lunes, noviembre 18, 2019

MUNDO | 17-02-2012 14:08

La esperanza antichavista

Reúne el apoyo de la derecha y la disidencia bolivariana. Su política, en clave de béisbol.

Yo soy de los 'Leones' del Caracas y, Hugo Chávez, del Magallanes. No cabe dudas que el juego será divertido”, celebró en clave deportiva Henrique Capriles Radonski, candidato del consenso opositor para disputar la presidencia de Venezuela en octubre. Si Capriles estuviera en Argentina, posiblemente hubiera elegido otros equipos para hacer analogías. Incluso, otro deporte. Pero esta lucha política por la presidencia de cara a octubre se libra en Venezuela donde el fútbol es un deporte popular pero es el beisbol el que enciende las pasiones.

A los “Leones” del Caracas y los “Navegantes” del Magallanes se los conoce en el folklore local como “los Eternos Rivales”. El primero toma su nombre de la denominación histórica de Caracas —Santiago de León de Caracas—. Nació en 1942 con sede en la Universidad Central de Venezuela (UCV), paradójicamente, cuna hoy de los cuadros orgánicos del chavismo. Su rival, Magallanes de Catia, le antecede en el juego por algunas décadas. Fue miembro fundador del deporte en tierras caribeñas desde 1917, mucho antes que naciera la Liga profesional. Los "Leones" son el equipo más ganador de Venezuela. Los "Navegantes", el segundo, pero portan el honor de ser el primer club deportivo venezolano en obtener una Serie del Caribe y conseguir proyección internacional. Ambos dos, reúnen la mayor cantidad de fanáticos del deporte en Venezuela. Por eso cada vez que se cruzan en el diamante de césped, en la cuna de Simón Bolivar estallan los fervores.

Capriles es un “León” y, Chávez, hincha reconocido de los “Navegantes”. Desde el inédito experimento político de las primarias de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) el pasado 12 de febrero, el gobernador de Miranda y el presidente que busca su cuarto mandato consecutivo hasta 2018 se convirtieron en los eternos rivales de la puja venezolana. “Este juego tiene un jugador fresquito y otro cansado por los años en el gobierno. No es bueno estar tanto tiempo en el poder”, lo fustigó el candidato opositor ansioso por demostrar que su estrella en ascenso es mucho más que una gloria de temporada. Pero el veterano “pitcher” bolivariano no está dispuesto a cederle fácil la carrera. Y en el diamante electoral, no hay tres oportunidades para conquistar las bases. Para ninguno de los rivales.

Chances.

“Yo he sido el alcalde de todos. Soy el gobernador de todos. Y quiero ser el presidente de todos los venezolanos, de los que piensan como yo y de los que piensen distinto a mí”. La frase es casi un eslogan para Capriles. La tarjeta de presentación que describe su meteórica carrera en la política durante los últimos trece años: el consenso antes que la confrontación. A sus 39 años, fue el presidente más joven de la Cámara de Diputados antes que el Congreso bicameral se unificara en la Asamblea Nacional. En 2000, resultó elegido alcalde del municipio de Baruta, parte integral del distrito capitalino que comparte sede geográfica con el chavismo nacional, y renovó mandato en 2004. Pero fue en noviembre de 2008 cuando dio su gran “jonrón” electoral al arrebatarle con el 52,5 por ciento de los votos a Diosdado Cabello, emblema de la revolución bolivariana, la gobernación de Miranda, uno de los estados más populosos del país.

Por eso, la oposición lo fichó con grandes expectativas. En las internas abiertas reunió más del 60 por ciento de los casi tres millones de votos que se depositaron en las urnas, casi el doble de los que el MUD se había autoexigido para declararse satisfecha con el nivel de participación. Y entre los cinco nombres en carrera, el suyo sacó una amplia ventaja de un millón de votos sobre el segundo. Un triunfo contundente que obliga al resto de los contendientes a no ignorar el compromiso de encolumnarse. Y, a Capriles, a saber equilibrar ahora sus potencialidades para que el resultado de la ecuación entre fuerzas tan disímiles como la derecha liberal de “Un Nuevo Tiempo” y la disidencia chavista de “Podemos” y “Patria para todos” (PPT) aprendan a convivir en un mismo proyecto.

Para el politólogo Luis Salamanca, ex director del Instituto de Estudio Político de la UCV, la investidura de “outsider” de Capriles es su gran ventaja electoral, como lo fue para Chávez en 1998 cuando los partidos tradicionales se batían en franco desgaste y las sangrientas postales del “Caracazo” aún latían frescas en la memoria social. Hoy, es el presidente bolivariano quien sufre el desgaste natural de 13 años ininterrumpidos —salvo por el breve lapso de la frustrada intentona golpista de 2002— con elevados índices de inseguridad, una inflación galopante y las incógnitas sobre su estado de salud por el cáncer que combate desde junio del año pasado.

A diferencia de Manuel Rosales, el ex gobernador de Zulia que ensayó una candidatura de consenso similar en 2006 contra Chávez pero perdió, Capriles no buscó hasta ahora demonizar al bolivariano y hasta reivindicó sus políticas sociales, llevando el juego hacia su terreno predilecto. Además, aunque es heredero de dos de las familias judías más adineradas del país —los Capriles, con negocios bancarios, y los Radonski, en el entretenimiento— lo que le ganó el mote de “oligarca” en boca del primer mandatario, tiene raíces demócratas cristianas y, desde la fundación en 2000 del partido centrista "Primero Justicia", promueve una “economía social de mercado” con dejos “humanistas”. Por eso, llegó a las internas con respaldo del chavismo crítico y del socialismo no alineado con Miraflores.

“El apoyo que debe buscar ahora en Pablo Pérez (el segundo en las primarias y actual gobernador de Zulia) es para el trabajo en los sectores populares, vital porque ahí está la mayoría de los votos. Debe trabajar con (la diputada más votada de la Asamblea) Marina Corina Machado el voto de las mujeres porque ella hizo ahí un trabajo extraordinario. Casi fundó un partido feminista. Con (el ex sindicalista chavista) Pablo Medina, el apoyo de los trabajadores y, con (el ex diplomático) Diego Arría, el de la clase media”, sugiere Salamanca como fórmula del éxito. “Chávez llega al 7 de octubre perdiendo votos y la oposición ganándolos en los últimos comicios legislativos pero no debe perder de vista que se enfrenta al Estado–Partido que tiene todos los recursos económicos a su favor”, agregó el analista.

Si Capriles impone la unidad por sobre las diferencias y su candidatura es mucho más que una unión por espanto contra Chávez, entonces el duelo político del 7 de octubre será un parejo enfrentamiento entre “Leones” y “Navegantes” en el que no habrá posibilidad de empate.

por Mariano Beldyk

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