Thursday 3 de September, 2026

ESPACIO NO EDITORIAL | 03-08-2026 08:39

No soy tan indispensable como creía

A veces creemos que hacernos cargo de todo es una forma de cuidar, de ser importantes o de demostrar cuánto podemos. Hasta que entendemos que vivir siendo indispensables también tiene un costo: no saber soltar, pedir ayuda, confiar y, sobre todo, permitirnos vivir más allá de aquello que los demás necesitan de nosotros.

Durante muchos años confundí estar para todos con ser importante. Resolver. Hacerme cargo. Estar pendiente. Ser el que tenía la respuesta cuando aparecía un problema. Y, de alguna manera, que me necesitaran también me hacía sentir valioso.

No soy tan indispensable como creía

Hasta que aparece una pregunta bastante incómoda:

¿Cuánto de nuestra necesidad de ser indispensables tiene que ver realmente con los demás… y cuánto tiene que ver con nosotros?

En la consultora tenemos muchas conversaciones de este tipo.

Sobre todo con empresarios que llegan a determinada etapa de su vida —muchas veces alrededor de los 40— y empiezan a mirar de otra manera aquello que construyeron.

La empresa sigue importando. Muchísimo.

Pero también empieza a importar el resto.

La familia.
Los vínculos.
El tiempo.
La posibilidad de estar en un lugar sin estar pensando en lo que quedó pendiente en otro.

Y entonces aparece una tensión.

La empresa creció, pero nosotros seguimos funcionando como cuando recién empezábamos y había que estar en absolutamente todo.

Alexis tiene 37 años y durante más de diez estuvo prácticamente solo al frente de su negocio.

Con el tiempo no sólo fue tomando cada vez más responsabilidades dentro de la empresa. También empezó a cargar con buena parte de las responsabilidades económicas de su familia.

Un día me contó algo que me quedó dando vueltas.

“Mis colegas me decían: ‘Che, miralo a Alexis. Está solo con todo. Encima se hace cargo de los gastos más pesados de la familia y de la empresa’. Durante años pensé que me estaban felicitando.”

Hasta que logró escucharlo de otra manera.

“Después entendí que también me estaban cuidando. No me estaban diciendo que era un héroe. Me estaban mostrando que estaba cargando demasiado.”

Y entonces dijo algo todavía más difícil:

“No soy tan indispensable como creía. Y vivir como si lo fuera me estaba haciendo mal.”

Creo que muchos aprendimos a mirar la capacidad de hacernos cargo como una virtud.

Y lo es.

El problema aparece cuando deja de ser una capacidad y se convierte en nuestra única manera de vivir.

Cuando tenemos que saber todo.
Controlar todo.
Resolver todo.

Cuando creemos que explicar demora más que hacerlo nosotros. Cuando pensamos que nadie va a hacerlo exactamente como nosotros. Y probablemente sea cierto. Nadie va a hacerlo exactamente como nosotros.Pero ése quizás sea justamente el punto.

Porque si todo depende de una sola persona, no construimos una organización fuerte.

Construimos una organización dependiente.

Y esto rara vez queda solamente dentro de la empresa.

Somos la misma persona cuando entramos a trabajar y cuando volvemos a casa.

Si nos cuesta pedir ayuda en el trabajo, probablemente también nos cueste afuera.

Si delegar nos genera ansiedad, quizás confiar también.

Si necesitamos controlar cómo hacen las cosas los demás, tal vez haya algo más profundo que una simple preocupación por que las cosas salgan bien.

Pedir ayuda también se aprende.

Confiar se aprende.

Delegar se aprende.

Aceptar que otra persona puede hacerlo distinto —y aun así hacerlo bien— también se aprende.

Y quizás una parte importante de crecer como líderes sea ésta:

dejar de construir equipos que nos necesiten para empezar a construir equipos en los que podamos apoyarnos.

Hace poco otro empresario me dijo una frase que no olvidé:

“Estoy empezando a sacarme alfileres de la cabeza.”

Me pareció una imagen extraordinaria.

Esos pequeños asuntos que llevamos clavados todo el día.

Lo que falta pagar.
La decisión pendiente.
El llamado que nadie hizo.
El problema que sólo nosotros sabemos resolver.

Uno detrás de otro.

Hasta que terminamos acostumbrándonos a vivir así.

Quizás cuidarnos también tenga que ver con empezar a sacar algunos de esos alfileres.

Con confiar un poco más.

Con compartir la carga.

Y con descubrir algo que, al principio, puede resultar incómodo pero después se vuelve profundamente liberador:

no necesitamos ser indispensables para ser importantes.

Leonela Agustina Cocco
Senior Coach Ontológica Ejecutiva y Corporativa (Mat. 2929 AACOP)

Contadora Pública (Mat. 4580 CPCCER) · Consultora de Empresas

Fundadora de TRION Espacio de Desarrollo

 

por CONTENTNOTICIAS

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