Viernes 23 de octubre, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 12-10-2020 15:12

Los banderazos y la “impunidad de rebaño”

En la confusión de la pandemia ingobernable, los argentinos se agrupan, no para unirse sino para eludir responsabilidades.

Como en cada feriado de efemérides, miles de argentinos movilizados en las redes sociales se agrupan hoy en varios puntos del país para protestar contra las autoridades, vagamente aglutinados por la bandera nacional. Este nuevo banderazo opositor tiene la particularidad de proponerse como una especie de contrapunto anticipado al banderazo oficialista que se organiza para conmemorar el Día de la Lealtad peronista, otro brumoso amuchamiento simbólico que une detrás de una consigna menos clara de lo que parece. Mientras el mundo sigue debatiendo sobre la eficacia de la “inmunidad de rebaño” contra la pandemia, en la Argentina se aprovecha la histeria generalizada para esconderse tras la impunidad de un rebaño donde ningún líder se hace cargo de nada.

 

Aunque los funcionarios kirchneristas etiquetan sin dudar los banderazos como operativos coordinados por el macrismo, en la oposición no se ponen de acuerdo sobre la conveniencia o no de apoyar estas movilizaciones que por momentos huelen demasiado a un “que se vayan todos” en clave conspirativa, con argumentos que no siempre coinciden ideológicamente con la doctrina PRO. El periodismo militante tampoco ayuda a esclarecer esta paradoja política. Los medios opositores tratan de inflar la prédica anticristinista, soslayando el reclamo generalizado a toda la clase política. En cambio, los medios oficialistas se enfocan en darle voz protagónica a los manifestantes más rabiosos y delirantes, para demostrar el terraplanismo golpista de cada banderazo anti K.

 

Pero ensañarse contra el rebaño antisistema que periódicamente se autoconvoca en el Obelisco desafiando cuarentenas y modales cívicos es una manera de no ver una tendencia más amplia que se adueña de la dinámica social y política argentina. Las últimas tomas de tierras y los alzamientos gremiales de la policía bonaerense también esconden, detrás de justos reclamos colectivos, algunas responsabilidades individuales que se diluyen en la lógica de rebaño inimputable. Incluso el acto de empoderamiento del Presidente que planea la CGT para el 17 de octubre supone un gesto de unidad muy discutible: la consigna implícita es apoyar a Alberto Fernández en contra del dominio de facto de su Vicepresidenta. La intención presidencial es mediar y amalgamar a dos bandos que se acusan mutuamente por lo bajo de corrupción, vagancia burócrata y autoritarismo hereditario. Unidos menos por el amor que por el espanto de verse expuestos en sus pecados, el Día de la Lealtad encontrará a todos los fragmentos de la coalición peronista marchando -física o virtualmente- detrás de una misma bandera que oculte su irresponsabilidad personal en una crisis nacional que los interpela.

 

El gran sustento intelectual de este reinvento argentino de la “impunidad de rebaño” es la campaña anti Lawfare que distrae a la administración Fernández de la emergencia sanitaria y económica que ocupa al resto del planeta. Con la teoría del Lawfare en mano, el kirchnerismo pretende liberar de culpa y cargo a todo su elenco estable, dejando así a la sociedad sin la idea de que la corrupción tiene condena firme en la Argentina. Ahora que el Lawfare empieza a darse vuelta contra los exfuncionarios macristas, la moraleja colectiva es que nadie es culpable de nada en una clase política llena de sospechosos. 

 

Ni siquiera hay responsabilidades individuales por las malas praxis políticas. Del fracaso de la pandemia, el Gobierno acusa a la oposición, y viceversa, aunque finalmente la culpa de la dirigencia se reparte democráticamente en toda la población, sospechada de no haberse aislado lo suficiente. Y en medio de la debacle cambiaria, productiva y sanitaria que ensombrece el primer año del nuevo gobierno, el liderazgo anterior que hoy está en el llano aprovecha el río revuelto para eludir cualquier pedido de autocrítica que incluso resuena hacia adentro de Juntos por el Cambio. Si todos estamos contagiados de culpa por el fracaso nacional, entonces a nadie le toca hacerse responsable. Para evitar la desagradable salida clásica a las crisis que carga todo a la cuenta de algún chivo expiatorio, el país busca salvarse con la “impunidad de rebaño”. La cura no aparece, y el pronóstico es reservado.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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