SOCIEDAD | 17-07-2021 00:07

David Morgan y la guerra de Malvinas: de verdugo a compañero

El piloto inglés que más argentinos derribó, se hizo amigo de uno con el que luchó y conoció al hijo de uno que mató. Hundimiento del Belgrano y el encuentro con Thatcher.

El Obelisco está teñido de azul y blanco y parece como si vibrara con el piso. La Selección salió campeona y hay una multitud en el corazón de la Ciudad que no se puede quedar quieta. Aunque el partido fue en el Maracaná, aunque el rival era Brasil, a pesar de que el torneo era sólo entre equipos americanos, a pesar de que pasaron casi 40 años, hay miles de gargantas unidas con una misma consigna: “El que no salta es un inglés”.

Pese a que nadie podía imaginar que, de la mano de Lionel Scaloni, Argentina iba a alcanzar el esperado triunfo, algo similar a lo que se vivió en el centro porteño se le pasó por la cabeza a David Morgan el 3 de mayo del 2020. Aquella mañana, en su casa en Shaftesbury, se encontró con un mail inesperado: la Editorial El Cazador le ofreció traducir al castellano y publicar en este país, por primera vez, su libro “Cielos Hostiles”.

David Morgan: Me preocupaba que se viera como algo político, y aunque estoy seguro de que a mucha gente le va a enojar, espero que a algunos les guste y lo vean como lo que es: una versión muy personal de lo que fue la guerra.

Morgan no es un piloto más de la Royal Air Force. En las 50 misiones que hizo durante el conflicto de Malvinas, a bordo de un Sea Harrier, hundió a un barco y derribó a dos helicópteros y dos aviones (además de otro que terminó estrellándose en el mar), lo que lo convirtió en el máximo “As” de toda la guerra y merecedor de la “Distinguished Service Cross”. En el 2006, luego de un largo período de luchar contra el estrés post traumático, se sentó durante todo un año para escribir, usando los apuntes que había tomado en un cuaderno en aquel entonces, su historia.

Las más de 300 páginas que tiene el libro no son para cualquiera, en especial para aquellos que crean que en Malvinas hubo una batalla de buenos contra malos, o que en general son esas fuerzas las que se enfrentan en una guerra. Sin menospreciar las reivindicaciones soberanas sobre las Islas, “Cielos hostiles” describe con crudeza una realidad que puede no ser fácil de aceptar: que de uno y otro bando había jóvenes con sueños, miedos, y familias, muchos más parecidos entre sí que los relatos que ambos lados de la grieta construyeron en aquel momento y siguen construyendo casi cuatro décadas después. “Dos helicópteros cayeron cerca de la costa y me quedé horrorizado al escuchar que los sobrevivientes habían sido ametrallados en el agua. Después de todo, podría haber sido yo cayendo en paracaídas con un grupo de argentinos enojados debajo de mí”, cuenta Morgan -que cuando comenzó la guerra tenía 35 años, una esposa y dos hijos esperándolo- en un pasaje de su libro. ¿Dónde estaban los héroes y dónde los villanos en aquel frío 1982? ¿O había de ambos en los dos bandos? Esto piensa Morgan, que al día de hoy llama amigo a un piloto argentino y hasta viajó a las Malvinas con el hijo de otro combatiente argentino al que derribó (ver recuadro).

Noticias: Se hizo amigo de un piloto argentino, pero ¿piensa cómo lo recibirían en este país en el que se canta “el que no salta es un inglés”?

Morgan: Creo que cualquiera que haya volado en la Fuerza Área Argentina o en la Marina seguramente me recibiría como un amigo. Cómo el público general me podría recibir realmente no lo sé, pero todos los pilotos del mundo se llevan bien. Si no fuera por la guerra, seguramente nos hubiéramos invitado cervezas en un bar.

Noticias: Durante toda la historia se intentó explicar y entender a las guerras. Usted estuvo en una. ¿Qué son?

Morgan: Fue algo que me hizo concentrarme más que en cualquier momento de mi vida. Sabía que era muy fácil que me asesinen y era muy fácil que el enemigo matara a mis amigos. La reacción general cuando matan a un amigo es que te enojás, preguntas por qué a él, duele y después te das cuenta de que estás en una guerra y esto es lo que pasa. No es lindo, no es linda una guerra. No debería ser necesario tener que luchar así, deberían poderse hablar las cosas, pero desafortunadamente para nosotros, los soldados, ese no es nuestro problema: tenemos que ir y hacer lo que deciden los políticos, siempre que sea legal. En este caso los dos lados sintieron que era un conflicto justo, y los dos sintieron que tenían el derecho a luchar.

Noticias: ¿Cuál piensa que sería una buena resolución ante el reclamo argentino sobre las Islas?

Morgan: Pienso que cualquier resolución debería estar basada en los deseos de los que viven ahí. Creo que podría haber habido algún tipo de acuerdo para compartir el poder antes de 1982, pero la invasión lo hizo imposible. Los isleños luego han votado en favor de permanecer como Territorio Británico en más del 99%.

Noticias: En el libro toca un tema espinoso para los argentinos: la participación de Chile en la guerra, con la historia que cuenta de un periodista de la BBC que recibe información sobre la ubicación argentina de parte de un funcionario chileno. ¿Sabía en ese momento que Chile ayudó? ¿Cuánto colaboró ​​Chile? ¿Qué opinión te mereces?

Morgan: Sí, sabíamos que Chile nos estaba dando inteligencia, y a cambio les dimos unos viejos aviones y motores Hunter. Estuvimos felices de utilizar cualquier ayuda disponible.

Noticias: Otro tema espinoso que toca el libro es el hundimiento del Belgrano. Usted dice que estuvo bien, que no tuvo dudas de que era lo correcto. ¿No hay controversia porque fue más allá de la zona de guerra?

Morgan: Sabíamos que el Belgrano planeaba realizar un ataque en “pinza”, coordinando con el grupo 25 de Mayo al norte de las islas. Hubiéramos estado mal ubicados si eso hubiera sucedido y hubiéramos tenido que hundir a uno de los grupos. En ese momento no estábamos seguros de la posición del 25 de Mayo, pero el Belgrano estaba siendo seguido por el Conqueror. El Belgrano giró hacia el oeste hacia una zona de aguas poco profundas, donde el submarino no podía seguirlo con seguridad, y se tomó la decisión de hundirlo antes de que perdiéramos contacto. El Capitán del Belgrano ha manifestado que tenía la intención de volver a girar hacia el este y pasar al sur de las islas, por lo que creo que fue un ataque válido. Como marineros, nos entristeció profundamente la pérdida de vidas, pero la guerra es algo desagradable y suceden cosas horribles. Si el Belgrano no hubiera sido atacado, bien podría habernos atacado en cuestión de horas.

Noticias: Tatcher es una figura mítica en Inglaterra y también en Argentina. Aquí se la ve casi como la reencarnación del diablo para muchos. Usted la conoció: ¿cuál es su imagen de ella?

Morgan: Era una mujer muy inteligente y decidida a la que este país le concedía un gran respeto. Como persona, era cortés, pero ella esperaba que le dijeran la verdad, ¡sin tonterías! Puedo entender por qué a los argentinos no le agrada, pero debes aceptar que estaba reaccionando a una invasión armada de una tierra aceptada internacionalmente como un territorio británico. ¡A nosotros tampoco nos gustó mucho Galtieri!

Noticias: En el libro cuenta de la bronca que tenía cuando asesinaban a un amigo, enojo que llegaba al punto de que usted quería salir a asesinar a los responsables. ¿A dónde fue esa bronca? ¿Cómo la procesó?

Morgan: Tomó un muy largo tiempo. Todavía tengo problemas, todavía me pongo triste, aunque ahora lo puedo manejar mucho mejor. Todos los que estuvieron en la guerra cambiaron de alguna manera, y en Inglaterra se suicidaron el doble de veteranos que los que murieron en la batalla. Es un gran problema, como en todas las guerras.

Noticias: ¿Esa tristeza se reabrió cuando tuvo que escribir el libro?

Morgan: Sí, en algunos sitios sí. Hubo un capítulo que me costó muchísimo escribir, uno en el que un amigo con el que venía volando se mató a sí mismo en el agua, en un accidente. No podía terminar esa parte de la historia y me di cuenta de que no podía hacerlo porque me daba culpa seguir vivo, porque se suponía que iba a estar yo en ese avión. Después caí en que en verdad yo todavía no tenía permiso para viajar de noche, que fue el horario de aquel vuelo. De repente todo ese enorme peso se disolvió, me di cuenta de que no era mi culpa de que él estuviera en el avión que se mató. Esa fue la parte más difícil, pero cuando me di cuenta que me estaba castigando sólo lo pude terminar.

Noticias: O sea, lo ayudó el libro.

Morgan: Sí, ayudó un montón. También conocer a Héctor Sánchez, que me aceptó como un amigo inmediatamente.

Amigos. El 8 de junio de 1982 la Marina Británica perdió a 60 soldados, en lo que fue el mayor ataque que sufrió esa fuerza desde la Segunda Guerra. Arriba de ese desembarco en Bahía Agradable estaba Morgan. Aquel día se enfrentó a cuatro pilotos argentinos: tres murieron y sólo escapó uno, Héctor Sánchez.

Once años después, un amigo argentino que vivía en Inglaterra le contó a Morgan que Sánchez estaba en el país. Se conocieron y desde entonces son amigos, al punto de que volvieron juntos a las Islas. En uno de esos viajes se sumó Pablo Bolzán, hijo de Danilo, uno de los pilotos que luchó contra David y murió.

David Morgan con Héctor Sánchez y Pablo Bolzán.

 

Noticias: ¿Cómo fue conocer a Pablo?

Morgan: Fue genial. Él tenía dos años en aquel momento, y quería saber cómo había matado a su padre. Fuimos al lugar en donde sucedió, y pude estar frente a los restos con él y con Héctor y contarle cómo había sido.

Noticias: ¿No tenía bronca? ¿Y vos culpa?

Morgan: No, estaba agradecido de conocer la historia y armamos un pequeño altar. Fue un momento muy lindo. Y yo no tenía culpa, así es la guerra. Ellos hubieran hecho lo mismo conmigo, pero eso no significa que no podamos ser amigos.

Noticias: Voy a hablar de algo que no conozco, pero imagino que una cosa es estar volando en un avión y dispararle a otro avión, y otra es conocer al hijo del padre al que mataste. ¿Ahí cambia la ecuación?

Morgan: Una de las cosas que más me duele es que tanta gente haya muerto. A mí… los aviones argentinos habían atacado uno de nuestros barcos y sabía que habían matado a algunos de los muchachos en el barco. Eso me había puesto muy muy enojado. Definitivamente quería matar a los que manejaban esos aviones. Pero de nuevo, así es la guerra, no es linda. Fue muy triste que tanta gente haya muerto.

Noticias: Hay una escena en su libro en la que su hijo te despide antes de ir a las Islas, y te dice “no te preocupes, los ‘argies’ sólo tienen aviones viejos”. ¿Fue así? ¿Estaban los argentinos en desventaja material? ¿Lo sentiste durante la guerra? Aquí en Argentina existe la idea popular de que el gobierno militar envió a los soldados sin el equipo adecuado. Y una más en esta línea: ¿cómo era el soldado argentino? ¿Fue un enemigo formidable?

Morgan: Argentina tenía una gran ventaja en número y en facilidad de reabastecimiento. En el aire, nosotros teníamos 21 Sea Harriers contra alrededor de 140 Skyhawks, Daggers y Mirages. Esto nos hizo las cosas muy difíciles, incluso considerando que el SHAR era un avión nuevo. Nuestra principal ventaja era que nos habíamos entrenado extensamente contra otras fuerzas europeas y estadounidenses, y teníamos tácticas bien desarrolladas. Los pilotos argentinos presionaron sus ataques con valentía y vigor, y causaron una gran cantidad de daños a nuestros barcos. En el terreno, creo que nuestras tropas estaban mejor entrenadas para luchar en las terribles condiciones climáticas y probablemente tenían mejor moral. Muchos de los soldados argentinos eran reclutas sin experiencia y todos los nuestros eran hombres con mucha experiencia. Creo que nuestra moral y entrenamiento era mejor que el de los argentinos, pero también nosotros tuvimos grandes problemas con nuestro equipamiento.

David Morgan,

 

 

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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