Jueves 29 de septiembre, 2022

MUNDO | 09-09-2022 10:07

Los problemas de los británicos en el cambio de gobierno y monarquía

La primera ministra Liz Truss asuma en un clima de crisis económica. Las medidas que tomaría para paliar los efectos de la inflación y la suba de servicios.

En 1994, una apasionada estudiante de Oxford de 19 años, Elizabeth Truss, convocó un referéndum para abolir la monarquía británica y le dijo a una audiencia de compañeros demócratas liberales: “No creemos que la gente deba nacer para gobernar”. Casi tres décadas después, Truss, flamante primera ministra de Gran Bretaña tras ser ungida por la reina Isabel II antes de su muerte en el castillo escocés de Balmoral, cumple una odisea política, de alborotadora republicano a líder del tradicional del partido conservador.

Liz Truss, como se la conoce en Inglaterra, hace mucho tiempo dio un giro para abrazar la monarquía, y abandonó a los demócratas liberales por los conservadores. Y más recientemente cambió de bando sobre el Brexit, oponiéndose antes del referéndum de 2016 a la campaña de Gran Bretaña para abandonar la Unión Europea, y luego convirtiéndose en una ferviente evangelizadora como secretaria de Comercio del depuesto Boris Johnson. 

Su destreza ideológica (los críticos la llaman oportunista), la impulsó a la cima de la política británica. Qué tan apta es para los rigores del trabajo es otra cuestión, dadas la nefasta crisis económica que golpea al reino: al Brexit se suman los coletazos de la postpandemia y la guerra en Ucrania. Y esto se suma a un partido Tory que parece dividido entre el deseo de un nuevo comienzo y el arrepentimiento por haber desechado a su extravagante antecesor.

Perfil

Truss tiene poco del carisma de Johnson. Sin embargo escaló las filas del partido con lo que sus colegas describen como valor, empuje y apetito por la política disruptiva. Y cuando su ex jefe se metió en problemas tras una serie de escándalos, ella se posicionó hábilmente -sin romper nunca públicamente- como una alternativa de línea dura.

Liz Truss

“Está dispuesta a correr riesgos y decir el tipo de cosas que otras personas no están dispuestas a decir. A veces, eso le funciona, otras veces, la lastima”, explica el politólogo Marc Stears, que fue su tutor en Oxford. De allí que se la compare frecuentemente con Margaret Thatcher, la primera mujer primera ministra de Gran Bretaña en 1979, durante un período de dificultades económicas similares a las actuales. 

Un cuadro frente al cual, Truss llega con propuestas: su prioridad económica es reducir impuestos, una medida que, según ella, reactivará una economía estancada y ayudará a las personas con la suba vertiginosa de las facturas de energía. El equipo de Truss ha planteado la idea de reducir el IVA en un 5%, o recortar el impuesto sobre la renta para ayudar a los presupuestos familiares.

Pero existe un escepticismo considerable sobre la respuesta basada en recortes de impuestos a la crisis de los costos de la energía, que beneficiaría a los altos ingresos y no haría nada por aquellos que dependen de pensiones o beneficios. 

Planes

Truss ha recibido relativamente poco escrutinio durante la campaña para suceder a Johnson sobre sus planes para la seguridad social y la atención médica, especialmente dada la crisis en el servicio de salud y la expectativa generalizada de que las cosas empeorarán mucho en el invierno.

Liz Truss

Y existen dudas también si el recorte al presupuesto alcanzará a la obra pública que generó empleo y fue una de las banderas de la administración Johnson. 
Finalmente, los costos de la energía están atados a una agenda ecológica que se ha complicado desde que el Reino Unido, al igual que otros muchos países de Europa, reencendió sus plantas de carbón para paliar la falta de gas ruso. 

Y si bien Truss ha enfatizado su compromiso con el objetivo de carbono cero, y su equipo insiste en que se centrará en las energías renovables, los ecologistas están preocupados por sus prioridades. Truss apoya en privado nuevas perforaciones en el Mar del Norte, y ha respaldado una gran expansión de la energía nuclear en lugar de hacer esfuerzos para reducir el consumo de energía. 

Y su agenda de “halcona” incluye deportar a los solicitantes de asilo y otros inmigrantes a Ruanda, y buscar otros países que los acepten. Mientras lleva adelante una “guerra cultural” particularmente en Educación, que podría conducir a cambios en el enfoque frente a las minorías.

Exterior

Su política exterior es probable que sea más de lo mismo, dado que Truss lideró bajo Johnson la relación con la UE. Se espera un apoyo vehemente para Ucrania, y una presión al presidente francés, Emmanuel Macron, para que defina su posición de "amigo o enemigo".

Liz Truss

Truss marca además su dureza con el protocolo de Irlanda del Norte, pero con tantos frentes abiertos, podría decidir que una posible guerra comercial en su patio trasero no es lo que necesita. Truss podría activar el Artículo 16 del Protocolo, que le permite anular el acuerdo, pero al hacerlo desencadenaría un proceso de consulta popular que podría llevar a otra ruptura con aires independentistas que dañaría nuevamente al Reino Unido. 

Y la primera ministra ha dado ya pruebas de su pragmatismo en el camino que la ha puesto en el número 10 de Downing Street, la residencia oficial del primer ministro británico. El frente doméstico inglés no es sencillo. Las pequeñas empresas, especialmente las que consumen mucha energía, como pubs y restaurantes, advierten sobre cierres generalizados durante el invierno, ya que no podrán pagar sus facturas.

Y hay un número creciente de huelgas laborales: los trabajadores de todas las industrias (entre los que se destacan rubros claves como portuarios, enfermeras, maestros, maquinistas y personal del servicio de correos) exigen aumentos salariales acordes con el costo de vida. Un drama mundial que encuentra a los británicos poco tolerantes tras un lustro de sostenida caída del poder adquisitivo. 

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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