viernes, febrero 21, 2020

SOCIEDAD | 25-01-2020 09:59

Cabezas (o la Ley en manos de asesinos)

Las dos imágenes que resumen el ridículo y pornográfico funcionamiento de esta Argentina que defino, con benevolencia, como imposible.

Este 25 de enero se cumplen 23 años del asesinato de José Luis Cabezas. Para quienes trabajamos en Perfil y fuimos sus compañeros, el 25 de enero es una fecha donde siempre se concentran sensaciones mezcladas, recuerdos emotivos, heridas que no cierran y también evocaciones alegres. Porque trabajar con José Luis fue una permanente generación de experiencias, aprendizajes profesionales y anécdotas divertidas. Algunas increíbles.

Pero el caso Cabezas es, también y sobre todo, un hito de esta Argentina imposible. Hubo un juicio de algún modo ejemplar. A principios del 2000, después de tres años de una investigación que fue por cualquier lado, la cosa se enderezó: todos los culpables fueron presos. Pero la vuelta de la burocracia, la chicana judicial, la politización y las manganetas en los tribunales, los fueron dejando a todos libres.

Me concentro en dos imágenes que resumen el ridículo y pornográfico funcionamiento de esta Argentina que defino, con benevolencia, como imposible. El abogado de los cuatro delincuentes comunes que secuestraron, golpearon y llevaron a Cabezas a una muerte bestial, hoy es casi una celebridad de los programas de chismes. Se llama Fernando Burlando. 

Pero lo más incomprensible y lacerante es que el policía que organizó a esa banda de delincuentes comunes, Gustavo Prellezo, es abogado con matrícula en la Capital Federal. Voy a hacer una aclaración, aún con los dientes apretados y sensaciones espantosas: soy partidario de la reinserción social de quienes cometieron delitos y pagaron sus condenas. Pero Prellezo no cumplió su condena y aún hoy goza de su libertad asistida. Y parece un insulto al sentido común que se lo deje reinsertar como auxiliar de la Justicia, porque los abogados son eso, aunque a veces no parezca. 

También lo son los policías. Y él como policía se dedicaba todos los veranos a organizar banditas de asaltantes en la costa. Hasta que un día esa bandita de asaltantes dejó de robar para, bajo sus órdenes, seguir, secuestrar, golpear y llevar a una muerte espantosa a una persona a la que balearon en la nuca y prendieron fuego adentro de un auto. 

En manos de ese policía maldito, ahora la sociedad está poniendo la defensa de la ley. Qué noción íntima de la ley tiene un policía que robó y mató, encabezando una asociación ilícita para ganar la ventaja de un negocio personal con el empresario Alfredo Yabrán en Pinamar. 

Que Gustavo Prellezo se reinserte defendiendo la ley marca el límite entre un país imposible y un país absolutamente asqueroso. Ya no se trata de José Luis Cabezas, hace 23 años que no está. Se trata de la dignidad de los que seguimos vivos.

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Edi Zunino

Edi Zunino

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