nuevo ciclo de crecimiento económico sostenido, emparentado con aquel viejo modelo agroexportador y muy diferente a lo experimentado en el último medio siglo. En primer lugar, destaca la importancia de los factores internacionales (la demanda por alimentos) y otras razones como la transición energética, que aumenta la demanda por minerales abundantes en el país, como como cobre y litio, y cambios geopolíticos que priorizan el aprovisionamiento de energía y otros recursos estratégicos desde fuentes más estables. Según el Gobierno, las exportaciones de energía y minería ascenderían a US$50.000 millones de dólares en 2030 que sumadas a las del sector agropecuario (US$35.000 millones), industria del conocimiento (pasó los US$10.000 millones de exportaciones en el año julio 2025-junio 2026) que proyecta una fuerte entrada de dólares y un tipo de cambio poco competitivo. Esto, encarece el costo de los bienes y servicios no transables, como la mano de obra y afecta, de sobremanera, a la industria con ese perfil productivo.

Economía dual. El crecimiento del PBI esconde, sin embargo, una “economía dual” como afirma Martín Rapetti, director de la consultora Equilibra: energía, minería y agroindustria crecen, mientras la industria cayó 13%, la construcción 12% y el resto de actividades permanecen estancadas.  “La narrativa optimista dice que es una transformación productiva en marcha: los sectores con ventajas competitivas genuinas ganan terreno y los que sobrevivían con protección se retraen; sin embargo, la actividad crece, pero el empleo privado formal se contrae” explica.

Las cifras son elocuentes: la cantidad de asalariados privados registrados cayó casi 210.000 personas desde fines de 2023. Mientras los sectores en expansión no generaron empleo (agro, minería y energía perdieron 2.000 puestos en ese lapso) el empleo destruido en la industria (-175.000 puestos) y la construcción (-88.000) fue absorbido por servicios no transables de baja productividad: cuentapropistas que operan en los sectores de transporte, restaurantes, comercio y servicio doméstico.

“La dualidad productiva se replica en el territorio: crecen las provincias con minería (especialmente litio) e hidrocarburos no convencionales (principalmente Neuquén), pero el resto del país -con la excepción del “eje cordillerano”- registra caídas en actividad, empleo formal y cantidad de empresas”, concluye.

Industria acosada. La estructura productiva resulta fundamental en el desarrollo de los países ya que influye en el crecimiento a largo plazo. En un reciente trabajo de FUNDAR, se destaca que, en las últimas décadas, los países que crecieron más aceleradamente, como los del Este Asiático, fueron los que lograron diversificarla y particularmente, se apunta que se especializaron en actividades de mayor intensidad tecnológica y con mayor dinamismo exportador. Pero en Argentina, los servicios explican más del 60% del valor agregado de la economía, que representa una participación menor que en los países desarrollados y mayor que en los países de ingresos bajos. Los servicios comprenden a actividades muy diversas, y los hay de alta (servicios profesionales y técnicos) y baja calificación (el comercio, la gastronomía y el trabajo en casas particulares). “Los servicios de alta calificación que se asocian con mayores niveles de desarrollo económico representan el 36% del PBI argentino, notablemente por debajo del piso de 55% de participación que registran en países como Estados Unidos, Reino Unido y Francia”, agrega.

Sin embargo, esta preponderancia de los servicios no se replica en el comercio exterior. Desde la década de 1970, los bienes representan el 84% del comercio internacional argentino y mantienen su impronta en la estructura productiva local, caracterizada por una baja intensidad tecnológica respecto a los países desarrollados. “Este factor puede haber condicionado sus posibilidades de crecimiento a largo plazo; las actividades intensivas en investigación y desarrollo (I+D) representan el 11,9% del PBI argentino, una cifra similar a la de países como Brasil, Chile y Sudáfrica, pero menor al promedio de los países de la OCDE (19,6%) y la media mundial (18,5%)”, subraya. Además, aunque los servicios crezcan en su participación en comparación con la producción de bienes, no se vuelca automáticamente comercio exterior. Este fenómeno se debe principalmente a que, a diferencia de los servicios, la mayoría de los bienes son “transables” internacionalmente: pueden ser fácilmente comercializados entre países. Las exportaciones son una fuente esencial de divisas y desempeñan un papel crucial en el sostenimiento del crecimiento económico a largo plazo.

Por lo tanto, a pesar de su menor participación en el producto, los bienes mantienen una importancia crucial en el análisis de la estructura productiva de un país y sostienen buena parte de la población ocupada en trabajos formales privados. Demasiados desafíos sin contar la amenaza-oportunidad de la revolución tecnológica en el vértigo de la inteligencia artificial. Un laboratorio económico interesante para observar y traumático para transitar.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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