Lunes 28 de septiembre, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 05-08-2020 11:25

El aterrizaje secreto de Martín Guzmán

De Manhattan a La Matanza, el ministro de Economía deberá revalidar su título en la pelea cuerpo a cuerpo con la realidad nacional.

Martín Guzmán es la primera figura del Gabinete que logra cumplir la misión principal para la que fue nombrado. A poco más de medio año de la asunción del nuevo gobierno, el ministro de la deuda acercó a las partes en conflicto de intereses para cerrar un acuerdo de renegociación que evite otro default grosero de las obligaciones financieras contraídas por el Estado argentino. Ahora, tras el éxito de su gestión internacional, a Guzmán le queda por delante la tarea más dura, para la que ningún economista está preparado, que es rectificar el rumbo decadente de la productividad nacional. 

Más que nunca, se trata de meter los pies en el barro de la política real, la de los negociados inconfesables, para deshacer el nudo que asfixia el desarrollo del país desde hace ya demasiados años. Solo así un ministro de la deuda podrá aspirar a validar su título formal de ministro de Economía, esa silla eléctrica que eyectó a pesos pesados como Domingo Cavallo y Roberto Lavagna. El desafío de siempre está agravado por la inédita pandemia que, aunque los argentinos y sus gobernantes quieran dejar atrás ya mismo, no obstante crece día a día, buscando el pico que no aparece.

Incluso si la pospandemia llega rápido y con un pan bajo el brazo, a Guzmán lo espera la grieta superficial de la política, que nubla el raciocinio de la opinión pública, como una cortina de humo arrojada para tapar las verdaderas tensiones entre los factores de poder. Los tigres de Wall Street con los que tuvo que lidiar Guzmán pronto le parecerán gatitos de Instagram cuando su agenda cotidiana incluya reuniones con personajes como Hugo Moyano, a quien Alberto Fernández tuvo que elogiar como un “dirigente ejemplar” y Mauricio Macri demonizar como el jefe de “la patota del transporte”: ambos presidentes mintieron, porque saben demasiado bien que los moyanos de la Argentina, como “los sótanos de la democracia”, son apenas el reflejo de la complicidad corporativa que financia y sostiene sus respectivos aparatos de liderazgo, como una Matrix ingobernable que solo entiende de pactos de sangre.

Y si no que le pregunte a su colega Axel Kicillof, quien le podrá informar sobre la letra chica del “diálogo” con los capos territoriales del Conurbano -formalmente conocidos como “intendentes”-, cuyo cumplimiento es mucho más complicado que la de los feroces abogados de los fondos buitres. De Manhattan a La Matanza, el aterrizaje mental que experimentará a partir de ahora el ministro Guzmán lo depositará en una zona de guerra, acaso más cruenta que la de Malvinas, esa que estalló en el año de nacimiento del ministro de Economía, uno de los más jóvenes de la historia nacional, junto con Martín Lousteau y Jesús Rodríguez. Que la inocencia le valga.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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