Existe una incomodidad difícil de explicar. No es ajena, pero tampoco sentís que sea del todo tuya.
Es ese ruido interno que aparece sin pedir permiso y te dice que algo ya no es como antes. Quizás no hay un hecho puntual que marque cuándo empezó todo. O quizás sí, y lo identificás con mucha claridad.
La cabeza te pesa. Algo dentro de vos empieza a correrse de lugar. Los domingos se tiñen de existencialismo y de una nostalgia difícil de describir.
Es una sensación más sutil y, por eso mismo, más difícil de explicar: la sensación de estar sosteniendo una vida que funciona, pero que no entusiasma. Y qué difícil es cuando funciona, porque ahí es donde todos nos creen sumamente exitosos.
Nos han hecho creer que el éxito es tener dinero, el trabajo perfecto, la casa, los hijos, el perro y los viajes. Resulta que las generaciones actuales se la pasan desafiando el concepto de éxito, de disfrute, de felicidad y de logros. Parecería
que la felicidad es customizable.
El empleo soñado también se ha idealizado: aquel donde puedo crecer, formarme, ganar siempre muy bien, con un gran clima laboral y excelentes líderes. Quizás exista. Pero quitamos de la ecuación que somos seres humanos, personas en constante evolución, en crecimiento y desarrollo; seres que, en función de los estímulos, pueden cambiar la forma en la que deciden, cómo observan el mundo e, incluso, poner en duda cómo debería ser el deseo de realización personal.
Muchas personas alcanzan este punto después de recibirse. El título llega, el esfuerzo se concreta, pero la pregunta aparece igual: “¿y ahora qué?”.
O en los treinta, cuando empezás a comparar lo que soñabas con lo que efectivamente pasa en tu vida.
O a tus cuarenta, cuando el recorrido ya está armado, el CV está completo, la experiencia acompaña…, pero algo en tu interior pide otra cosa y sentís la fuerza interior de querer algo diferente.
O cuando estás por jubilarte. Vivimos jugando con el tiempo como si la vida fuera un checklist que vamos completando, y de golpe llenaste todos los casilleros. ¿Entonces
qué? ¿Se terminó?
Este libro nace ahí, no en el momento del cambio, sino antes. En ese tramo silencioso en el que todavía no hiciste nada distinto, pero te diste cuenta de que ya no podés seguir igual. A ese instante previo, muchas veces invisible para los demás, yo lo llamo el clic. Te cayó la ficha. Algo se movió. Te sacudió. Ya no te permitís observar tu presente y tu realidad como antes.
Algo no vuelve a ser igual. Es un movimiento interno mucho más profundo; un cambio en la forma en la que te hablás cuando pensás en vos, en tus capacidades y en tu futuro. Y una vez que el clic toca la puerta, ya no podemos hacer como si no estuviera.
Antes de cambiar de trabajo, de carrera, de rol o de rumbo laboral, casi siempre pasa lo mismo: la mente se pone en contra, y así surgen los pensamientos intrusivos que nos acobardan, nos bloquean y nos impiden dar ese paso necesario que nos acerca a lo que de verdad buscamos….
El miedo es parte del proceso y negarlo solo lo vuelve más potente, así que vamos a hacer ejercicios bastante concretos con él….
Empecemos a hablar de tu clic, el que te acompaña a reconvertir tu perfil profesional…
Cómo hacer una transición cuidada. Una de las cosas más importantes al pensar el clic es que no hay necesidad de «pegar un volantazo» y tirar todo por la borda de un momento a otro. Una transición cuidada es gradual, estratégica y consciente.
Podés formarte mientras trabajás, probar proyectos pequeños antes de renunciar y explorar sin anunciar todavía un cambio en vos.
Antes de mover una pieza grande como es en este caso el trabajo, conviene que te respondas con mucha honestidad qué estás dispuesto a perder.
Porque cambiar implica resignar algo, y ese «algo» puede ser tiempo, dinero, comodidad... Y acá lo que suele pasar es que la gran mayoría de las personas, mientras hacen su clic, sufren sabiendo que van a resignar algo en su proceso de
transformación. Es una idea con la que hay que amigarse lo suficiente como para comprender que, si elegimos transformarnos, esto que resignamos puede volver a aparecer diferente más adelante…Es muy importante hablar de “ese momento intermedio que confunde”.
Ya no sos solo lo que eras, aunque todavía no sos plenamente lo nuevo. En ese espacio, aparece la pregunta: ¿quién digo que soy en el mundo laboral?...
Algo que también suelo abordar mucho con mis clientes en esta etapa es la necesidad que surge de borrar todo lo que venían haciendo. Es como si quisieran dinamitar o tapar lo más posible lo que fueron durante mucho tiempo. Borrar el pasado para parecer más alineado puede no ser lo mejor, y te explico porqué: tu experiencia anterior no debería desaparecer por completo; tendría que resignificarse hacia lo nuevo que querés.
Cambiar no implica abandonar todo lo que sabías hacer, sino trasladarlo, hacer recortes inteligentes sobre lo que te sirve en la etapa nueva y dejar de lado lo que no te sirve.
Las habilidades transferibles son ese hilo que conecta lo viejo con lo nuevo. Siempre invito a las personas a hacer el ejercicio de pensar cómo conversa lo que hacían o hacen con lo que desean hacer. Es más difícil encontrar puntos en común, y esto tiene que ver con que nuestra mente está más acostumbrada a separar que a unir…
* Licenciada en Relaciones Laborales, especialista en empleabilidad e inserción laboral. Es referente en orientación laboral en Argentina y Latinoamérica, y autora de ¿Qué hacemos con lo que somos? y Cómo hacer el clic.
por Sofi Jobs
















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