MUNDO | 18-01-2024 07:56

Sexo y poder

El escenario político, Hollywood y el jet set empresarial están siendo impactados por el escabroso “caso Epstein”.

Los biógrafos y los historiadores han llenado páginas de libros con escándalos sexuales de próceres y otras figuras prominentes de los Estados Unidos. bEl vértigo y la omnipotencia que genera el poder en cualquiera de sus expresiones, suele despertar libidos incontrolables. Por eso la política norteamericana, como es común en el mundo, está plagada de casos escabrosos de índole sexual. Aunque hasta la segunda mitad del siglo 20, los casos se conocían cuando sus protagonistas ya estaban muertos y sus biógrafos o los historiadores escribían libros destapándolos.

Con excepción de Thomas Jefferson, cuya relación clandestina con una esclava fue el primer escándalo conocido por el público en tiempo real, porque se lo usó contra su candidatura en una campaña electoral. El primer presidente fue también el primero de los mandatarios al que le descubrieron incómodos secretos de alcoba. Uno de los biógrafos de George Washington reveló que tuvo por amante a la esposa de un amigo.

Los casos de relaciones con esclavas menores poblaron el primer siglo de la historia norteamericana. Y en el siglo 19 se produjo la primera denuncia contra un presidente por violación. Lo planteó una mujer contra Grover Cleveland, quien logró hacerla pasar por loca. En el siglo 20 hubo casos que parecen de comedia cinematográfica. Como el de Warren Harding, presidente que, en los años 20, tenía relaciones con su secretaria dentro de un armario de la Casa Blanca, por si su desconfiada esposa intentaba pescarlo infraganti en una de sus infidelidades.

Otro presidente republicano, el general Ike Eisenhower, había tenido por amante a su asistente y chofer irlandesa durante la Segunda Guerra Mundial, en la que fue el principal arquitecto de la victoria aliada. En la lista de presidentes que tuvieron sexo en el Despacho Oval de la Casa Blanca, está el demócrata Lindon Johnson, descubierto por su mismísima esposa cuando estaba en pleno acto sexual con su secretaria. Y antes que aquel mandatario, otro presidente demócrata, Franklin Delano Roosevelt, tuvo durante años como amante a la secretaria de su esposa, la popular Eleanor.

Harding era republicano y ostento el récord de amantes hasta que apareció el demócrata John F. Kennedy y batió todos los records con la larga lista que encabezó Marilyn Monroe.
Pero todos esos casos, con excepción del escándalo que implicó a Jefferson, se conocieron mucho después a través de libros de biógrafos e historiadores. Los escándalos sexuales en tiempo real empezaron con el demócrata Gary Hart, quien quedó fuera de la campaña electoral para las elecciones de 1988, al descubrirse que mentía sobre una relación extramatrimonial con Donna Rice, una modelo despampanante.

Los más resonantes escándalos tuvieron por protagonista a Bill Clinton, primero cuando era gobernador de Arkansas y lo denunció por acoso la empleada gubernamental Paula Jones, y después por el resonante Caso Mónica Lewinsky, durante su segundo mandato presidencial. También Trump estuvo en el centro de escándalos que derivan en procesos judiciales, como el pago con fondos de campaña que hizo a la actriz de cine porno Stormy Daniels para que guarde silencio sobre las relaciones, también pagadas, que había tenido con ella. Ese escándalo estalló cuando ya eran más de veinte las mujeres que sumaban acusaciones contra el magnate neoyorquino por acoso y por agresiones sexuales.

Salvo las acusaciones a Trump y la denuncia que Paula Jones no pudo probar en los tribunales, los casos que aparecen en varios libros constituyen escándalos sexuales pero no delitos. Esa es la diferencia con el caso Epstein. De los mencionados en los documentos que están saliendo a la luz pública, muchos pueden haber sido clientes de los servicios sexuales que ofrecía ese magnate financiero, cobrando por ellos o adquiriendo poder extorsivo sobre sus poderosos consumidores. Y los servicios en cuestión, así como el silencio cómplice sobre ese tráfico sexual, constituyen delitos por tratarse de adolescentes.

Jeffrey Epstein, el imán que atraía a las estrellas de Hollywood, a la elite empresarial y a los políticos poderosos, se transformó en una maldición para todos los que tuvieron algún tipo de vínculo con él. Los documentos del “caso Epstein” empezaron a supurar nombres de estrellas del cine, archimillonarios, celebridades de distintos rubros y, por cierto, protagonistas del escenario político.
Ocurre que el magnate financiero era un adicto al sexo con adolescentes que convirtió su repugnante perversión en un negocio y un instrumento de poder.

Desde la primera denuncia, planteada en el 2005 por abusar de una niña de catorce años, a las que se sumaron en los siguientes años por pagarle a jovencitas menores de edad para que le hicieran “masajes” en su mansión de Palm Beach, hasta la que en el 2019 lo llevó a una prisión en Nueva York por “tráfico sexual de menores”, Epstein fue acrecentando exponencialmente sus relaciones con famosos, con millonarios y con poderosos de todo tipo.

Además del probado caso de abuso de una menor en una mansión de Epstein por parte del príncipe Andrés, hermano del actual rey británico, la erupción de los documentos derramó hasta ahora nombres como Bill Clinton, Donald Trump, Barak Obama, Leonardo Di Caprio, Tom Hanks y Cameron Díaz, entre tantos otros. Está claro que aparecer mencionado en documentos referidos a un millonario que llevaba largas décadas relacionándose con todas las elites y se sacó fotos hasta con el Papa Juan Pablo II, no prueba que se haya accedido al servicio de sexo con púberes y adolescentes que ofrecían él y su esposa, Ghislaine Maxwell. Pero salpica y mancha porque genera suspicacias y sospechas. Sobre todo en casos como el de Clinton, que estuvo en el centro de dos escándalos sexuales. La lista es una caja de Pandora que seguirá lanzando nombres que sacudirán el escenario político de los Estados Unidos.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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