Martes 27 de septiembre, 2022

ECONOMíA | 11-08-2022 11:03

Massanomics

Las medidas anunciadas todavía deben concretarse para no ensanchar la brecha entre la expectativa y los resultados.

La economía argentina, como fiel reflejo de la sociedad, adoptó el formato de la brecha que separa variables como realidades. Sergio Massa, nuevo ministro de Economía, quiere verse como un “superministro" que irradia la fuerza necesaria para torcer la tendencia de este semestre. La incómoda situación de suceder en el cargo a otra funcionaria del mismo gobierno, no le permitió hacer una cruda descripción y advertir sobre la inminencia de una gran crisis si no se tomaban decisiones rápidas.

Perfiles. El primer dato que marca una discontinuidad es que el ministro no es un economista de trayectoria. Para el analista Carlos Fara, si bien no es un especialista, “sabe lidiar con el intríngulis político para sacar adelante lo que se propone. Aunque esto no agota en una enunciación de medidas, sino que depende de la manera en que el aparato burocrático responda a las exigencias técnicas y políticas generadas de antemano”, concluye. “Massa apuesta fuerte, cultivó contactos y es un buen articulador, pero tiene que validar esta credibilidad con su gestión para no abonar la idea del oportunismo político”, remarca.

El suspenso en la designación de la figura del viceministro adquiere relevancia. Así como Domingo Cavallo tenía a Juan José Llach con perfiles claramente complementarios, la elección de quién coordinará y dará sentido a las diferentes áreas también marcará el rumbo. No es lo mismo alguien del área de influencia de Axel Kicillof que de otra versión más amigable con los mercados y el pragmatismo. La demora en conformar su equipo también habla de lo riesgosa de la jugada y de los vetos que fue encontrando en su camino.

Prioridades. La necesidad de vestir el traje del paladín de la recuperación económica también alimenta la necesidad de creer en la posibilidad de una rápida estabilización. Pero esta brecha se verifica entre estas expectativas y la dura realidad.

Para empezar, la inflación de julio que se conocerá oficialmente la semana que viene, estaría arriba del 7% mensual con un piso para este mes de 5% sin contar los aumentos tarifarios ayer confirmados. En lo que va del año sumó 45%, un 90% anualizado si no existe otra corrección (que algunos economistas amigos del oficialismo lo ven, incluso, como inevitables). Descartando retrasos en el eco monetario sobre el nivel de precios, parecería ser que la discusión si la emisión afecta directamente a la inflación, el control de daños cruzó por anuncios de contener el déficit fiscal.

Las intenciones no es lo que hacen mirar con lupa los anuncios del flamante ministro, sino la letra chica de estas medidas y la entereza que tenga el propio Gobierno para soportar una corriente de opinión adversa que no se quede sólo en la protesta verbal.

Agujero negro. Como la contención del déficit fiscal está en el núcleo de las medidas enunciadas, la discusión sobre su viabilidad se refresca. Para Jorge Colina, economista de IDESA, la meta comprometida ya está violada porque cuando se acordó con el FMI en marzo, el 2,5% del PBI arrojaba un valor de meta de $567 mil millones para junio 2022. “Ese mes cerró con un déficit primario (para el FMI) de $800 mil millones y el FMI acordó las metas en valores absolutos para evitar que el 2,5% del PBI se alcance “inflando” el producto con mayor inflación que el ajuste del gasto (estrategia la aplicó Cambiemos en 2019 y que terminó en déficit primario de 0%, pero con una inflación del 54%)”, explica. A su juicio, lo que le quedaría hacer al Gobierno es pedirle al Fondo que perdone los futuros reembolsos.

Los otros dos elementos que alimentaban el rojo fiscal son los subsidios a las tarifas de los servicios públicos y los aportes del Tesoro a las provincias. El proceso de la segmentación tarifaria quedó en un limbo cuando el propio ministro señaló que había 4 millones de hogares que no habían solicitado el subsidio y que se revisarían los consumos para considerar sólo hasta 400 KW utilizados. El economista Fernando Marull calcula que el reajuste tarifario equivaldrá a 0,5% del PBI, aportando en este caso, la quinta parte del compromiso con el FMI. En el caso del gas, finalmente se establecieron los valores actualizados y los que no se encuadren en el subsidio verán su factura multiplicada por tres.

Por su parte, los gobernadores ya tomaron nota del fin de la plata dulce para ellos y avanzaron un casillero en el propio ajuste fiscal (siempre por el lado de los ingresos) con la reactivación del pacto de responsabilidad fiscal, que les permitiría un aumento de las alícuotas de Ingresos Brutos (que constituye más del 80% del total).

Reservas. Finalmente, el otro obstáculo a vencer es la nada misma: la escasez de dólares contantes y sonantes. A pesar de que las cuentas del Banco Central indiquen que hay casi US$ 38.000 millones, el drenaje diario del último mes dejó casi en cero las de libre disponibilidad. Massa anunció una serie de medidas para “fortalecerlas”, sin las cuales no podría defender el actual valor del dólar oficial ($140): liquidación adelantada de exportaciones con un dólar “diferencial” (agrícola, minería, pesca y conocimiento); obtención de préstamos REPO (de corto plazo, con garantía específica) y celeridad en la obtención de crédito de organismos internacionales. Francisco Gismondi, director de Empiria Consultores, manifiesta su duda acerca de la rápida concreción del ingreso efectivo de dichos fondos. “Si dan algo de tipo de cambio, por un tiempo puede haber un extra de liquidaciones, pero después se convierten en menores ingresos del siguiente periodo, sin que haya incentivos para sembrar más o con mayor inversión”, aclara.

Vemos que el desafío no se agota en fijar la hoja de ruta adecuada para sus objetivos, sino en poder llevarla a cabo. Es lo que hasta los más optimistas esperan ver: metas mensurables, medidas concretas y obstáculos sorteados.

Es lo que los operadores de Wall Street, en esta semana en que los títulos de la deuda subieron 20% (desde el subsuelo, claro) denominan “wait and see”. Ver para creer, en el argot de la City porteña, que se debate entre la necesidad de convencer de los “expertos en mercados regulados” que promovieron la llegada de Massa al Palacio de Hacienda y la memoria colectiva que desconfía, una vez más, de otra ilusión.

por Tristán Rodríguez Loredo

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