EN LA MIRA DE NOTICIAS | 05-12-2019 22:48

Macri encadenado

La cadena nacional fue uno de los últimos decretos evitables del presidente saliente. La trampa de comunicar lo incomunicable.

¿Fue una buena idea la cadena nacional? El propio Mauricio Macri festejaba públicamente no haber caído en la tentación de usarla durante su mandato… y ahora esto: una cadena legal, corta y sobria. Pero también innecesaria.

Nada de lo que dijo el presidente saliente sorprendió o le agregó verdades a la propaganda habitual que difunde su Gobierno. Los mismos números, ciertos pero en varios casos discutibles en su interpretación, como el que festeja el superávit comercial por la caída de importaciones, que bien podría leerse como el síntoma de una economía frenada.

Más allá de la redundante persuasión de los ya convencidos votantes PRO, la cadena nacional no hizo otra cosa que subrayar de nuevo la frialdad incurable de Macri a la hora de conectar con el drama humano que deja su gestión, con índices record de pobreza, en un escenario intoxicado de inflación, endeudamiento y recesión. Si no encontró las palabras, los gestos y los tonos superadores para hablar de este aspecto desastroso de su balance, ¿para qué hablar, y encima imponiendo su impotencia discursiva por decreto a todos los televidentes, incluso a quienes lo odian sin remedio?

La explicación debe buscarse por el lado más superficial. Esta cadena forma parte de otra cadena de actos de despedida que siguen durante el fin de semana, con el módico y algo infantil propósito de tapar el desembarco mediático del kirchnerismo en la Casa Rosada. Se trata de llamar la atención, tratando de contrarrestar con mucho relato propio el relato contrario, tirándose mutuamente por la cabeza las respectivas herencias recibidas.

Son las mezquindades esperables de la política, es cierto, pero se suponía que el macrismo venía a liberarnos de ese mal, no a sumarse a esas mañas de la Argentina que habla mucho y hace poco. Pero no: con un estilo diferente al de Cristina, Macri se entregó al mantra palaciego que insiste en que gobernar es comunicar. Incluso intentó dar vuelta una elección perdida con la fórmula antipática de jurar que “ahora te escucho y por fin te entiendo”, lo cual implica sin querer que pasaron cuatro años de malentendidos con la gente que más sufrió el modelo Cambiemos.

Errores comete cualquiera, la cuestión es quién es capaz de aprender lecciones profundas de sus tropiezos de gobierno: esos se reciben de estadista.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Editor Ejecutivo y columnista de Radio Perfil.

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