Viernes 14 de agosto, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 10-07-2020 14:57

Qué hace el Presidente con la grieta

A medida que aumenta la conflictividad entre los bandos que dividen a la Argentina, Alberto Fernández no decide si es juez o parte.

En uno de los feriados patrios más caldeados de los últimos tiempos, volvió a quedar en evidencia el dilema originario de Alberto Fernández. Aunque el Presidente declare que vino a terminar con la grieta, por ahora se sigue profundizando. Y no se sabe si Fernández busca superar la división nacional poniéndose por encima para neutralizarla -o al menos moderarla- como haría un árbitro, o si, por el contrario, su plan es encabezar la avanzada final kirchnerista para someter a sus opositores a una tregua permanente, lo más parecida posible a una rendición incondicional.

En cualquiera de los roles, el Presidente necesita más autoridad de la que tiene. Si decide ser juez en la pulseada de la grieta, debe hacer algo pronto para mostrarle a la mitad del país anticristinista que él no es apenas el Cámpora de la jefa del Movimiento. Ese problema estaba planteado desde el minuto cero de la candidatura que Cristina Kirchner le ofreció a Alberto Fernández, pero continúa irresuelto, y acaso agravándose. Si en lugar de ser juez, el Presidente opta por ser parte del tironeo colectivo, poniendo su investidura al servicio de una lucha facciosa en la que no hay inocentes, entonces deberá prepararse para un escenario de conflicto cívico áspero comparable con las peores crisis sociales e institucionales de la Argentina.

La pandemia y la cuarentena, con su lógica de miedo e inmovilidad que contagia al planeta, quizá le hizo imaginar a Alberto Fernández que gozaría de una especie de luna de miel forzada con la sociedad, alargada en el tiempo mucho más allá de los cien días considerados habituales. Pero aunque algo de eso ocurrió, ese matrimonio forzado por el espanto sanitario está empezando a mostrar su costo oculto, con una agresividad social reprimida que amenaza con estallar como una olla a presión llena de angustia doméstica, pánico económico y rencor ideológico, salpimentada con brotes clasistas y discriminatorios.

Consciente de este cuadro delicado, el Presidente puede que apueste a gobernar aprovechando la grieta o tolerándola con resignación. También podría ser, si creemos en sus discursos, que su objetivo sea terminar con esa fractura social por las buenas. No sabemos, entonces, si está construyendo su autoridad dividiendo para reinar, o si, por el contrario, trata de empoderarse buscando legitimidad como el gran árbitro nacional. Lo cierto es que, por ahora, la marea de la furia colectiva sigue subiendo, y la historia argentina advierte que podría taparnos a todos.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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