domingo, diciembre 8, 2019

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 18-11-2019 09:19

Alberto Fernández vuelve a la vieja ruta del dinero K

El presidente electo ya empezó con la manía argentina de pensar más en los billetes que en la riqueza genuina.

Todavía no asumió y ya está pensando en la guita: no en la riqueza, sino en el cash, el “físico”. Este fin de semana, Alberto Fernández confesó al diario Página/12 que, aunque tenía que atender primero otras urgencias, le gustaría volver a ilustrar con próceres los billetes, para revertir la cultura PRO de ponerle animalitos a la moneda nacional.

El presidente electo trató de mostrarse ecuménico en su promesa, y citó a próceres de ambos lados de la grieta, como a Sarmiento y Evita, aunque también abrió la puerta a incorporar personalidades de la cultura, como Borges y Cortázar. Su intención es volver a la tradición, que el kirchnerismo mantuvo con entusiasmo, de apuntalar la legitimidad simbólica del peso con un relato histórico basado en figuras célebres de la Nación.

Con la nueva emisión de billetes en la era Fernández, quedarían atrás los animales autóctonos que eligió Mauricio Macri para quitar de la moneda la discusión bipolar sobre la historia de los argentinos. A decir verdad, el gesto modernizador que ensayó el macrismo no fue tal. Durante buena parte del siglo XIX, los billetes nacionales no tuvieron próceres como ilustración, sino que abundaban los animales. Con una excepción temprana: en 1827, por un encargo de apuro a una imprenta norteamericana, circularon por Buenos Aires pesos de papel con el rostro de George Washington. Toda una premonición del trauma monetario argentino.

Recién bien entrada la segunda mitad del siglo XIX, comenzaron a abundar los personajes de la reciente historia patria, justo cuando los consensos territoriales e ideológicos empezaban a converger en un Estado nacional más o menos unificado. Entonces, el gesto disruptivo PRO de los animalitos en los billetes puede leerse más bien como una vuelta a cero, a la era fundacional de los argentinos.

Pero lo que no logró el macrismo fue avanzar en el gran tema monetario del siglo XXI, que es el de la desmaterialización del dinero, el fin del cash, un proceso que ya está muy avanzado en países más avanzados. Aunque algunos empresarios y funcionarios macristas dieron algunos pasos en ese sentido, la mala praxis económica del Gobierno desembocó en otro ciclo más de desprestigio del peso, con su correspondiente fascinación enfermiza con el dólar, preferentemente en efectivo.

En esa senda del dinero virtual podría avanzar la futura gestión albertista, si no estuviera tomada por la nostalgia K con la maquinita de imprimir pesos. Así fue como Amado Boudou se enredó en el caso de la imprenta Ciccone, siguiendo la obsesión de su jefa, Cristina Kirchner, con la ilusoria ventaja que goza la Casa Blanca por su monopolio en la impresión de dólares: suena absurdo, pero así lo “denunció” Cristina en una de sus cadenas nacionales cuando era Presidenta.

De ahí a la ruta del dinero K –más en dólares que en pesos-, medió apenas un par de videos pornográficos de figuras kirchneristas contando billetes en cuevas y depositando bolsos con efectivo en conventos, viejos reservorios de capital saqueado que ya se utilizaban en tiempos de la colonia. En una economía argentina con un componente informal que atraviesa toda la pirámide social, decepciona que el presidente electo ya esté hablando de imprimir su propio diseño de billetes de papel, en lugar de lanzar un audaz plan de dinero digital que nos ponga en la ruta del futuro y no en la del pasado.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Editor Ejecutivo y columnista de Radio Perfil.

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