Domingo 26 de septiembre, 2021

SOCIEDAD | 24-07-2021 00:15

Padrinazgo presidencial, historia de una ley que nació para "protegernos del lobizón"

La ordenanza que determina que el Presidente apadrine al séptimo hijo varón de una familia tiene sus orígenes en la "protección mágica" contra una leyenda del campo argentino.

Todos los países poseen múltiples leyendas que forman parte de su folclore y Argentina que no es la excepción. Aunque nuestro país posee la particularidad de tener una ley que se origina en el temor a una criatura mítica, el lobizón, y la misma involucra al mismísimo Presidente de la Nación como el gran protector: la ley de "Padrinazgo Presidencial". ¿Cómo la leyenda del lobizón se terminó convirtiéndose en una ley que se aplica hasta la actualidad?

De la leyenda a una la ley nacional

Para nuestros antepasados, lo que hoy consideramos como mitos o leyendas eran una realidad indiscutida. Así fue que la superstición tenía una enorme importancia e implicancia en la vida de las personas. Una de ellas, el mito del lobizón (la versión local de la originada en Europa del "hombre lobo") la sufría el séptimo hijo varón de una familia, que sufría la estigmatización, ya que, según la leyenda, las noches de luna llena se convertían el lobizones y mataban a todos aquellos que se les crucen. A tal punto llegaba la creencia que, según cuenta la historia, los más supersticiosos han llegado a sacrificar a sus séptimos hijos varones.

Muchos de de los inmigrantes oriundos de la Rusia zarista conocían el mito y la tradición proveniente de la época de la zarina Catalina la grande, donde el padrinazgo imperial a los séptimos hijos daba “protección mágica” contra estos males y evitaba el abandono de los niños.

En 1907, Enrique Brost y Apolonia Holmann, una pareja rusa radicada en la localidad bonaerense de Coronel Pringles, tras nacer su séptimo hijo varón, le enviaron una carta al entonces presidente, la máxima autoridad del país, José Figueroa Alcorta, pidiéndole que apadrinara a su hijo y “salvarlo” de que se transforme en lobizón. El mandatario aceptó y dio origen a la tradición del "padrinazgo presidencial", que, años más tarde, tendría un marco legal, además de otorgarle a cada ahijado una beca asistencial para contribuir con su educación y alimentación.

Durante el tercer gobierno de Perón en 1973, mediante el decreto 848/73, el padrinazgo presidencial se amplió a las mujeres. Y a fines de 1974,se convirtió el ley, la Nº20.843.

Con los años, la ley sufrió diversas ampliaciones La última fue por medio del decreto 1416/2009, donde autoriza a aplicar el padrinazgo presidencial aunque el bautismo religioso no sea católico, lo que permitió que Cristina Kirchner pudiera amadrinar al  joven Lair Tawil, de religión judía, convirtiéndolo en la primera persona no católica en acogerse a esta ley.

¿Cómo se produce el padrinazgo? Un edecán se hace presente en el bautismo en nombre de la presidencia y otorga una medalla, el diploma y la constancia de una pensión asistencial hasta los 18 años para el niño o niña. La pensión se efectúa a través del Banco de la Nación y, regularmente, el menor es visitado por un asistente  social del Ministerio de Desarrollo Social para garantizar el seguimiento de la crianza.

Desde el inicio de esta particular tradición ya se han registrado más de 1.200 ahijados presidenciales, algo que el matrimonio Brost difícilmente hubiera podido imaginar a principios del siglo pasado.

El origen de la leyenda del lobizón

Oriunda de la mezcla de las tradiciones europeas y guaraní, la leyenda del lobizón es el equivalente argentino del hombre lobo, representado como una  mezcla de cerdo y un perro muy peludo con grandes orejas, que luego recupera su forma humana. La tradición folclórica atribuye su origen al nacimiento de un séptimo hijo varón, quien al llegar a su adolescencia se transforma en lobizón los martes y los viernes por la noche. En caso de ser siete hijas mujeres, la maldición caería sobre la séptima hija mujer transformándola en bruja. 

Para cumplir el proceso de transformación en lobizón, la leyenda describe que la persona se revuelca sobre arena, ceniza  o las tumbas del cementerio, otras veces se detalla el proceso de transformación de la persona, cuando esta gira tres veces sobre sí mismo contra las agujas del reloj recitando un credo al revés. Así mismo se creía que esta maldición podía ser traspasada a otros no con una mordida, sino pasando entre las piernas de alguien, lo que convertía a la víctima en lobizón y el anterior escapaba del maleficio.

A esta mítica criatura se la atribuía rondar por los corrales y comerse los animales y sus heces, o en cementerios alimentándose de los cadáveres, a veces  incluso se alimentaba de niños no bautizados, siendo que la criatura solo podía ser lastimada con armas blancas. Así, la tradición ofrecía diversas medidas para librarse de tan terrible mal, como bendecir al niño en siete iglesias o que el mayor de sus hermanos oficie de padrino en el bautismo del niño. Si bien el lobizón es solo un mito, para los inmigrantes oriundos de Europa en las provincias argentinas a fines del siglo XIX la presencia de esta criatura  se tornaba muy real.

 

 

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Ignacio Ramundo

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