Unos 254 mil niños y niñas menores de 14 años viven en la Argentina en viviendas cuyos pisos son de tierra o ladrillo suelto, una situación de precariedad habitacional que no solo afecta las condiciones materiales de los hogares, sino que también tiene consecuencias sobre la salud, el juego y la escolaridad. El dato surge de una evaluación elaborada por Hábitat para la Humanidad Argentina a partir de información del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 y de la experiencia de un programa de mejoramiento de pisos desarrollado durante 2025. El informe advierte que, pese a la reducción registrada durante las últimas décadas, todavía existen alrededor de 253 mil viviendas en el país con este tipo de superficies, donde residen aproximadamente 823 mil personas. De ese universo, el 31% son menores de 14 años, es decir, alrededor de 254 mil chicos y chicas.
La dimensión del problema aparece con mayor claridad cuando se observa su evolución histórica. Según el informe, las viviendas con pisos de tierra o ladrillo suelto representaban el 5,4% del total en 1991 y descendieron hasta el 1,6% en el Censo 2022. Para la ONG, se trata de una expresión de alta precariedad habitacional que afecta a cientos de miles de personas y adquiere una gravedad particular cuando involucra a niños, por su incidencia potencial en el desarrollo cognitivo, la asistencia escolar y la aparición de determinadas enfermedades.
Los datos oficiales del INDEC utilizados por la organización forman parte de los resultados definitivos del Censo 2022, que relevó las condiciones habitacionales de las viviendas particulares y permitió desagregar la información por provincias, departamentos, partidos y comunas. El relevamiento considera como una de las categorías de material predominante del piso a las superficies de “tierra o ladrillo suelto”, diferenciándolas de materiales como cerámica, mosaico, baldosa, madera, vinílico, microcemento o cemento alisado.

La distribución territorial también muestra que el fenómeno no es exclusivamente rural. El 64,61% de las viviendas identificadas con pisos de tierra o ladrillo suelto se encuentra en zonas urbanas, unas 163.522 viviendas, mientras que 69.095, equivalentes al 27,3%, están ubicadas en zonas rurales dispersas y otras 20.485, el 8,09%, en zonas rurales agrupadas. La presencia de casi 70 mil viviendas en áreas rurales dispersas representa un desafío adicional debido a las dificultades de acceso y a la posible acumulación de otras carencias habitacionales y de servicios básicos.
En términos absolutos, la provincia de Buenos Aires concentra la mayor cantidad de viviendas con este tipo de pisos, con unas 45.042 unidades. Le siguen Salta, con 33.170; Santiago del Estero, con 26.172; Formosa, con 17.313; Chaco, con 16.769; Jujuy, con 16.764; y Corrientes, con 16.285. Pero cuando se mide el fenómeno en relación con el total del parque habitacional de cada provincia, el mapa cambia: Formosa registra el porcentaje más elevado, con 8,73%, seguida por Santiago del Estero, con 8,26%; Salta, con 7,93%; Jujuy, con 6,82%; y Chaco, con 4,48%.
El informe también permite observar quiénes son los hogares más afectados. Del total de viviendas con pisos de tierra o ladrillo suelto, el 53% tiene jefatura femenina y el 47% masculina. Además, el 72% está ocupado por sus propios propietarios, mientras que el 10% corresponde a viviendas prestadas, el 7% a viviendas alquiladas y el 3% a inmuebles cedidos por trabajo. Es decir, la problemática no se limita a familias que alquilan porque también alcanza a hogares propietarios que no cuentan con los recursos necesarios para transformar las condiciones estructurales de sus casas.
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La situación habitacional se vuelve todavía más crítica cuando se la relaciona con las condiciones económicas de las familias. La evaluación realizada sobre los hogares que participaron del programa muestra un fuerte nivel de vulnerabilidad. En materia laboral, el 37,2% de las personas en edad de trabajar tenía empleos informales, como changas o trabajos ocasionales, mientras que el 32,6% se encontraba desempleado. Los ingresos mensuales declarados oscilaban entre 120 mil y 900 mil pesos, con un promedio de 493 mil pesos, expresados a valores de septiembre de 2025.
La investigación de Hábitat para la Humanidad Argentina buscó determinar qué cambios se producían cuando esos pisos eran reemplazados o mejorados. El programa de Mejoramientos Específicos ofrece acompañamiento técnico y social a familias en situación de vulnerabilidad para intervenir componentes concretos de las viviendas, entre ellos instalaciones eléctricas, sanitarios, revoques y pisos. En el caso de los pisos, las obras abarcaron entre 20 y 40 metros cuadrados según las necesidades de cada vivienda. En algunos casos se construyó el contrapiso y la carpeta desde cero y, cuando ya existía un contrapiso adecuado, se entregaron los materiales necesarios para colocar la carpeta.
La organización complementó la obra con capacitación. Las familias participaron de dos encuentros presenciales: uno destinado a explicar la importancia de la aislación, el impacto de los pisos sobre la salud y el confort, y otro orientado a enseñar los procedimientos y materiales necesarios para construir un contrapiso y una carpeta. Después de la entrega de los materiales comenzó un acompañamiento socio-técnico, presencial o virtual, y la obra fue certificada una vez que los materiales estuvieron instalados y verificados por el equipo territorial.

Los resultados obtenidos después de las mejoras muestran cambios significativos en la vida cotidiana de las familias. Uno de los principales indicadores fue la reducción de enfermedades. En la comparación entre la situación previa y posterior a la intervención, la proporción de hogares que reportó enfermedades respiratorias descendió del 50% al 37,5%; las enfermedades de la piel bajaron del 35% al 25%; y los cuadros de diarrea pasaron del 35% al 12,5%. El informe relaciona estos cambios con una menor presencia de polvo y humedad y con una mayor facilidad para limpiar las superficies.
Los testimonios incluidos en la evaluación describen cómo esas condiciones afectaban especialmente a los niños. Una de las familias relató que antes de la intervención sus hijos se enfermaban con frecuencia, mientras que otra contó que un bebé debía concurrir reiteradamente al hospital por bronquitis y neumonía asociadas, según el relato familiar, a la humedad existente en la vivienda. La evaluación también registró referencias a cuadros de bronquiolitis, resfríos y tos que, de acuerdo con los entrevistados, disminuyeron después de la construcción de los nuevos pisos.
Otro de los cambios observados se produjo en el tiempo destinado al juego dentro de las viviendas. La campaña Más pisos, más juegos se desarrolla durante el Mes de la Infancia y busca sensibilizar sobre el impacto que tienen los pisos adecuados en la salud, la educación y el desarrollo infantil, convocando a individuos, empresas y organizaciones a sumarse a la solución. El promedio diario pasó de 4,2 a 4,9 horas después de la intervención. Las familias explicaron que antes el barro, el polvo y la humedad impedían que los niños jugaran libremente sobre el piso. En algunos casos, los adultos procuraban mantenerlos sobre las camas o dentro de determinadas habitaciones para evitar el contacto con la suciedad. Con las nuevas superficies, los chicos pudieron desplazarse por más sectores de la vivienda, sentarse en el piso, acostarse sobre una frazada y utilizar el espacio doméstico para jugar con mayor libertad.

La dimensión educativa también aparece entre los resultados. Las familias señalaron que los niños comenzaron a utilizar el piso para hacer tareas, leer o desarrollar actividades escolares de manera más autónoma. En uno de los testimonios, una madre contó que su hija comenzó a sentarse en el piso para realizar sus tareas y que incluso había mejorado su fluidez lectora. La evaluación aclara que estos testimonios no permiten establecer por sí mismos una relación causal entre la obra y el desempeño educativo, pero muestran cómo una modificación física de la vivienda puede generar mejores condiciones cotidianas para estudiar.
También se registró una reducción del ausentismo escolar. Las familias participantes informaron un promedio de 2,9 días de ausencia durante el mes previo a la intervención, cifra que bajó a 1,3 días en la medición posterior. El informe señala que el ausentismo tiene múltiples causas y que no puede atribuirse exclusivamente a la mejora del piso. Sin embargo, plantea como hipótesis plausible que la reducción de las enfermedades entre los integrantes de las familias haya contribuido a disminuir las faltas vinculadas con problemas de salud.

La importancia del informe radica, precisamente, en mostrar que detrás de una cifra de viviendas con pisos de tierra existe una problemática que atraviesa múltiples dimensiones de la vida familiar. No se trata solamente de caminar sobre una superficie precaria: la humedad, el barro, el polvo y las dificultades de limpieza pueden condicionar dónde juegan los niños, cuánto tiempo permanecen en determinados espacios, las posibilidades de estudiar en el hogar y la exposición a determinadas afecciones de salud.
El diagnóstico nacional, por lo tanto, plantea un desafío que sigue vigente pese a la mejora registrada durante las últimas décadas. Desde 1991 la proporción de viviendas con pisos de tierra o ladrillo suelto disminuyó de manera sostenida, pero todavía alrededor de 253 mil viviendas permanecen en esa situación y alojan a unas 823 mil personas. El dato más sensible es que aproximadamente 254 mil de ellas son menores de 14 años.
La conclusión de Hábitat para la Humanidad Argentina es que el mejoramiento de los pisos puede funcionar como una intervención relativamente concreta sobre una de las dimensiones de la precariedad habitacional, pero con efectos que se extienden hacia la salud, la economía familiar, el juego y la educación. La organización recomienda mantener y ampliar este tipo de iniciativas frente a la magnitud del déficit todavía existente. El desafío, según el informe, no es solamente reducir el número de viviendas con pisos inadecuados, sino intervenir sobre una de las condiciones materiales que reproducen desigualdades y que, durante los primeros años de vida, pueden marcar de manera cotidiana las posibilidades de jugar, aprender, desplazarse y crecer en un espacio saludable.
Desde la organización explicaron el compromiso social: "Hábitat para la Humanidad es un movimiento de personas, en Argentina y en todo el mundo, que trabajan juntas para construir comunidades más prósperas al garantizar que cada persona tenga un lugar digno, seguro y asequible para llamar hogar. En Argentina hemos acompañado a más de 4500 familias a construir su vida en sus términos mediante el acceso a viviendas dignas y asequibles. Lo hemos logrado al trabajar con ellas para construir, reparar y financiar sus hogares, al innovar en metodologías y al promover políticas que faciliten el acceso a la vivienda para todas las personas".
















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