Domingo 25 de febrero, 2024

SOCIEDAD | 01-02-2024 15:34

Oficios que siguen vigentes

Un relojero, una modista, un orfebre y un maestro pastelero. Cuatro trabajos que no pierden vigencia y se revalorizan a medida que pasan los años.

Hace pocos días, la  ganadora del premio literario más prestigioso de Japón, Rie Kudan, generó revuelo tras reconocer que cerca de un 5% de su novela había sido escrita con ChatGPT, la ya célebre herramienta de inteligencia artificial. La tecnología avanza a pasos agigantados y, aunque tiene muchísimos beneficios para las sociedades de todo el mundo, cambia algunas realidades.

Pero puestos de trabajo que se resisten a los cambios de época, a donde la llegada de la Inteligencia Artificial y el ChatGTP no es incidente. Profesiones y oficios que siguen en pie no importa cuántos años pasen desde sus inicios. E incluso que se están revitalizando y ganando prestigio. 

Gonzalo Gastón Gil tiene solo 32 años y lleva a diario en Jornal, la panadería y pastelería más famosa del barrio de Saavedra, un trabajo que poco ha cambiado con las épocas: los amasados a mano vuelven a ser reverenciados más allá del desembarco de las máquinas en el rubro. 

Oficios que siguen vigentes

Gil estudió durante varios años e hizo curso con famosos panaderos españoles, y también con el mexicano Luis Robledo: empezó a trabajar a los 19 años y ganó el primer lugar en el Campeonato Nacional de Pastelería Artesanal. “Siempre tuve vocación por la pastelería, desde que era chico y cocinaba en mi casa con mis primos para las reuniones familiares y para las fiestas. Desde que entré al secundario ya sabía que quería estudiar pastelería, más o menos en tercer año empecé a practicar las recetas que tenía en casa y se convirtió en una pasión”, cuenta.

Norberto Schätz se crió entre orfebres, y hoy junto con su hijo, vive la reactivación de Schätz Artesanos. La empresa fabrica herrajes y griferías para el sector de clase media alta y alta de todo el país y se expande cada vez más a la región y Estados Unidos, de la mano de este oficio que suma las más bellas obras.

Oficios que siguen vigentes

“Hacemos todo a medida, los arquitectos, los interioristas, los diseñadores, se meten en nuestro catálogo y ven algo que les gusta, ven una idea, pero luego los asesoramos y nos piden exactamente que quieren. Nosotros siempre les decimos que sí, que nos envíen el diseño que quieran y les diremos si es posible o no, pero no vamos a vender algo estandarizado, industrializado”, explica Norberto.

Juan Marcelo Méndez es relojero. Hace 14 años que trabaja para la marca de lujo a nivel mundial, Omega. Los relojes de este tipo de marcas se transformaron con los años ya no solo en una herramienta de uso cotidiano, sino también en piezas de arte y de colección que representan un estilo de vida para sus consumidores.

Oficios que siguen vigentes

Méndez fue autodidacta, no tuvo en su familia nadie que le inspirara esta pasión por el arte y la técnica de la relojería. “Ser experto en este tipo de productos es poder apreciar la belleza estética, con materiales preciosos, trabajos artísticos pero también funcionales, y la mecánica de la ingeniería aplicada que consigue medir el tiempo gracias a la utilización de las leyes físicas naturales”, explica Méndez. 

Y cuenta que cada día en su trabajo es diferente: “A veces es solo cuestión de aportar todo lo posible para que un cliente haga una compra segura y basada en sus gustos y necesidades, pero en otras oportunidades es necesario hacer intervenciones en los relojes y, en otras  ocasiones es necesario  investigar para encontrar, reconocer e identificar modelos particulares”.

Daniela Piña tenía 7 años cuando empezó a dibujar vestidos y a ver cómo las mujeres de su familia cosían la ropa de grandes y chicos. En esa época se hablaba de modistas, esas mujeres que hacían los trajes a medida para las señoras de sociedad y los vestidos de novia y de madrinas para las bodas. Pero en su entorno nadie tenía este nivel profesional.

Daniela Piña

 “Vengo de una familia muy humilde y todo el mundo de la moda me parecía un sueño de princesas y quizás eso era lo que más me atrapaba. En la adolescencia, ya me hacía mi propia ropa y la de algunas amigas. De vez en cuando a mamá le desaparecía un mantel, una cortina, era yo que robaba telas para diseñar y coser”, cuenta Dani, hoy dueña de la marca Nahia, que participa en las fashion week de Nueva York. 

A los 24 años ya trabajaba en su firma, en ese momento con otro nombre, vivía en la ciudad de Posadas y puso un local pequeño que fue su comienzo. Luego en Centroamérica, donde se casó y tuvo hijos, volvió al país y rearmó su proyecto. Hoy es parte de las pasarelas de Marbella, Nueva York, Dubái y Montevideo, pero también claro, de Buenos Aires y el interior del país. Un rubro "evergreen" más allá de la industrialización en la indumentaria. 

 

por R.N.

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