“Estaba en su habitación, pensábamos que estaba seguro”. Esta frase, extraída de la serie Adolescencia de Netflix, resume una inquietud frecuente entre padres y madres: ¿qué sucede detrás de la puerta cerrada del cuarto de sus hijos adolescentes? La serie, que narra la historia de un joven acusado de asesinar a una chica de su misma edad, expone cómo los padres pueden desconocer profundamente la realidad de sus hijos, incluso cuando creen estar cerca. Temas como el acoso en las redes sociales o el perturbador mundo de los Incels son ejemplos claros de realidades que los adultos ignoran por completo. Hoy, el verdadero espacio privado, desconocido y potencialmente peligroso para los adolescentes, está en internet.
Criar adolescentes siempre ha sido complejo, y en especial cuando toca cargar con la culpa de que algo salió mal. Sin embargo, como decía Jean-Paul Sartre, "somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros". Esto implica que los padres pueden orientar, educar y proteger, pero no siempre controlan en qué se convertirán sus hijos. Esta realidad queda muy bien retratada en una escena clave de la serie, donde el padre de Jaime, el protagonista, pregunta a su mujer: “¿Cómo criamos a nuestra hija para que sea tan buena?”, y recibe una respuesta incómoda: “Exactamente igual que a él”. Utilizar los mismos métodos de crianza no asegura los mismos resultados, porque cada adolescente toma decisiones propias sobre cómo enfrentar su historia.
Es importante comprender que la adolescencia es una etapa de rebeldía, en la que los jóvenes intentan distanciarse del mundo adulto para construir un espacio propio, personal y privado. Esta búsqueda puede llevarlos a desafiar -o incluso rechazar- aspectos del entorno en el que crecieron, lo que muchas veces genera incertidumbre y preocupación en los adultos.
Por eso es injusto responsabilizar únicamente a los padres, ya que la crianza es una tarea colectiva. El conocido proverbio africano dice: "Se necesita un pueblo para criar a un niño", destacando que no solo la familia determina cómo crecen los jóvenes, sino también la escuela, la comunidad, las políticas públicas e incluso los medios de comunicación. Aunque parezca lejano, en la antigua Esparta, por ejemplo, era el Estado quien asumía totalmente la educación de los niños para convertirlos en guerreros. Este ejemplo extremo subraya cómo toda sociedad, consciente o inconscientemente, influye en la formación de sus adolescentes.
En la actualidad, uno de los desafíos centrales de la crianza está en la necesidad de poner límites más claros. Muchos padres, influenciados por haber sido criados con mucha severidad o por discursos actuales que confunden libertad con ausencia total de límites, encuentran difícil poner reglas firmes. Pero los límites no son un castigo, sino una manera de proteger y enseñar responsabilidad. Montesquieu advertía que "la libertad absoluta es ausencia de ley", y Sartre añadía que "no hay libertad sin responsabilidad". Es crucial que los adolescentes comprendan que toda acción tiene consecuencias reales.
La serie Adolescencia ilustra este problema claramente con el caso de un padre que dio a su hijo "todo": computadora, escritorio, auriculares; pero olvidó darle algo fundamental: la capacidad de enfrentar el "no" y las frustraciones que implican los límites. Decir "no" ayuda a los adolescentes a entender que las decisiones tienen efectos que pueden ser difíciles, pero son necesarios para su desarrollo emocional.
Ante un panorama tan complejo, intentar convertirnos en referentes confiables es una buena meta. Los adolescentes necesitan sentir que pueden compartir sus dudas, miedos y problemas con nosotros, sabiendo que serán escuchados y apoyados, no juzgados ni controlados excesivamente. Sin embargo, también es perjudicial cuando los adultos son demasiado pasivos en el ejercicio de su autoridad. Las normas necesitan consecuencias claras para funcionar; no basta con decirlas, hay que cumplirlas. En la serie, la madre tocaba la puerta del cuarto de su hijo y le pedía que apagara la luz, pero nunca entraba. Ejercía su autoridad "desde afuera", sin asumir completamente su rol como adulta. Así, no existe una fórmula exacta ni universal: cada adolescente es único, pero tanto la ausencia de límites como el exceso de rigor son igualmente dañinos.
La hiperconectividad de la era actual añade otra capa de complejidad: el aislamiento físico ya no implica seguridad, ya que Internet abre puertas a contenidos peligrosos y desconocidos para los padres. En la serie, el padre de Jaime queda sorprendido al descubrir, mientras buscaba rutinas de ejercicio, videos violentos y misóginos del influencer Andrew Tate, contenidos que circulan constantemente entre los jóvenes. Esta situación resalta la necesidad urgente de que los adultos se involucren y comprendan el mundo digital en el que habitan sus hijos.
En definitiva, criar no es asegurar resultados perfectos, sino acompañar a los adolescentes en su crecimiento, reconociendo su necesidad de autonomía y, al mismo tiempo, estableciendo límites claros. El verdadero desafío, como padres y como sociedad, es estar disponibles y presentes en los momentos importantes, aceptando que no se puede controlar todo, pero sí acompañar desde una cercanía confiable y respetuosa. Como decía el psicoanalista Donald Winnicott: "Los adolescentes desafían el mundo adulto para descubrir si pueden confiar en él". Nuestro desafío es demostrarles que, pese a todo, pueden hacerlo.
* Psicoanalista, coautor de Imperfectos y cofundador de RedPsi. @redpsi @santiago.silberman
por Santiago Silberman
Comentarios