Wednesday 7 de January, 2026

MUNDO | 05-01-2026 13:17

Cuba confirma lo que siempre negó: militares cubanos controlaban a Maduro

La Habana confirmó la muerte de 32 uniformados en Venezuela y reconoció por primera vez su injerencia en el régimen chavista. Del petróleo gratis a los negocios del narco.

Durante años, fue una denuncia persistente de la oposición venezolana, de organizaciones de derechos humanos y de informes diplomáticos que nunca lograron una confirmación oficial. Ahora, finalmente, llegó desde La Habana. El régimen de Miguel Díaz-Canel admitió que personal militar cubano cumplía tareas de seguridad en Venezuela y que 32 de esos efectivos murieron durante la operación estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro.

La admisión marca un punto de inflexión. Por primera vez, Cuba reconoce públicamente que no solo asesoraba, sino que desplegaba fuerzas armadas propias en territorio venezolano, en misiones vinculadas a la protección institucional del régimen chavista. No se trata de médicos, técnicos o cooperantes civiles: según el comunicado oficial, los fallecidos pertenecían a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y al Ministerio del Interior, y actuaban “a solicitud de órganos homólogos” de Venezuela.

La confirmación llegó acompañada de dos gestos políticos elocuentes: un comunicado oficial transmitido por la televisión estatal y la decisión de decretar dos días de duelo nacional. En el texto, el régimen cubano sostuvo que los militares “cumplieron digna y heroicamente con su deber” y que murieron “en combate directo o como resultado de bombardeos”, aunque evitó precisar funciones concretas y ubicaciones.

Tuit de Díaz Canel

El propio Díaz-Canel terminó de sellar la admisión con un posteo que funcionó como desliz revelador: rindió “honor y gloria a los bravos combatientes cubanos” que —según sus palabras— “ayudaban a proteger” la vida de Maduro y su esposa. La frase elimina cualquier ambigüedad: había cubanos armados custodiando al líder venezolano.

Un sistema de dependencia

La revelación obliga a releer el vínculo entre Caracas y La Habana. Durante más de una década, ambos regímenes sostuvieron una relación de intercambio estructural: petróleo venezolano a cambio de servicios cubanos. Pero la confirmación de presencia militar en tareas de seguridad política transforma esa ecuación en algo más profundo: un esquema de tutela.

Venezuela

Venezuela no solo abasteció energéticamente a Cuba —un insumo vital para la supervivencia económica de la isla— sino que permitió que La Habana penetrara áreas sensibles del aparato de poder, desde inteligencia y contrainteligencia hasta la protección directa del jefe del Estado. En términos prácticos, el chavismo garantizó la subsistencia cubana; Cuba, a su vez, ayudó a garantizar la supervivencia del chavismo.

La pregunta incómoda que emerge es inevitable: ¿hasta qué punto las Fuerzas Armadas venezolanas operaban con autonomía plena cuando la seguridad del presidente incluía personal extranjero? La admisión cubana no prueba una subordinación formal, pero sí confirma una influencia estructural inédita en la región.

Venezuela como plataforma regional

El dato adquiere mayor densidad si se lo coloca en un marco más amplio. Desde hace años, distintos reportes señalan que Venezuela funciona como espacio de retaguardia para organizaciones armadas irregulares, en particular el ELN colombiano, una guerrilla que combina discurso político con economías ilícitas vinculadas al narcotráfico. Existen abundantes registros sobre presencia territorial del ELN en suelo venezolano, control de rutas y zonas mineras, y vínculos con sectores del Estado chavista.

ELN

Cuba, por su parte, mantiene desde hace décadas una relación histórica con movimientos insurgentes latinoamericanos. En el presente, su rol más visible es el de anfitrión y garante político de negociaciones con el ELN, una situación que incluso motivó reclamos formales de Estados Unidos. La confirmación de que La Habana tenía militares custodiando a Maduro refuerza una lectura inquietante: Venezuela no solo fue un aliado político de Cuba, sino una plataforma estratégica para su proyección regional.

El derecho internacional, después del silencio

En Argentina, la diputada Karina Banfi sintetizó el impacto político del reconocimiento cubano al señalar que Díaz-Canel confirmó “las denuncias realizadas durante años” sobre injerencia militar extranjera en Venezuela, con consecuencias directas sobre el orden democrático y los derechos humanos. “Nada pasó”, escribió, y remató: “hoy el derecho internacional sufre las consecuencias”.

Banfi

No es una exageración retórica. La admisión llega tarde, cuando el sistema multilateral ya fracasó en frenar el deterioro institucional venezolano y cuando la resolución del conflicto se produjo por la vía de la fuerza. El silencio previo de organismos internacionales, frente a una intervención militar extranjera encubierta pero sostenida, explica en parte por qué el desenlace fue tan abrupto.

Un golpe doble para La Habana

La captura de Maduro no solo desarma el régimen chavista. También golpea de lleno a Cuba. Con una economía en crisis profunda y una dependencia energética estructural de Venezuela, La Habana pierde a su principal sostén externo. El propio Donald Trump lo explicitó al afirmar que Cuba “está a punto de caer” y que difícilmente pueda sostenerse sin el petróleo venezolano.

Fotogaleria Donald Trump

En ese contexto, la muerte de 32 militares cubanos en Caracas no es solo una tragedia humana: es la evidencia de hasta dónde llegó la apuesta cubana por el chavismo. Una apuesta que ahora queda expuesta, documentada y admitida por sus propios protagonistas. El posteo de Díaz-Canel, pensado como homenaje, terminó siendo otra cosa: la confirmación involuntaria de una alianza militar que durante años se negó. Y, con ella, la constatación de que Venezuela no solo fue un aliado de Cuba, sino una pieza central de su estrategia de supervivencia.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Noticias

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