Viernes 25 de septiembre, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 03-08-2020 13:27

Alberto Fernández insiste en su rol de acompañante terapéutico

El Presidente gasta energía en moderar a Cristina Kirchner y a los hogares argentinos atacados por la angustia del aislamiento extendido.

Hay una pregunta en la política argentina que se repite día tras día, cada vez con mayor frecuencia, a un ritmo que ya resulta preocupante. Se trata de la duda sobre el rol de Alberto Fernández, que no solo obsesiona al oficialismo sino también a la oposición. Todos se preguntan, lo cual es lógico para un momento de crisis como el actual, de qué trabaja realmente el Presidente. Aunque la respuesta todavía es de final abierto, ya se pueden ver algunos indicios para resolver el enigma.

Desde la creación misma del Frente de Todos como artefacto electoral, se explicó la figura de Alberto Fernández como una especie de moderador de las tendencias naturales de Cristina Kirchner y su entorno incondicional. Con esa cláusula de encapsulamiento de la intensidad cristinista, Alberto Fernández logró convencer al peronismo y a medio país para que lo eligieran presidente, sin hacerle preguntas incómodas sobre si tenía un plan propio de gobierno o no. Del otro lado de la grieta, muchos argentinos también se conformaron con la modesta y tácita promesa de que el Presidente podría contener a Cristina, limando los bordes filosos de su habitual modo de ejercer el poder. La función de Alberto sería parecida a la de un acompañante terapéutico. Una especie de guardián de los excesos, las obsesiones y los brotes emocionales, que permite continuar con la vida cotidiana en un entorno de aparente normalidad, como si nada raro pasara alrededor.

Ese oficio de acompañante terapéutico que el Presidente ensaya cada día con más dedicación respecto de su Vicepresidenta, ahora se extiende al resto de los argentinos, incluso los macristas. La enésima nueva fase de cuarentena, que comienza formalmente hoy, consagra a Alberto Fernández como un vigilante de nuestros impulsos vitales de socializar, más allá de los meetings virtuales. Los retos presidenciales a la población por no reprimirse lo suficiente luego de cuatro meses de aislamiento preventivo son una versión un poco más paternalista del papel de acompañante terapéutico que ya venía mostrando respecto de la impaciencia del cristinismo por romper el corset de la realidad vigente.

No sabemos cómo se las arregla Alberto para ejercer ese rol moderador de Cristina en la intimidad de sus charlas privadas, pero sí vemos cómo su humor y su semblante se endurecieron en el transcurso de su medio año de mandato. Aunque ni Cristina ni el resto de los argentinos estamos locos, al Presidente terapéutico cada vez le pesa más contenernos dentro de la nueva normalidad. El peso creciente de su rol se le nota en el cuerpo, en las encuestas y en el discurso oficial resignado, pero por ahora no se le ocurre otro personaje para gobernar con más vitalidad: todavía le queda otro medio año antes de que arranque de nuevo la carrera electoral. Para entonces, tal vez aparezca un nuevo Alberto Fernández.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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