SOCIEDAD | 20-06-2021 00:30

"La reacción conservadora": la lista de la discordia

El mapa que unió a personas por su filiación ideológica y religiosa desató un debate salvaje. Macartismo, denuncias y amenazas.

El debate público se convirtió en una especie de juego de estrategia para descubrir quién es el villano más malvado. La contracara de esta posición es obvia: donde no están los malos, son todos buenos. Esta forma, cada vez más extendida para discutir temas relevantes, se llevó al extremo esta semana con la publicación de la investigación periodística “La reacción conservadora” y las acusaciones salvajes que giraron a su alrededor. El trabajo consta de una serie de notas acerca del crecimiento de la “nueva derecha” y un mapa que mostraba las interacciones entre un universo relativamente heterogéneo de cuentas en redes sociales. Sus autores –un equipo integrado por los periodistas Ingrid Beck, Soledad Vallejos, Florencia Alcaraz, Juan Elman, Paula Hernández y Paula Rodríguez- denunciaron haber sido amenazados y los personajes “mapeados”, a su vez, afirmaron haber sido víctimas de una persecución ideológica. Mientras unos insistían en la importancia de visibilizar cómo opera un sector político en ascenso, otros hablaban de “listas negras” y de la “Gestapo Argentina”.

Los hechos podrían sintetizarse de la siguiente manera: el domingo 13 de junio, el Diario.ar publicó parte de la investigación “La reacción conservadora”. La nota incorporaba un link que dirigía al lector a un sitio donde se iba a publicar el material completo y en el que se incluía el mapa interactivo. Sin embargo, pocas horas después de estar online, el sitio se cayó. El equipo de periodistas denunció que la falla se produjo por un hackeo informático.

El debate eterno que se suscitó podría ser un asunto exclusivo de la prensa, del universo tuitero o del mundillo político. Sin embargo, tanto los defensores como los detractores del trabajo insisten con que lo que está en juego es algo mucho más grande: posicionamientos ideológicos. Desde el amplio mundo progresista y, en particular desde un sector del feminismo, se alerta acerca del avance de posiciones que rechazan no solo el aborto sino también leyes como las del Matrimonio Igualitario o la Ley de Identidad de Género. La justificación de la investigación, desde este punto de vista, radica en poder visibilizar cómo estos sectores logran coordinar sus mensajes en la web. Además, en los artículos -que al cierre de esta edición aún no se podían leer-, supuestamente se profundizaba en el carácter internacional de este movimiento y las conexiones argentinas con, por ejemplo, Vox, el partido de la ultraderecha española.

Sin embargo, entre los personajes mencionados, la mirada fue otra: para ellos se trató de una especie de “escrache” enmarcado en las lógicas del kirchnerismo. De acuerdo con los detractores de esta investigación, el único denominador común de las personas mencionadas es su oposición al gobierno. Más aún, insistieron en que el formato elegido para difundir la información responde a lógicas policiales.

El mapa interactivo permitía que los visitantes a la web pudieran cliclear en la carita de alguno de los personajes y la pantalla desplegaba una ficha con su información que podía incluir datos tan variados (y llamativos) como sus vínculos personales, su profesión, su origen, sus amistades o su religión. Algunas de estas fichas, incluso, contradecían el propio mensaje defendido por el movimiento de mujeres al que adhieren buena parte de sus autoras. Un caso es el de la influencer celeste Lourdes Palavecino, de quien se destacó que publicaba “fotos con poca ropa”.

la reacción conservadora

Límites. La reacción conservadora y los datos personales

No hubo quien no gritara su posición sobre el tema durante toda la semana. Sin embargo, hay algunos puntos en los que no hay (o no debería) haber discusión como, por ejemplo, en el repudio a que el equipo periodístico que firmó el trabajo recibiera amenazas en sus teléfonos particulares y domicilios, un episodio para nada menor. NOTICIAS consultó a una de las autoras sobre si se había realizado la denuncia judicial, pero no obtuvo respuesta.

Sin embargo, en lo concerniente a la publicación hay un debate acerca de si se cruzaron o no los límites. La ley de Protección de Datos Personales establece que los “datos sensibles” son aquellos que “revelan origen racial y étnico, opiniones políticas, convicciones religiosas, filosóficas o morales, afiliación sindical e información referente a la salud o a la vida sexual”. Además, en su artículo 7 dice que “los datos sensibles sólo pueden ser recolectados y objeto de tratamiento cuando medien razones de interés general” y que “queda prohibida la formación de archivos, bancos o registros”.

Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre, se refirió a este asunto: “Hay que tratar de pensar más allá de las pasiones. Hay periodistas que hicieron este trabajo y que hacen aportes sumamente valiosos, pero no se trata de opinar a partir de si me gustan o no”, aseguró. Según la especialista, las informaciones que recolectan esas fichas forman parte de la gran categoría “datos sensibles” sobre todo para personas sin cargos públicos. “Por más que sean influencers, siguen siendo personas privadas que expresan sus opiniones en medios públicos. Eso no autoriza a trazar un mapeo de la vida personal, decir de quién es pareja o a qué iglesia pertenece”, agrega.

Frente a la justificación de "razones de interés general”, la pregunta es si esta investigación se encuadraría en la excepción. “El periodismo es interés general, sí, pero la definición sobre interés general es difusa. ¿Es de interés general la foto de Ricardo Balbín en su lecho de muerte?, ¿es interés general la foto de Jazmín de Grazia en la bañera? Hay una situación de privilegio que tiene la prensa de un lado y del otro y a veces es difícil comprender esto cuando alguien simpatiza con el periodista que cruza un límite”, agregó.

La reacción conservadora: las fichas

La de Busaniche no es la única posición. Natalia Aruguete es coautora del libro “Fake news, trolls y otros encantos” e investigadora de la Universidad de San Martín y, según su mirada, “La reacción conservadora” y el mapa publicado no constituyen algún tipo de escrache sino que, al contrario, es un instrumento extendido: “Muestra qué personas están conectadas con quiénes. Nosotros todo el tiempo hacemos mapas sobre quiénes se retuitean entre sí, quiénes están interconectados. Hablar de ‘comunidad conservadora’ es simplemente una etiqueta y todas las etiquetas clasifican. Un escrache supondría que uno está metiéndose en un espacio privado e íntimo del otro. Sistematizar las conexiones en redes sociales es otra cosa porque es un espacio público. Todo el mundo tiene la posibilidad de ver las expresiones de otro”, sostuvo.

Hay algo que es cierto: el mapa de interacciones publicado no resulta de ningún sofisticado mecanismo de inteligencia cibernética. De hecho, hay plataformas abiertas donde cualquier persona puede poner un nombre de usuario y se generará de forma automática una red que establece con qué cuentas tiene mayor interacción. En esta línea, Daniel Rosso, sociólogo y ex subsecretario de Medios de la Nación, aseguró que llegado el caso de cuestionar el formato, la crítica debería ser extendida “porque sino parece que hay un ensañamiento con este grupo de periodistas y las hacemos responsables de formas que están generalizadas”, dijo y agregó un ejemplo: “Cada vez que hay una votación en el Congreso, algunos medios colocan la foto con un epígrafe con datos de los legisladores indecisos, los que están a favor y en contra para que haya en las provincias presión”.

Alejo Schapire no está de acuerdo. Para el periodista y autor del libro “La traición progresista”, “los blancos elegidos no son solo políticos sino simplemente ciudadanos de a pie que, por saber articular sus discursos o ganar seguidores, se convirtieron para este sector -que es un sector vinculado al poder político porque muchos de ellos trabajan en medios financiados por el gobierno- en los enemigos”. “En las fichas se reconocen rápidamente el estilo de los servicios de inteligencia: tal fue a un asado con tal y tiene tal vínculo. Eso es propio de un sistema policial y no del periodismo”, agrega.

La reacción conservadora: el contenido 

Como si fuera poco, las discusiones que desató la publicación lejos están de reducirse a una cuestión de formatos. De uno y otro lado (si vale hablar de bandos), la cuestión de fondo es el contenido. Shcapire insiste en que no es menor observar quién financió la investigación. Los mismos autores del trabajo transparentaron que el dinero provino de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF). Esta organización siempre es blanco de todo tipo de teorías conspirativas acerca de su influencia en el avance de las legislaciones.

Cuando las categorías de “derecha” e “izquierda” parecían caducas, los referentes de estas nuevas expresiones conservadoras denuncian que en el mundo hay un avance izquierdista que se manifiesta en los temas vinculados a la sexualidad (y ya no al capital como en el Siglo XX), mientras que ciertos sectores progresistas aseguran que estos grupos constituyen una amenaza real: sin ir más lejos, en el 2020 países como Hungría y Polonia dieron marcha atrás en legislaciones vinculadas a mujeres y a diversidades.

Héctor Ghiretti, investigador del Conicet y profesor de Filosofía Política en la Universidad Nacional de Cuyo, insistió en que el tiempo dirá qué significó la publicación de “La reacción conservadora”, si un episodio aislado o la expresión de un fenómeno global: “Tanto ‘izquierdólogos’ como ‘derechólogos’ tienen una visión algo conspiracionista. Para los primeros, todo se explica por los designios siniestros de George Soros, presentado como una especie de genio del mal. Para los segundos, no hay un personaje sino que refieren a una especie de telaraña que funcionaría casi como una inteligencia colectiva en la que confluyen intereses espurios de instituciones financieras, culturales, etcétera. Esta lógica de amigo o enemigo y de confrontación binaria es más reciente”, explicó.

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Giselle Leclercq

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