Friday 4 de April, 2025

SOCIEDAD | 02-04-2025 07:38

Val Kilmer: el actor que fue Batman, Iceman y Jim Morrison

Ícono rebelde de los 90, Val Kilmer murió a los 65 años dejando una carrera marcada por papeles intensos y una vida de lucha y arte.

Val Kilmer falleció a los 65 años, en su casa de Los Ángeles, tras una larga batalla contra las secuelas del cáncer de garganta que lo había alejado casi por completo de la actuación. Actor camaleónico, galán improbable y estrella de culto, Kilmer deja una filmografía tan diversa como irregular, marcada por momentos de gloria y otros de desencuentro, pero atravesada siempre por una intensidad visceral, una búsqueda artística propia y una resistencia feroz a los moldes de la industria.

De Juilliard a Hollywood

Nacido el 31 de diciembre de 1959 en Los Ángeles, Val Edward Kilmer creció en el corazón de la industria del cine pero desde temprano mostró inquietudes más profundas que las meramente comerciales. Ingresó a la prestigiosa Juilliard School en Nueva York, donde se formó en el conservatorio dramático y comenzó a destacarse por su intensidad y preparación meticulosa.

Top Gun

Su debut cinematográfico llegó en 1984 con Top Secret!, una comedia absurda de los creadores de Airplane! que lo convirtió en un joven carismático con gran timing para el humor físico. Pero su verdadera irrupción en Hollywood fue apenas dos años después, cuando compartió cartel con Tom Cruise en Top Gun (1986) interpretando al teniente Tom "Iceman" Kazansky. Su personaje, frío y competitivo, fue el contrapunto perfecto para el temerario Maverick, y marcó su ingreso a la cultura pop. Con apenas unos gestos y una mirada impenetrable, Kilmer logró que Iceman pasara a la posteridad.

El arte de la transformación

Pese a su buena estrella en los blockbusters, Kilmer nunca pareció cómodo con la fama superficial. Su interés lo llevaba hacia papeles más exigentes, a veces arriesgados. Uno de los momentos cumbre de su carrera llegó con The Doors (1991), la biopic de Oliver Stone sobre Jim Morrison. Kilmer no solo interpretó al cantante de The Doors: lo encarnó. Se dice que cantó todas las canciones que aparecen en la película, imitó con precisión sus gestos, estudió horas de archivo, convivió con el mito. El resultado fue una actuación hipnótica que aún divide a los críticos, pero que permanece como una de las más comprometidas de los 90.

Kilmer

Apenas dos años después volvió a deslumbrar, esta vez en Tombstone (1993), western en el que interpretó al tuberculoso Doc Holliday, un pistolero decadente y elegante que robaba cada escena en la que aparecía. Con un acento sureño impecable, un andar entre letal y melancólico, Kilmer ofreció una de sus mejores actuaciones, convirtiendo a Holliday en una figura trágica y carismática, de esas que elevan una película por encima de su guion.

Luego llegó uno de los papeles más resentidos de su carrera: ponerse el traje de Batman en Batman Forever (1995), tras la salida de Michael Keaton y en plena transición de tono en la saga. Aunque la película fue un éxito de taquilla, el propio Kilmer reconocería más tarde que la experiencia fue frustrante, atrapado bajo un disfraz que le impedía actuar con libertad. Su paso como Bruce Wayne es, quizás, el más discutido de todos los Batman cinematográficos, pero también uno de los más fascinantes por su contención emocional y su mirada melancólica.

Kilmer

Estrella esquiva

El carácter perfeccionista de Kilmer, su exigencia constante y su poca disposición a complacer a los estudios lo hicieron ganar fama de actor difícil. Esa reputación lo siguió durante gran parte de su carrera, y quizás contribuyó a que muchos proyectos no tuvieran el alcance que merecían.

Sin embargo, sus colaboraciones con grandes directores dejaron momentos memorables: fue el ladrón profesional Chris Shiherlis en Heat (1995), la obra maestra de Michael Mann, donde compartió pantalla con Al Pacino y Robert De Niro; y más tarde brilló como el agente Gay Perry en la subversiva Kiss Kiss Bang Bang (2005), junto a un resurgente Robert Downey Jr. En esta última, su timing cómico y su capacidad para burlarse de su propia imagen le devolvieron la atención de la crítica.

Val Kilmer

También fue protagonista, para bien o para mal, de uno de los rodajes más caóticos de los 90: The Island of Dr. Moreau (1996), una película maldita marcada por el enfrentamiento entre Marlon Brando, Kilmer y el director Richard Stanley. El caos quedó inmortalizado en documentales que relatan la pesadilla de esa producción, en la que Kilmer encarnó la intensidad y la obstinación de alguien que, más que actuar, parecía luchar por su visión personal de cada personaje.

Enfermedad y renacimiento

En la segunda década de los 2000, Kilmer desapareció progresivamente de la escena. Rechazó papeles, se refugió en su rancho en Nuevo México, y comenzó a dar señales de problemas de salud. En 2015 se hizo público que había sido diagnosticado con cáncer de garganta. La enfermedad afectó severamente su voz y su capacidad para hablar, y por años fue objeto de especulaciones.

Val Kilmer

Pero en lugar de esconderse, Kilmer decidió narrar su proceso con brutal honestidad. En 2021 se estrenó el documental Val, armado a partir de décadas de material filmado por él mismo, donde recorre su carrera y su transformación con una vulnerabilidad conmovedora. Allí se lo ve frágil, con una voz reconstruida mediante tecnología, pero también con una lucidez artística intacta. Su reaparición pública fue un acto de coraje, un testimonio sobre el paso del tiempo, la pérdida y la identidad.

Ese mismo año tuvo una breve pero significativa participación en Top Gun: Maverick, donde volvió a interpretar a Iceman, ya enfermo, en una escena que emocionó a millones. Fue su despedida simbólica del cine mainstream, una carta de amor a los fans y un cierre poético para un personaje que lo había lanzado al estrellato cuatro décadas atrás.

por R.N.

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