Lunes 28 de septiembre, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 17-08-2020 20:08

El virus que ganó la calle

Las críticas epidemiólogicas de los analistas del 17A taparon un diagnóstico que el Gobierno empieza a tomar más en serio.

Todo indica que el oficialismo perdió la pulseada por el 17A. Lo que no queda muy claro es contra quién. A pesar de que los formadores de opinión kirchneristas le venían bajando el precio a los banderazos anti Gobierno, el equipo de Alberto Fernández fue tomando conciencia durante la tarde del feriado sanmartiniano que algo estaba ganando la calle contra su voluntad, sus pronósticos y el historial peronista. Despabilados por los bocinazos que insistían tras los muros del búnker de Olivos, se dieron cuenta de que relativizar con juicios peyorativos el peso de la movilización no sólo fue inútil sino también contraproducente.

 

La primera reacción ante la convocatoria del 17A fue la de criticarla epidemiológicamente. No solo lo hicieron funcionarios, militantes y periodistas del oficialismo, incluso se sumaron -de buena fe- opinólogos antigrieta: fue curioso ver tantos periodistas y politólogos ensayando análisis infectológicos de la marcha anti K, en lugar del tradicional análisis de su signficado y consecuencias políticas. El problema de reducir todo al denominador común sanitario es precisamente repetir lo que el Gobierno venía haciendo desde hace meses, y que en la propia Casa Rosada empiezan a dudar de su eficacia y conveniencia. 

 

Guste o no, el devenir económico se impone y la psicología colectiva se inclina a la desobediencia de la cuarentena, incluso entre los simpatizantes albertistas, que lo hacen con culpa y disimulo, empujados por la inercia de la vida cotidiana. Si de verdad fuera tan viable la opción de frenar la pandemia con aislamiento social indefinido, el virus no seguiría teniendo al mundo en jaque, como paradójicamente nos recuerda todo el tiempo el Presidente en sus mensajes. Salvo que sigamos creyendo que la Argentina está condenada al éxito también en la crisis global del Coronavirus: a esta altura del año, el clamor K contra los anticuarentena se apoya más en la presunta excepcionalidad nacional que en la evidencia sociológica que muestra la dificultad del resto de los habitantes y gobiernos del planeta para seguir apostando al encierro como medicina antiviral.

 

La impotencia que exaspera al oficialismo lo lleva a cometer otro error de apreciación: suponer y/o instalar la idea de que el banderazo fue orquestado por Cambiemos y algunos medios amigos. No hay duda de las adhesiones y entusiasmos que genera en muchos filomacristas el volumen de la convocatoria al 17A, pero eso no demuestra que sus beneficiarios hayan sido sus organizadores principales. Es más, al insistir con esa lectura de supuesta sutileza conspirativa, la “intelligentsia” K le hace un tremendo favor al disperso y confundido elenco posmacrista. Más interesante sería indagar -incluso desde la mirada nac&pop- en qué sentido el banderazo expresa un espacio opositor desbordado por sus propias bases, que no se sienten contenidas ni interpretadas por su dirigencia.

 

Quizás el oficialismo no quiera meterse en este delicado terreno de la representatividad de los dirigentes, en un momento donde el propio Presidente pierde por goteo -según avisan las encuestas- la confianza del ciudadano neutral y -según marcan los tuits de la Vicepresidenta- la fe ciega de la hinchada cristinista. Por eso es más cómodo hacer como el avestruz, y hundir la cabeza en la tibia oscuridad de la grieta ideológica.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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