jueves, noviembre 21, 2019

MUNDO | 02-03-2012 14:09

Refugio médico para Chávez

Cómo es el Cimeq, uno de los centros médicos estrella de La Habana. Los argentinos que se atendieron allí.

Aquella mañana de viernes de junio, los miembros del equipo de traumatología del Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (Cimeq) en La Habana encararon hacia el quirófano Nº 1, habitualmente reservado para sus intervenciones. No fue poca su sorpresa cuando, sin previo aviso, lo descubrieron cerrado y esterilizado para una cirugía pero que no era la suya. Y allí les notificaron que habían reasignado su paciente junto a su unidad médica a otro salón del hospital. Alguien había programado una intervención quirúrgica en aquel lugar pero, extrañamente para el rigor profesional del centro de trascendencia internacional, no había mayores informaciones para el plantel médico sobre los motivos de la decisión.

No fue hasta el día siguiente, por la tarde, que el equipo de traumatólogos terminó de encastrar las piezas del rompecabezas y se percató de que el error de desinformación no era tal. Fue cuando tomaron conocimiento por la televisión que el misterioso paciente era Hugo Chávez. Y que la intervención para removerle entonces el “absceso pélvico”, que terminaría declarándose como un cáncer, había tenido lugar en el quirófano reservado que solían utilizar ellos en el Cimeq. Luego, llegaría la confirmación de sus jefes.

La anécdota, narrada bajo reserva a NOTICIAS por uno de los médicos de aquel equipo de traumatología confirma, por un lado, que el renombrado centro médico cubano fue el emplazamiento secreto de las intervenciones del año pasado al bolivariano. Y contribuye a respaldar la información del periodista venezolano Nelson Bocaranda –quien anticipó el último viaje a La Habana de Chávez previo anuncio oficial de una tercera cirugía– que fue a este mismo centro médico adonde acudió el líder bolivariano para su última operación.

Pero, además, la anécdota ayuda a entender cómo el cerrojo hermético de la confidencialidad profesional funciona con efectividad en Cuba donde no solo no se filtra información hacia el periodismo extranjero pero tampoco dentro del propio universo médico del centro. “Nunca noté movimiento extraño alguno en los días previos”, narró este profesional con la condición de no comprometer su labor en Cuba de años divulgando su identidad. No en vano, por sus habitaciones pasaron todo tipo de políticos y famosos, entre ellos varios argentinos, que prefirieron mantener reserva sobre su salud y buscar en la isla una esperanza científica para sus dolencias.

Historia

El Cimeq es el hospital que Cuba exhibe al mundo cada vez que se habla sobre su desarrollo médico. En eso coinciden sanitaristas y diplomáticos que trabajaron en la isla durante diversos períodos de tiempo. Levantado a contrarreloj en 1979 junto con el Palacio de las Convenciones para la VI Cumbre de los No Alineados en la capital caribeña, mitad de la obra fue desarrollada a destajo por presidiarios y, la otra mitad, con músculos de brigadistas que debieron, incluso, enmendar los errores de sus predecesores. Se emplaza en los parques de Siboney, lejos de los ojos curiosos de La Habana Vieja y del bullicio de los barrios intestinos de la ciudad.

Por sus laboratorios y aulas, consultorios y auditorios desfila año a año una gran variedad de profesionales de múltiples nacionalidades que se reparten entre la atención médica, las tareas investigativas, la docencia y la capacitación. Oncólogos, especialistas en cirugía vascular, cardiovascular y cardiointervencionismo, enfermedades del tórax, estomatología, diversos tipos de trasplantes y neurointervencionismo integran su amplio campo de acción. No en vano, el Cimeq incluso comparte instalaciones con otra institución cubana cuya eficiencia traspasa las fronteras de agua: el Centro Internacional de Restauración Neurológicas (Ciren) en el que Hilda Molina, la médica cubana disidente que hoy reside en la Argentina, trabajó durante años.

Fue ella, por caso, quien lo presidía cuando el político radical César Jaroslavsky se trasladó a Cuba para una rehabilitación de ocho meses en 1992 por una parálisis en sus piernas. Se fue de Argentina casi postrado y regresó, al año siguiente, caminando. Pero no fue el único paciente ilustre. En el 2004, Diego Maradona fue recibido por el embajador argentino Raúl Taleb y escoltado junto al ministro de salud Ramón Balaquer hacia el Cimeq donde le realizaron los primeros estudios antes de su internación en el Centro de Salud Mental (Censam), vecina clínica de régimen cerrado.

La vedette Nélida Roca y, más cerca en el tiempo, los actores Carlos Calvo y Javier Portales también pasaron por sus consultorios. La primera de ellas, en busca de alivio por una artritis reumatoidea que la aquejó durante sus últimos años; Calvo, tras sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) que lo dejó parcialmente paralizado. Y, en el caso de Portales, para un largo tratamiento kinesiológico luego de tres intervenciones por dos hernias de disco. También entonces, como con Chávez ahora, la confidencialidad fue la marca de excelencia del Cimeq.

por Mariano Beldyk

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