Martes 2 de junio, 2020

ECONOMíA | 20-05-2020 13:55

Más allá del barril criollo, Vaca Muerta precisa una ley que la fomente

El experto Raúl Parisi aboga por que el Congreso apruebe una norma que torne competitiva la formación de gas y petróleo no convencional neuquina.

La crisis por el coronavirus es un shock económico sin precedentes, la recesión mundial más grande de la historia y la peor amenaza desde la Gran Depresión del ´29. El FMI estima una caída del PBI del 6 % en EEUU, 7,7% en la Unión Europea y el 8% en Argentina, y requerirá una decidida acción conjunta.

Curiosamente no fue resultado de desequilibrios previos, sino intencionalmente inducida para detener el contagio; y probablemente sea mas corta que las anteriores. La demanda y precios del petróleo cayeron 30%; y luego los precios cayeron al 60% por una crisis simultánea entre Arabia Saudita y Rusia, que inundaron el mercado de petróleo.

Por la pandemia los precios son transitorios, dependen más de decisiones políticas que del mercado, y dejaron de representar valores de equilibrio “oferta-demanda” y de prestar utilidad para tomar decisiones de mediano-largo plazo. Situación que empezó a revertirse por la incipiente recomposición de demanda, y la decisión de la OPEC+ de reducir 10 millones de barriles por día (millones de barriles por día, Bpd) en mayo y junio, y 5 millones de Bpd de países no OPEP, incluido EEUU. Ya que los precios bajos afectan también a sus productores que no pueden producir su “shale” a esos precios, porque su costo es más alto -como en Vaca Muerta-; y sólo Arabia Saudita puede desarrollar producción.

La crisis impactó nuestra economía que venía de 3 años de recesión, inestabilidad macro, inflación, déficits fiscal y de cuenta corriente externa, por gastar más de lo que produce. Con un déficit de 20.000 millones de dólares/año a financiar, que el gobierno anterior resolvió con endeudamiento externo; y aunque hizo un fuerte ajuste de tarifas para bajar el déficit, el crecimiento de intereses de la deuda fue mayor, y aumentó el saldo de la cuenta corriente externa, agravando el problema. Y es el origen de la deuda que se renegocia.

El equipo económico está convencido que la quita de 41.000 millones de dólares “por única vez”, es crucial para resolver problemas estructurales y sociales como la indigencia, la educación e infraestructura sanitaria. La pregunta es ¿cuántos problemas podrían solucionarse si Vaca Muerta ingresara por exportaciones 10 a 27.000 millones de dólares por año en forma creciente, a partir de 2023? Pregunta que implica una estrategia de desarrollo productivo y crecimiento económico sustentable, y alimenta un nuevo paradigma exportador del país; sin “quitas” al patrimonio de otros.

Nuestra estrategia pasada se basó siempre en el campo como motor de impulsión suficiente, que “con una buena cosecha” salvaba al país, pero eso ya no es suficiente; hace falta una segunda turbina de desarrollo, como Vaca Muerta. Emergencias inesperadas como el coronavirus producen un efecto paralizante en la economía, porque la coyuntura tapa el horizonte y no permite ver el futuro; problema que debemos superar, porque cuando la pandemia se controle, el problema económico agravado por la crisis volverá al centro de la escena. Y debemos estar preparados para poner de pie una economía ya castigada, que ahora parece devastada.

Sabiendo que las decisiones que tomemos ahora, modelarán el futuro y determinarán lo que pase después de la crisis. Y que sólo una enorme como ésta, podrá derribar los grandes lastres de la economía argentina; y cuando el resto del mundo celebre la vuelta a la normalidad y su única discusión sea cómo financiar los desequilibrios de la crisis, la principal preocupación argentina será cómo crecer y controlar la inflación. Por eso es esencial tomar decisiones acertadas ahora; y éste es el momento para que el gobierno adopte decisiones de fondo y Políticas de Estado; además de medidas de coyuntura y post-crisis, de corto plazo.

Vaca Muerta es el único recurso con potencial exportador de Argentina, capaz de aportar divisas como el agro. Pero sus inversiones están paradas hace 1 año, por malas decisiones del anterior gobierno; que si no se rectifican, harán que el país vuelva a importar cantidades crecientes de petróleo y gas desde 2021. Porque la producción caerá y dejará de compensar la declinación convencional; aunque se haga más recuperación secundaria y terciaria.

El año 2020 será horrible; pero brindará la oportunidad de redefinir estrategias de largo plazo, tarifas, subsidios y la capacidad de producir energía para abastecer la reactivación post-pandemia de demanda del mundo, a aquellos países dispuestos a aprovechar la recuperación y crecimiento. Que en el nuestro caso, podría sumar los efectos positivos de una renegociación exitosa de la deuda.

Si el objetivo de Argentina es salir rápido y con el menor costo de la crisis, la salida es exportadora; y existe consenso que con Vaca Muerta como caso emblemático, tenemos potencial para hacerlo. Pero antes debemos resolver la inestabilidad macro de nuestra economía, con picos y valles permanentes; porque sin un horizonte firme de negocios, no se puede planificar ni asumir compromisos de exportación. Que son exigentes.

El costo de producir shale oil en EEUU es 35-40 U$ por barril, como en Argentina. Pero sin Retenciones: si una compañía exporta a 50 U$/barril, recibe U$ 50; mientras en Argentina las compañías pagan el 12%, y reciben 44 dólares. Pero además, hay granes diferencias impositivas: EEUU graba menos los Ingresos (no cobra Ingresos Brutos, Impuesto al Cheque, a los Sellos ni Tasas Municipales); el Impuesto a las Ganancias es menor (22,5 % y 35% en Argentina), y no cobra Ganancia Presunta ni Anticipos de Ganancias; que en un contexto de alta inflación, tienen impacto financiero.

EEUU no importa equipos, bienes ni servicios y no paga Aranceles de Importación; que Vaca Muerta sí paga, porque debe importar equipos, bienes, servicios y tecnología específica. Y además, Tasa estadística.

Permian accede al crédito con tasas de 3-4%, mientras por el Riesgo país Vaca Muerta paga 9- 11%; cuando consigue financiación. Por eso EEUU tiene rentabilidad con un barril de U$ 50; y Argentina no. 

Con Canadá, son los 3 países del mundo que producen comercialmente shale; y demuestra que YPF y las empresas ya hicieron un enorme esfuerzo de inversión y aprendizaje, para hacer realidad Vaca Muerta. Y ahora es tiempo que el Estado haga su aporte: elimine retenciones, aranceles de importación, tasa estadística, y reduzca la carga impositiva (IVA, Ingresos Brutos, al cheque, Sellos y Ganancias) al nivel de las formaciones shale de EEUU, con las que debe competir en el mundo. Única forma de hacer rentable Vaca Muerta; multiplicar sus inversiones y poner en valor su mayor productividad y menor declinación que el Permian. Como hizo Brasil en el Pré-sal, que invirtió 220.000 millones de dólares en 4 años, y su plan para los próximos 10 era de 420.000 millones de dólares.

Sin rentabilidad y reglas seguras no habrá inversión; y sin inversión no aumentará la producción ni habrá exportaciones. Y volveremos a importaciones crecientes.

Un grave error, si tenemos los recursos y una industria competitiva que ya bajó los costos el 70%; y podría seguir bajándolos. Pero tardaría 150 años en extraerlos, advertía en condiciones pre-coronavirus, el economista Arriazu. Cuando el petróleo perderá su valor en 50 años, y quedará en el subsuelo si no encontramos la forma de adelantar su producción.

La mayoría de los pronósticos coincide que la demanda de petróleo tendrá una fuerte recuperación hacia fin de año, cuando vuelva a crecer China y se normalice el mundo; y es esperable que el barril vuelva a mínimos de 55-60 U$. Porque al menos hasta 2050, el petróleo seguirá siendo la principal fuente de energía; y el gas, contribuyendo a controlar la emisión de gases efecto invernadero.

Promulgar la Ley de Vaca Muerta es la mejor respuesta a la crisis, porque al reducir la carga impositiva, incentivar la inversión y devolverle competitividad, asegurará las inversiones para no importar en 2021. Y cuando se normalicen los mercados, permitirá desarrollar el potencial exportador de esta “segunda pampa húmeda”.

Y con visión a 2030, lejos de limitar la discusión y el futuro al “barril criollo”, permitirá reencausar la economía sobre bases sustentables. Mientras analizamos la mejor forma de capitalizar el apoyo del FMI, el posible éxito de renegociación de la deuda, y el eventual beneficio de un salvataje económico global post-pandemia, tipo Plan Marshall.

Sin Ley será muy difícil desarrollar la infraestructura de Gasoductos, Plantas Separadoras y Almacenaje que permitan la integración energética con Brasil y Chile; y la eventual Planta de Licuefacción para exportar gas. Quienes piensan que la ley no es necesaria, tienen ahora la oportunidad de probar que sin financiamiento ni socios externos se puede invertir, y construir la infraestructura de Vaca Muerta.

La ley garantizará condiciones jurídicas, fiscales y normativas sustentables, para recuperar la confianza en Vaca Muerta; y al eliminar el 30% de sobre-costo del estado, bajará el “break even cost” y la equiparará al Permian. Con el objetivo de invertir 300.000 millones de dólares en 15 años; alcanzar la orilla del Desarrollo, aumentar el superávit comercial y crecer a tasas aceleradas. Y consolidar una economía que no genere pobreza y desempleo, deje de apelar al empleo público como subsidio al desempleo, y de financiar desequilibrios con deuda externa e inflación; con recurrentes crisis cambiarias.

La ley de Vaca Muerta será el eje de rebalanceo que impulse la industria nacional, elimine la restricción externa, cancele su pasivo, la debilidad de la balanza y cuenta corriente externa. Porque es la única capaz de aportar los 20.000 millones de dólares/año necesarios para estabilizar la economía, generar empleo, riqueza, estabilizar el tipo de cambio, dejar de depender del endeudamiento externo; controlar la inflación y crecer. Sin afectar la recaudación fiscal, porque eximiría de retenciones e impuestos la riqueza a generar con sus incentivos; pero su efecto final será aumentar la recaudación, porque producirá reactivación económica y del empleo.

En 2019 cuando el coronavirus no existía, el desarrollo de Vaca Muerta anticipaba exportaciones por 11.000millones de dólares a 2023, y 20.000 millones de dólares en 2027; demostrando que depende de nosotros, que ésta sea el pilar de la reconstrucción argentina. Las economías sanas antes de la crisis como China se recuperarán rápido y puede crecer 9% en 2021; y las que presentaban desequilibrios y problemas como la argentina, tendrán la oportunidad de replantear sus estrategias y diseñar nuevos planes para superarlos. Conscientes que sólo una gran crisis como ésta, puede derribar los grandes lastres de nuestra economía.

Cuando volvamos a la normalidad, no sabemos qué tipo de economía imagina el Presidente; ¿volverá a pensar en Vaca Muerta como “segunda pampa húmeda”, capaz de aportar los dólares necesarios para estabilizar la macro?; enviará al Congreso la Ley para promover las inversiones y ponerla en igualdad con las formaciones “shale” de EEUU?. O preferirá mantener un Estado ineficiente y paralizante que frena la producción y generación de riqueza, en vez de ponerlo a su servicio?.

Los trascendidos dicen que Economía trabaja para relanzar la economía post-pandemia, con una reforma tributaria y fiscal; ¿será la oportunidad para incluir la ley de Vaca Muerta, como ejercicio práctico para bajar el “costo argentino”?. Es tiempo de repensar el desarrollo de Argentina y hacerlo con un plan integral para bajar el “costo argentino”, como política de Estado. Si se hace, el resultado serán exportaciones crecientes con aporte de divisas; y sino, serán importaciones.

Las sociedades exitosas son las que tienen la capacidad de aprender; y para ellas, los problemas son un dinamizador del desarrollo, dice Fontevecchia. Pasada la renegociación de la deuda, los argentinos tenemos la oportunidad de demostrar si hemos aprendido y sabemos corregir las causas que hicieron la deuda insostenible.

Muchas veces, intentamos bajar el gasto público y lo único que logramos fue subirlo del 23 al 48%, en los últimos 17 años. Podemos probar ahora aumentar los ingresos, como forma práctica de equilibrarlo y financiarlo; hasta que podamos controlarlo.

Y es este el momento para cambiar de estrategia, aumentar las exportaciones como política de Estado, y conseguir los dólares necesarios para garantizarnos crecer. Aprovechando el esfuerzo de inversión y aprendizaje ya realizado en Vaca Muerta, sin tener que volver a empezar.Si realmente aprendimos, es hora de promulgar la Ley y profundizar el potencial exportador, antes que las urgencias de la economía se conviertan en abrumadoras.

 

(*) Director del Comité de Asuntos Energéticos del CARI. Autor del libro “El Futuro del Petróleo y la Energía”.

por Raúl Parisi (*)

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