Domingo 29 de enero, 2023

SOCIEDAD | 28-12-2022 14:51

Debemos dejar descansar a Messi

No soy psicólogo deportivo, pero soy fanático del fútbol, lo que me autoriza a opinar sin fundamento y a incurrir en todos los errores que se estila en la materia. Messi se recibió, ahora sí, de ídolo.

No soy psicólogo deportivo, aclaro antes de empezar. Pero soy fanático del fútbol, lo que me autoriza a opinar sin fundamento y a incurrir en todos los errores que se estila en la  materia. Y encima “somos” campeones mundiales y Messi se recibió, ahora sí, de ídolo. De manera inapelable. Quienes aún lo siguen discutiendo son un puñado de fanáticos del Real Madrid y algún otro dolido en su derrota. Si algo le faltaba a su habilidad indescifrable, a su visión del juego, a sus definiciones admirables, a los innumerables récords, a los balones de oro, a su sencillez y humildad dentro y fuera de la cancha, a esa Copa América que cicatrizó las heridas, si algo le faltaba todavía, era ser campeón mundial a los 35 años, en su quinto mundial y siendo figura en cada partido, guiando a un grupo de dementes adorables que lo seguían con fe ciega, como los reclutas de las patrullas seguían a su capitán en las películas de guerra de nuestra infancia. Y por si fuera poco, nos mostró que es posible levantarse del fango de la derrota y de los cuestionamientos salvajes que le hicimos, y seguir adelante y dar vuelta la historia, en un alarde de resiliencia.

Por eso no extraña que los adjetivos que se usan para describirlo hoy, aquí y en todo el mundo, son sobrehumanos. Pero ojo, la psicología de la idolatría es despiadada. ¿Si la pelota agónica de Kolo Muani entraba al arco argentino en ese minuto fatal, cuántos lo seguirían discutiendo y comparando con Maradona, nuestro otro ídolo admirado y denostado por igual, o con Mbappé? Es cierto, algunos, acaso muchos, entendimos que aunque no ganara el mundial la cuenta estaba saldada, lo disfrutamos, y merecía nuestro reconocimiento igual. ¿Pero si no hubiera ganado antes la Copa América reparadora, cuánto más se achicaría el circulo de sus defensores incondicionales? E incluso, ahora que ganó todo y que “ya está” como vociferaba hacia el palco de su familia al terminar el partido, todavía podemos pedirle más.

Que nos muestre el camino de la unión nacional, que sea ejemplo de esto y aquello, que diga lo que nos gusta escuchar, que sea el ídolo bueno, que juegue otro mundial a los 39, etc., etc. Porque la idolatría se trata de nosotros, no de él ni de lo que él haga. Se trata de pedirle, y sacarle, y ponerle lo que nosotros necesitamos para nuestras almas sedientas. Y se trata de nuestra ceguera. Él se redimió; nosotros los fanáticos, no. Seguiremos como zombis alimentándonos de ídolos, y ahora más que nunca tenemos el ídolo perfecto, completo. Y por eso, como psicólogo, no como fanático, me digo, dejemos descansar a este hombre excepcional en lo suyo, y no le pidamos nada más, por favor.

 

* Fernando Torrente, director del Instituto de neurociencias y políticas públicas de Fudndación Ineco.

por Fernando Torrente*

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