Martes 28 de septiembre, 2021

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 24-08-2021 16:22

Piedras y cascotazos

La fallida utilización que la política quso hacer de la marcha por las víctimas de la pandemia. Forster, Vidal y otros intentos.

Aunque esta columna se refiere a la “Marcha de las piedras”, no tiene la intención de opinar sobre los modos de manifestar públicamente el dolor por la pérdida de seres queridos en circunstancias tan extremas como las que forzó la pandemia. En todo caso, sí plantea una reflexión sobre las opiniones vertidas, a favor y en contra, tanto de la marcha como de sus derivaciones inmediatas. La idea es muy simple: el autor de estas líneas sospecha que el episodio de las piedras permite observar, con un grado mayor de nitidez, el borroso escenario ideológico que atraviesa la Argentina.

Para empezar, tratemos de descifrar un par de reacciones oficialistas a la marcha. Una de las más sonoras fue la del intelectual bastante orgánico Ricardo Forster, a quien le pareció “que ahí no había duelo, sino odio y bronca”. El asesor de Alberto Fernández puso en paralelo ese homenaje a víctimas del Covid-19 con lo que calificó como “una estrategia de destrucción de la figura del Presidente de la Nación de parte de los medios hegemónicos”. Negar que un proceso de duelo tenga entre sus fases o componentes la bronca y hasta el odio es, como mínimo, discutible. Mucho más si se trata de un duelo colectivo por una tragedia masiva que, acaso inevitablemente, se politizó día tras día, al ritmo de las malas noticias, que surgieron y circularon más allá de los esfuerzos mediáticos hegemónicos o antihegemónicos por ampliarlas o achicarlas. Todos tenemos seres queridos que fueron víctimas del virus y a quienes no se nos permitió acompañar como hubieran merecido: y ni siquiera pudimos verlos por televisión, ni la pública ni las privatizadas.

Si el gesto de Forster fue considerar las piedras como piedrazos, cabe evaluar si la Casa Rosada tomó -o no- esas piedras como cascotes molestos. La decisión de juntar esos símbolos de memoria dura de la noche a la mañana, mudándolos del desorden de la plaza pública hacia el interior custodiado del palacio presidencial dio lugar a interpretaciones divergentes. Tanto es así, que incluso la famosa “grieta” no alcanza en este caso para ordenar el debate.

Antes que sumar otra opinión periodística más a la confusión general, les propongo poner el foco en algunas reacciones del lado opositor, cuyos resultados son, por lo menos, llamativos. El periodista Hernán Iglesias Illa, ex funcionario cercano a Marcos Peña y colaborador clave en la realización del libro firmado por Mauricio Macri, tuiteó que la instalación de piedras puertas adentro de la Rosada “es un gesto de inusual delicadeza y viveza política” del Gobierno. La catarata de respuestas que recibió fue, en buena medida, de indignación y desacuerdo, de parte de tuiteros que no parecían en su mayoría trolls de Milei & Espert, sino votantes de Juntos con ganas de mostrar su bronca.

Del otro lado de las PASO que dividen por ahora a los cambiemitas, Karina Banfi, diputada radical que apoya a Facundo Manes, resultó virtualmente lapidada por centenares de tuiteros anti K, que reaccionaron iracundos ante el simple posteo de la foto oficial de las piedras reacomodadas, junto al comentario: “Honramos a nuestros muertos. Ahora en guarda en la Casa Rosada.” Todavía peor le fue a María Eugenia Vidal, por un tuit que ni siquiera hablaba del traslado gubernamental de las piedras, sino que se sumaba, criticando al Gobierno, al hashtag #MarchaDeLasPiedras.

Los retrucos agresivos de la opinión pública viral a referentes opositores que trataron de acompañar con cierta moderación la marcha convocada desde Twitter incluían la denuncia por una apropiación indebida de las piedras por parte del Gobierno, pero también sostenían la idea de la complicidad y/o la cobardía opositora ante la gestión K de la pandemia. Incluso muchos se cebaron con la provocativa comparación entre la memoria de las piedras en la Plaza de Mayo con la que evocan los pañuelos blancos pintados en el mismo lugar. Todo mezclado, en un país donde la palabra política se aproxima al grado cero de significación, y donde hasta la roca más tersa y sublime se puede convertir en cascotazo.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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