Thursday 3 de April, 2025

OPINIóN | 31-03-2025 11:31

¿Por qué, según el INDEC, la pobreza baja?

La pobreza bajó en las estadísticas, pero no en la realidad: con una canasta distorsionada depende de importaciones, endeudamiento y un dólar insostenible.

¿Por qué, según el INDEC, la pobreza baja?

Primero, hay que entender que, producto de la desesperación política por mostrar datos alentadores, el gobierno ha extraído de distintas entidades estimaciones de pobreza de manera mensual o trimestral, mientras que la fuente oficial que es el INDEC lo hace de forma semestral. Esta dinámica ha dado lugar a cifras que parecen desconectadas de la realidad cotidiana que vive la mayoría de la población.

 

¿De dónde partimos?

La pobreza se mide en forma semestral a través del INDEC, en su informe “Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos”. En el primer semestre de 2023, en pleno deterioro del gobierno de Alberto Fernández, el índice de pobreza era del 40,1%. En el segundo semestre del mismo año —ya influido por el resultado electoral y por el fuerte ajuste del nuevo gobierno en diciembre de 2023—, la cifra trepó al 41,7%. Recordemos que en los últimos 20 días de diciembre se produce el gran ajuste acompañado de un aumento del tipo de cambio del 118% y una inflación mensual del 25,5%.

En el contexto del ajuste profundo del gobierno de Javier Milei, el primer semestre de 2024 marcó un salto al 52,9% de pobreza, lo que implica un incremento de 11,2 puntos porcentuales sobre una base que ya había sido impactada por medidas de su gestión. Sin embargo, en el dato anunciado hoy correspondiente al segundo semestre de 2024, la baja de la medición es contundente y se ubica en 38,1%.

Vale la pena recordar que, durante el gobierno de Mauricio Macri, entre el segundo semestre de 2016 y el segundo semestre de 2017, la pobreza bajó del 30,3% al 25,7%, según el mismo INDEC. No obstante, luego revirtió esa tendencia con un ascenso sostenido. Por ende, una baja puntual en la medición de la pobreza tras un ajuste es esperable, pero sólo una caída sostenida en el tiempo —como la ocurrida entre 2003 y 2013— puede considerarse una reducción consistente.

 

¿Cómo se mide la pobreza?

En Argentina, la pobreza se mide de manera unidimensional, es decir, bajo un único criterio: los ingresos. Si una persona supera un determinado umbral de ingresos, no es considerada pobre; si está por debajo, sí lo es. Este enfoque no contempla, por ejemplo, si alguien gana por encima del umbral pero vive sin agua corriente, en un techo de chapa, o si gana por debajo del umbral pero reside en una vivienda digna con todos los servicios.  Distintas organizaciones internacionales recomiendan adoptar una medición multidimensional de la pobreza, que contemple también vivienda, salud, educación y condiciones de vida más allá del ingreso

Además, tal como ocurre con otras variables económicas, este enfoque no contempla situaciones como la que se dio al inicio del gobierno de Javier Milei, cuando los fuertes saltos en los niveles de pobreza empujaron a muchos hogares de bajos recursos a endeudarse para subsistir. Incluso si tiempo después logran superar el umbral de ingresos que los clasifica como no pobres, esas deudas acumuladas siguen condicionando su situación económica real, aunque no se reflejen en la medición oficial de pobreza.

El umbral para definir la pobreza es el costo de la Canasta Básica Total (CBT). Si te resulta inverosímil la canasta que se usa para medir la inflación, esta te parecerá aún más cuestionable. Alimentos y bebidas no alcohólicas representan un tercio de la medición total, mientras que vivienda con todos los servicios apenas un 10%, salud un 6%, transporte un 9%, entre otros rubros.

Tal como ocurre con el IPC, esta canasta tiene ponderaciones que resultan altamente discutibles. La incidencia de servicios públicos, por ejemplo, es muy baja, aun cuando han aumentado en promedio cerca de un 400%. La respuesta habitual ante esta crítica es que “siempre se midió así”, pero la gran diferencia radica en que, anteriormente, los servicios, el transporte, el combustible o los alquileres no aumentaban en proporciones tan desmesuradas. Por ejemplo, según el mismo INDEC, los alquileres crecieron más del doble que la inflación.

 

¿Qué datos de la economía en 2024 podían anticipar el nivel de pobreza?

Dado que una proporción significativa de los asalariados son también pobres, la evolución de los salarios puede ser un buen predictor de la pobreza. Si ajustamos los salarios por el IPC del INDEC, observamos que, punta a punta, se recuperaron con respecto al final de la gestión de Alberto Fernández. Sin embargo, si usamos la canasta de 2017/2018 —con ponderaciones más realistas para el consumo actual—, los salarios no sólo no recuperaron, sino que perdieron más del 5% de poder adquisitivo.

En cuanto a la jubilación mínima con bono, que representa una de las franjas más vulnerables, se observa una pérdida similar: no logró igualar su poder de compra respecto a 2023. Además, no se toma en cuenta la restricción en la cobertura de medicamentos, lo cual implica una suerte de baja de la “jubilación indirecta”. No sólo los medicamentos han aumentado más que el resto de los bienes, sino que el acceso a los mismos, que es esencial para los jubilados, sufrió restricciones.

El desempleo tampoco ayudó: mientras que el último trimestre de 2023 cerró en 5,7%, el cuarto trimestre de 2024 trepó al 6,4%. Paralelamente, junto con la demanda laboral, aumentaron los trabajadores autónomos, lo que suele ser indicio de relaciones laborales más informales y precarias. El desempleo, en general, se correlaciona con un incremento de la pobreza, no con su reducción: si hay más personas sin trabajo, suele haber más pobreza.

En lo que respecta al consumo masivo, la caída fue estrepitosa: cercana al 14% anual según la consultora Scentia. El INDEC también muestra en sus mediciones para supermercados una caída sostenida durante todo el año en comparación con 2023. La recaudación del IVA —fuertemente vinculada al nivel de consumo— también exhibe una baja que refuerza este diagnóstico.

A nivel macroeconómico, el Producto Bruto Interno (PBI) cayó 1,7% en 2024. Y si bien esta cifra parece moderada, se debe a que el agro se recuperó tras la histórica sequía de 2023. Si se excluyen agricultura y ganadería, la caída es mucho más severa: comercio e industria manufacturera retrocedieron un 7,3% y un 9,2%, respectivamente.

¿Es gracias a las políticas libertarias?

Aunque la baja en la medición de la pobreza podría considerarse, en apariencia, como un dato positivo, no puede atribuirse a las políticas libertarias. De hecho, los principales precios de la economía están fuertemente intervenidos: el tipo de cambio y la tasa de interés continúan bajo control estatal. El cepo cambiario sigue vigente y permite sostener un dólar oficial artificialmente bajo. Esto, como ocurrió en otras etapas de la historia argentina, distorsiona indicadores y genera “mejoras” que pueden ser espejismos.

Sólo cuando se elimine la intervención del Estado sobre las variables clave será posible evaluar si las ideas liberales pueden realmente generar prosperidad en Argentina. Hasta ahora, nunca lo lograron.

 

¿Por qué baja la pobreza según el INDEC?

La clave está en cómo se mide. Dado que un tercio de la canasta básica total está compuesta por alimentos y bebidas, si se logra contener parcialmente la inflación en ese rubro, una parte importante del "trabajo estadístico" ya está hecho.

El gobierno liberó gran parte de la importación de alimentos, al punto de eliminar incluso requisitos sanitarios históricos como los registros alimenticios. Como resultado, durante 2024 la importación de alimentos creció un 82%, incluyendo muchos productos de consumo masivo. Esta competencia externa, tras los primeros meses de fuertes aumentos, ayudó a que los precios de los alimentos subieran por debajo del promedio de la economía. Eso, en términos de medición, reduce la presión sobre la pobreza.

Sin embargo, este alivio estadístico tiene un costo real: afecta la producción nacional y destruye empleos en el sector, un efecto que puede tardar en aparecer, pero que termina impactando negativamente en el entramado económico.

Por el lado de los ingresos, tras el fuerte deterioro registrado en los primeros meses del gobierno de Milei, y en parte gracias a la presión ejercida por los sindicatos, durante el segundo semestre los salarios comenzaron a recuperar una proporción de lo perdido.

Ambos factores —la desaceleración en alimentos y la recuperación parcial de ingresos— explican la baja en la medición oficial de pobreza. Pero todo esto se apoya en un tipo de cambio artificialmente bajo, que estimula la importación masiva y solo puede sostenerse con endeudamiento. Una estrategia que difícilmente sea sustentable en el largo plazo.

 

¿Qué podemos esperar hacia el futuro?

Si el gobierno consigue financiamiento externo —mediante endeudamiento— para sostener un tipo de cambio bajo y una apertura importadora (sobre todo en alimentos), es posible que la pobreza continúe descendiendo durante algunos semestres más. Pero esto no significa que la calidad de vida mejore ni que la baja sea sostenible. De hecho, podría estar ocurriendo todo lo contrario.

Nada sería más alentador para quienes deseamos la erradicación de la pobreza que ver una tendencia sostenida a la baja. Sin embargo, a la luz de todos los indicadores analizados, esta reducción parece más una ilusión estadística que una mejora real.

 

*Por Guido Agostinelli, economista, miembro de Fundus y autor de “Experimento libertario”

 

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